EL CHAT, UNA OPCIÓN CADA VEZ MÁS INSEGURA
En los últimos meses trascendieron varios casos de espionaje informático que dieron pie a acciones judiciales. Dos de ellos ocurrieron en la Argentina.
El primero de los casos tuvo como protagonista a un joven de 17 años, que en el marco de una conversación vía chat le comentó a un amigo que iba a comprar “porros” (cigarrillos de marihuana). No mucho tiempo después, la Justicia les notificó a sus padres que lo investigaban por consumo de estupefacientes.
Un caso similar trascendió un año atrás, cuando una mujer confió los detalles de sus encuentros con un amante a una amiga a través del Messenger (MSN), el más popular programa de chat, que pertenece a la gigante Microsoft.
La confesión de la mujer fue revelada días más tarde a su marido, quien recibió un correo electrónico cuyo enigmático remitente era [email protected], en el que se transcribía las conversaciones de su esposa en el MSN.
Aunque el mensaje fue el determinante del desencadenamiento del divorcio del matrimonio, el contenido de aquella conversación por chat nunca pudo ser usado en el juicio por tratarse de una “prueba ilegítima” para la Justicia.
Más allá de los casos con implicancias judiciales, el reconocimiento de espías informáticos es una realidad habitual para los internautas argentinos. La aparición de contactos sin autorización y el envío de mensajes que nunca fueron escritos por el legítimo remitente son lugares comunes en el ciberespacio.
La mejor manera de intercambiar información confidencial segura, aunque se trate de una charla de café, es hacerlo mediante encriptación. Así, los usuarios podrán enviarse “paquetes” de datos seguros vía MSN sin temer a que alguien los esté espiando. Con una aplicación conocida como Pretty Good Privacy (PGP) los usuarios domésticos podrán encriptar fotos, archivos y hasta carpetas y discos completos. Aun así, el desarrollo en seguridad sube por la escalera y el espionaje lo hace por el ascensor.
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