EL CASO SANDRA CABRERA LLEGÓ A LA LITERATURA
Cualquier persona atenta a las noticias de la ciudad conoce la historia, pero en este caso se trata de una autora que va a escribir una novela sobre un escritor maduro y una estudiante adolescente. Esa joven, que narra en primera persona y dice “yo” es Sandra Cabrera. Y la escritora detrás de la escritora de la ficción es Alma Maritano, quien pensaba presentar pasado mañana, Día Internacional de la Mujer, su novela Las bufonas, basada en la vida y la muerte aún irresuelta de Cabrera, principal impulsora de Ammar, el sindicato de las meretrices, quien fue encontrada muerta con un tiro en la nuca el 27 de enero de 2004 en la zona de la terminal de ómnibus.
Las bufonas es una ficción, una novela de alrededor de doscientas páginas cuyo punto de partida es la historia de Sandra Cabrera, pero ¿en qué aspectos pensó la escritora Alma Maritano que debía ceñirse a “los hechos”, según la expresión con la que vulgarmente periodistas y policías se refieren a la compleja trama que termina en un crimen?
“Las intenciones fueron varias –responde la escritora–: testimoniar un crimen impune; testimoniar el estado de impunidad general al respecto. También, mostrar que la corrupción y la prostitución se ejercen y se han ejercido en todos los niveles de la sociedad; está instalada en los lugares de poder, a lo largo de la Historia. Además, reflexionar sobre el tironeo del escritor que ante determinado estado de cosas de su entorno no puede sustraerse al ejercicio de un tipo de escritura-documento, aún cuando esté «novelada», porque si no lo estuviera el mismo escritor no encontraría ningún placer en reproducir textos periodísticos sacados de crónicas policiales”.
Después de haber consolidado un prestigio que se multiplica en las escuelas con El visitante o Trenzas y vaqueros, llega este libro. ¿Cómo llegó al tema? ¿Qué de toda esa historia le pareció que requería de la ficción y por qué?, escucha Maritano las preguntas de El Ciudadano.
“La intención también era retomar un tema que vengo tratando desde hace mucho, el del modo que tiene el poder, el establishment, de publicitar, promocionar, recompensar, pagar, etcétera, cuestiones que tienen que ver con el consumo, y que pasan principalmente por el sexo y el dinero, apetencia del poder mismo que debe generar, para sostenerse, la misma apetencia en la sociedad, un círculo vicioso imparable”, responde la autora.
La primera vez que Maritano abordó el tema “específicamente”, según señala, es en Como perros perdidos (Colihue, 2001), una historia ambientada en Rosario de habitantes de los márgenes del mundo adulto que se resisten a integrarse a él, tal vez porque no han recibido señales de bienvenida, según reza la contratapa del libro. “Casualmente”, subraya Maritano, cuando apareció esa novela apareció en un suplemento de Página 12 una nota sobre la organización de Ammar de Buenos Aires, con testimonios particulares de prostitutas. “Allí empecé a documentarme sobre el tema, aunque todavía de modo insuficiente y superficial”.
—¿Por qué el recurso de la ficción en esta historia sobre Sandra Cabrera?
—Creo que esta historia de Sandra en particular requiere de la ficción, en la misma medida que cualquier otra, porque lo que se “sabe” es mínimo. La literatura ha mostrado que la intuición de alguien que escribe pone muchas veces de relieve zonas muy escondidas e ignoradas de la realidad. Aquí, en ésta, hay zonas no sólo oscuras, como en cualquier otra, sino “oscurecidas” a propósito, según los intereses tanto de los que detentan el poder como de las propias compañeras, que utilizan muchas veces el silencio como defensa propia.
—¿Cuándo le pareció que convenía ceñirse a los datos reales?
—Hay aspectos en que, efectivamente, creo necesario no silenciar los “hechos”, sino tratar de dar varias versiones de ellos, a modo de “conjeturas” sobre el cómo, el quién y el por qué, ya que es una causa no resuelta y, seguramente, ya cerrada. La “ficcionalización” intenta abrir posibilidades, “iluminar” rincones oscurecidos a propósito. Por supuesto, jamás podría iluminarlos de verdad, porque no sé en absoluto cómo ocurrió todo, pero pretendo que alguien al leerlo piense o deduzca o reflexione junto conmigo, acerca de posibles móviles y posibles ejecutores. Está claro que no hago más que conjeturar, y de un modo seguramente torpe, ya que mi entorno está demasiado alejado del escenario en el que se mueven los personajes concretos, pero eso está también declarado con franqueza en el texto.
—¿Por qué llevar esta historia a la literatura?
—No creo que la literatura tenga que hacerse cargo de nada, sólo de las ganas del autor de escribir sobre determinado tema. Éstas eran mis ganas, nada más. Vaya a saber además por cuántos motivos (conscientes e inconscientes) me he compenetrado tanto de esta historia, sin hablar de que la manipulación hecha a todo nivel del tema femenino me ha preocupado siempre, aún en lo que he escrito para chicos.
—¿Cómo se documentó para escribir Las bufonas?
—Me documenté mucho, aún cuando en el texto esté la décima parte de lo que registré. Fui a San Juan, hablé con la familia de Sandra Cabrera allá, fui durante muchas tardes con mi notebook al estudio de María Eugenia Caggiano (abogada patrocinante de Ammar) para copiar la causa casi entera, y finalmente frecuenté la oficina de ATE (donde el sindicato de meretrices tiene una dependencia) hasta lograr establecer una fluida relación con las integrantes de Ammar. Ayer, por ejemplo, una de ellas, Claudia Lucero, vino a que yo le mostrara las primeras páginas de la novela. Yo tenía esa preocupación importantísima para mí: ¿cómo la verían ellas? Considerando el escaso nivel cultural de la mayoría, una novela “literaria”, ¿cómo sería recibida? ¿Se desilusionarían, al no encontrar los sucesos “desnudos”? ¿Encontrarían mucho palabrerío inútil o delirante? Mientras almorzábamos, le leí a Claudia esas primeras páginas y tuve la satisfacción de “sentir” su emoción y su entusiasmo. Esto no quiere decir nada, sólo es importante para mí que hubiera esa receptividad.
Este contenido no está abierto a comentarios

