El calvario de una mujer argentina que no puede salir de Egipto
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Carolina Pavón es oriunda de Misiones, en 2002 se casó con un contador egipcio y tuvo dos hijas. Pero la relación pronto se tornó violenta y ahora la mujer se quiere divorciar y volver a Argentina pero el gobierno se lo impide porque su marido no se quiere divorciar de ella. Contó su historia por Radio 2
Carolina Ester Pavón nació en Misiones, tiene 40 años y hace 14 se casó con Mahmoud Mohamed Mahmoud Ahmed Tarfa, un contador egipcio que conoció en Alejandría. Vivieron la mayor parte del tiempo allá y algunos meses en Argentina. Tuvieron dos hijas pero la relación era violenta. Ahora Pavón está atrapada en Egipto porque Tarfa no le quiere dar el divorcio y teme perder el contacto con sus hijas. Pidió ayuda.
En contacto con A Diario (Radio 2), Carolina contó su historia. Su relación con Tarfa comenzó en 2002 en Egipto. En 2004 volvieron juntos a la Argentina y tuvieron a su primera hija. Pero no se quedaron mucho tiempo, pronto regresaron a Alejandría con la abuela materna de Carolina y entonces la violencia se profundizó. La mujer padecía alzheimer y requería la atención de la mujer lo que, según ella, enfurecía a su marido.
Pavón sufrió violencia psicológica y física. “Llegué a naturalizarlo”, reconoció. En 2013 los cuatro regresaron a la Argentina. Tarfa no encontraba trabajo y quería probar suerte en el país de su mujer. No se adaptó y volvió a Alejandría y le hizo prometer a Carolina que en diciembre, cuando las chicas terminaban la escuela, volverían también.
Pavón no lo hizo aunque sus hijas le suplicaban regresar. “No me esperé que mis hijas no se adaptaran”, señaló.
En 2015 Tarfa volvió a Argentina y la familia regresó a Egipto. Carolina veía el sufrimiento de sus hijas y no quería que como ella, crecieran sin un padre.
Las agresiones no tardaron en reaparecer y Carolina se fue de la casa de su marido. Le pidió el divorcio, pero él no se lo da.
Vive escondida en la casa de una pareja que le da alojamiento a cambio de cuidar de un anciano con discapacidad.
“Yo pido encarecidamente al pueblo argentino, mis compatriotas, y a nuestras autoridades competentes que vean la forma de poder hacer entrar en razón a la República Árabe de Egipto de que es inhumana mi situación. Que es una falta de derechos humanos completos mantenerme presa en un país sin poder trabajar y sin lugar propio donde estar, sólo por el despecho de un marido abandonado (y con razones de peso: violencia física y psicológica). Que por favor me permitan salir. Necesito pararme como ser humano, dignificar mi vida. Y ya desde afuera vería de seguir con los trámites de divorcio y derecho de visita a mis hijas. Pero ya desde una posición fuerte, segura. Con el divorcio, él pierde poder sobre mí en este país”, escribió en una carta.
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