EL CAIRO VOLVIÓ A BRILLAR CON UN EDIFICIO RECUPERADO
Es, sin dudas, un mito de Rosario, que trascendió las fronteras y, cuando hace dos años cerró, fueron muchos los que lo lamentaron. Y ese lamento y esa tristeza fue mayor aún, cuando siete meses atrás un incendio arrasaba lo que aún quedaba en pie de esa esquina. Muchos pensaron que era el fin del mito.
Pero mito, al fin, El Cairo anoche reabrió sus puertas, con una fiesta para invitados y autoridades y desde el viernes próximo, otra vez los rosarinos y turistas podrán tomar un café en la esquina de Sarmiento y Santa Fe. Pero ahora no sólo será un café, o una cerveza, habrá una taberna, se podrá almorzar o cenar, habrá libros –a través de la librería Homo Sapiens– y desde el año próximo actividades culturales.
Casi como una utopía –en una ciudad que se está acostumbrando a verlas concretadas– un habitué de aquel viejo El Cairo, cuando cerró, se dijo que lo iba a reabrir y anoche veía concretado su sueño, su utopía. Ese soñador es Mario D’Agostino, a quien acompañan Eduardo Rubín y Aníbal y Rubén Díaz, quienes anoche, exultantes, felices, mostraban a cada invitado el nuevo bar.
Rubín indicó a El Ciudadano que han querido “rescatar parte de la tradición de Rosario”, contó que “todos los que trabajan –20 personas– son egresados de las escuelas de cocina de la ciudad y planteó que “a partir del 2005 se organizará una agenda de actividades culturales y exposiciones”.
Ayer, el interior del local de Sarmiento y Santa Fe era una fiesta, pero nadie quería perdérsela y desde afuera cada uno que pasaba clavaba su vista en las nuevas instalaciones, hasta los vecinos del edificio ubicado enfrente miraban sorprendidos.
Y respecto a sorpresas, quien no pudo ocultarla fue Chiquito Reyes, que al ingresar soltó un “Qué me han hecho” para de inmediato señalar: “Espero que los duendes de El Cairo no se hayan ido”.
Por su parte, Roberto Fontanarrosa, a quien Chiquito Reyes calificó como el líder de la Mesa de los Galanes, ante la consulta de El Ciudadano, sostuvo: “Entiendo que sí, que la mesa podrá volver a reunirse acá”, para advertir que “es cierto que habrá que repartirse entre El Cairo y La Sede”, el actual lugar de encuentro.
Fontanarrosa calificó como “un hecho importante” la rehabilitación de El Cairo como uno de los símbolos que hacen a la identidad de la ciudad y lo relacionó con “el espíritu” que ha surgido en consonancia con el Congreso de la Lengua.
Entre los varios centenares de rosarinos que anoche estuvieron se encontraba el intendente Miguel Lifschitz, que también resaltó la recuperación del lugar, y recordó que El Cairo fue un lugar de reunión de muchos políticos rosarinos, incluso en la última dictadura. Algunos pensaban en esa Mesa de Galanes recuperada, tal vez en otra visita de Joan Manuel Serrat, quien estuvo alguna vez junto a su amigo Fontanarosa.
O a otro negro, Rafael Ielpi, escribiendo en sus mesas, o a los viejos periodistas de La Capital en sus escapadas. Y en una esquina, “los duendes” de los que hablaba Chiquito Reyes.
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