EL CANÍBAL ALEMÁN RECHAZÓ LOS CARGOS DE ASESINATO
Armin Meiwes, el especialista en computación alemán juzgado por haberse comido y asesinado a otro hombre rechazó hoy los cargos de asesinato que se le imputan. “Consideré el homicidio como un acto de asistencia, como eutanasia, como auxilio al suicidio”, sostuvo el acusado, conocido como el “caníbal de Rotemburgo”.
“Es un hecho por el cual me tengo que justificar ante Dios y ante el mundo”, admitió. Y agregó que al examinar su expediente, se le cruzó por la cabeza que “si hubiera ido un par de años antes al psicólogo, no habría llegado tan lejos”.
Al dar comienzo el juicio en la ciudad de Kassel el 3 de diciembre pasado, el experto en computación Meiwes confesó que mató al ingeniero berlinés Bernd Juergen Brandes, lo descuartizó y comió la mayor parte de su cuerpo que conservó trozada y congelada en su casa.
El acusado insistió en que lo hizo con el consentimiento expreso de la víctima. El año pasado, cuando fue detenido por la policía, estaba buscando nuevas víctimas por medio de un anuncio en Internet. “Espero encontrar pronto una nueva víctima, la carne se me está terminando”, le escribió en un e-mail a un amigo.
La jornada de hoy será una de las más duras para el jurado de Kassel, ya que verán los videos con las imágenes del hecho ocurrido en marzo de 2001.Doce personas -tres jueces, tres miembros del jurado, tres especialistas y los abogados de la Fiscalía y la defensa así como el propio acusado- verán, a puertas cerradas, entre 90 minutos y dos horas de filmación.
Una historia escabrosa
En el juicio que empezó la semana pasada en la Audiencia Provincial de Kassel (la zona donde ocurrió el crimen), la fiscalía acusó a Meiwes por “asesinato con motivación sexual y perturbación del descanso de los muertos”, la única figura aplicable en Alemania para el canibalismo. La defensa, en cambio, planteó un “homicidio a pedido (de la víctima)” y apoyó su argumentación en el testamento de la víctima: el hombre consignó allí que se sometía voluntariamente al ritual caníbal.
Su declaración comenzó con una descripción de su niñez, época a la cual se remonta su atracción por el canibalismo. Según contó, cuando tenía entre 8 y 12 años fantaseaba con descuartizar y comerse a compañeros de colegio que le gustaban particularmente.
Meiwes explicó que vivía sólo con su madre y que se sentía abandonado, por lo cual tenía fantasías de tener un hermano menor. Contó que esas fantasías, que lo excitaban sexualmente, eran el origen de sus deseos caníbales. “Rubio y delgado, ese hubiera sido el tipo”, describió ante los jueces. “Franky” era como llamaba a su “hermanito” imaginario, a quien soñaba comer para “meterlo” en su cuerpo.
El fiscal Marcus Koehler dijo a la prensa que Meiwes había relatado que luego de la muerte de su madre, en 1999, empezó a trabajar para realizar ese “ardiente deseo” que tenía. Así publicó un aviso en Internet, pidiendo candidatos. Cinco personas le respondieron, pero a tres las descartó porque sólo querían jugar, a otra la dejó de lado porque era gorda y no le gustaba y la quinta se echó atrás a último momento.
Por fin apareció Bernd Juergen Brandes, ingeniero berlinés de 43 años, quien se ofreció a ser devorado en vida, según el acusado. El 10 de marzo de 2001, la víctima viajó a la casa de Meiwes en Rotenburgo. Se encerraron en la bohardilla, preparada para el caso, y empezaron.
Según Meiwes, Brandes tomó 20 tabletas de somníferos y media botella de aguardiente. Luego el acusado le cortó el pene, procedió a asarlo y a comerlo junto a su víctima. Unas diez horas después, el hombre se desmayó por la pérdida de sangre y el procesado lo degolló con un cuchillo. Enseguida lo descuartizó y guardó los restos en el freezer para ir comiéndolos trozo a trozo en los días posteriores.
“El descuartizamiento me causó placer, pero el momento de la muerte fue terrible”, dijo Meiwes. “Durante el acto sentí odio, rabia y felicidad a la vez. Toda mi vida había deseado esto”.
Meiwes fue detenido cuando un estudiante descubrió un nuevo aviso en Internet, donde pedía más voluntarios, y lo denunció. Su casa fue allanada y se hallaron cuatro bolsas de plástico con restos humanos en el congelador y varios huesos y un cráneo enterrados en el jardín. Un médico lo revisó y determinó que sus facultades mentales están intactas, por lo que ahora podrían condenarlo a 15 años de prisión.
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