EL CARDENAL MARTINI ADMITE EL PROFILÁCTICO COMO MAL MENOR
En una apertura que suscitará polémicas dentro de los sectores más conservadores de la Iglesia Católica, el prestigioso cardenal italiano Carlo Maria Martini admitió la legitimidad del uso del preservativo como un “mal menor” en la lucha contra el flagelo del sida.
“Hay que hacer de todo para contrastar el sida, y ciertamente el uso del profiláctico puede constituir en ciertas situaciones un mal menor”, dijo el ex arzobispo de Milán en un largo “Diálogo sobre la vida” sobre diversas cuestiones que mantuvo con el famoso cirujano católico italiano Ignazio Marino, publicado ayer en el semanario L´Espresso.
Jesuita, de 78 años y uno de los máximos expertos biblistas del mundo, que desde que dejó la diócesis de Milán, en 2002, vive en Jerusalén, donde sigue estudiando las Sagradas Escrituras, Martini habló de la situación “particular” de una pareja casada, en la cual uno de los dos cónyuges está infectado por el sida. “Esta persona está obligada a proteger a su compañera, y ésta también debe poder protegerse”, dijo el purpurado, famoso por ser un refinado intelectual de posiciones progresistas.
“La cuestión, sin embargo, es si conviene que sean las autoridades religiosas las que hagan propaganda de tal medio de defensa, dejando que los otros medios moralmente sostenibles, incluida la abstinencia, sean puestos en segundo plano, mientras se corre el riesgo de promover una actitud irresponsable”, agregó.
“Una cosa es, por lo tanto, el principio del mal menor, aplicable en todos los casos previstos por la doctrina ética, y otra, el sujeto al que le toca expresar tales cosas públicamente”, sostuvo. “Creo que la prudencia y la consideración de las diversas situaciones locales permitirá a cada uno contribuir efectivamente en la lucha contra el sida, sin que esto favorezca comportamientos no responsables”, concluyó.
Signo de apertura
La “apertura” de Martini, que se convirtió en el primer cardenal italiano “de peso” que admite el uso del preservativo, tuvo gran repercusión en la península, donde los principales diarios pusieron la noticia en sus primeras planas, y varias asociaciones homosexuales elogiaron las “valientes” palabras del cardenal.
Martini, sin embargo, no es el primer alto prelado que se pronuncia en favor del condón como mal menor, un tema que provoca grandes divisiones entre obispos y sacerdotes. En febrero de 2005, el cardenal George Cottier, de nacionalidad suiza y entonces teólogo de Juan Pablo II, manifestó que, aun sosteniendo que “la vía mejor para contrastar el contagio sigue siendo la castidad y la educación”, el uso del preservativo podía ser considerado legítimo en situaciones especiales.
Antes que él, el cardenal belga Godfried Danneels, en una entrevista, había dicho que, aunque hay que evitar relaciones sexuales con alguien seropositivo, si se hace, debe usarse el condón “para no desobedecer el mandamiento que condena el homicidio”. Mientras que el cardenal británico Cormac Murphy O´Connor, arzobispo de Westminster, se manifestó en sintonía con su colega de Bruselas, muchos prelados del continente africano se pronunciaron de la misma forma, así como diversos organismos de las conferencias episcopales de Estados Unidos, Francia, Brasil y España.
Al tocar el conflictivo problema de los embriones congelados destinados a morir, Martini también sorprendió al admitir la posibilidad de que mujeres solteras puedan adoptarlos, con tal de evitar su destrucción. “Me parecería éticamente más significativo inclinarse hacia la solución que permite a una vida expandirse, más que dejarla morir, pero comprendo que no todos pensarán lo mismo”, sostuvo el cardenal, que opinó que “la inserción de tales embriones en el seno de una mujer, también soltera, parecería preferible a la pura y simple destrucción”.
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