EL "CASO GRASS" ENFRENTA OTRA VEZ A ALEMANES Y POLACOS
Justamente Günter Grass, uno de los principales impulsores de la reconciliación entre Alemania y Polonia, desató al confesar su militancia en las Waffen SS un nuevo distanciamiento entre estos dos vecinos de relaciones difíciles.
Con una carta dirigida a los ciudadanos de su natal Gdansk, el Nobel de Literatura intentó ayer reparar el daño provocado por su tardía y sorprendente confesión, 61 años después del final de la Segunda Guerra Mundial: “Mi silencio puede considerarse un error y, como sucede actualmente, puede condenarse”, escribió Grass en una carta dirigida al alcalde Pavel Adamowicz.
Con sus disculpas, el autor de El tambor de hojalata logró ablandar a Lech Walesa, ex presidente y ex líder del sindicato Solidaridad, quien exigía que Grass dejara la ciudadanía de honor o bien amenazaba con hacerlo él. “Las explicaciones del escritor me convencieron”, declaró ayer Walesa. “No tiene que disculparse por haber sido manipulado de joven”, agregó, aclarando que “mejor tarde que nunca”. El asunto será tratado el 31 de agosto próximo en el concejo municipal de Gdansk.
La invasión nazi está lejos de borrarse de la memoria colectiva de los polacos, un país arrasado donde todas las familias tuvieron muertos que llorar. Además del “caso Grass”, una exposición sobre las deportaciones en Europa en el siglo XX despertó la ira de muchos polacos. La muestra Caminos forzados, inaugurada hace unos 15 días en Berlín, se interpreta como un primer paso hacia la construcción de un monumento o centro de homenaje a los deportados alemanes.
“Se trata de un proyecto malo, muy inquietante y muy triste”, consideró el premier polaco, Jaroslaw Kaczynski. “No hay que olvidar quién fue el criminal y quiénes las víctimas”, agregó.
Mientras el antiguo gobierno del socialdemócrata Gerhard Schroeder se distanciaba de la idea de recordar a los deportados en un memorial, el ejecutivo de la cristianodemócrata Angela Merkel se muestra más comprensiva con sus reclamos.
“El Holocausto es único y Alemania es consciente de esta responsabilidad. Pero eso no quita que tengamos presente otros aspectos de la historia. Pido comprensión sobre este punto”, declaró Merkel esta semana.
También despierta recelo la firma por parte de Schroeder de un contrato para construir un gasoducto que une Alemania y Rusia por el Mar Báltico, excluyendo a Polonia. La mala imagen de los conservadores mellizos (el premier Jaroslav y el presidente Lech) Kaczynski en Alemania, donde fueron caricaturizados por la prensa, tampoco ayuda a recomponer las relaciones entre los dos gobiernos.
La noticia de la militancia en las Waffen SS de Günter Grass (cuya difusión estaba pactada desde abril pasado con el diario Frankfurter Allgemeine) agrega ahora asperezas a las relaciones entre Polonia y Alemania. Los comentaristas polacos aseguran que el caso Grass podría incluso servir para que el Partido Derecha y Justicia de los mellizos Kaczynski y sus aliados de discurso nacionalista, antirruso y antialemán puedan quedarse con la intendencia de Gdansk en las elecciones municipales de septiembre próximo.
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