"EL CHE GUEVARA FUE UN HÉROE HUMANO"
Debajo de la gorra de béisbol, de la mata de pelos entrecanos tirando a sucios y desprolijos (desprolijos de verdad, no cuidadamente), de la barba de un par de días, de la piel como agrietada, de las ojeras, de los dientes amarillentos y de la voz que sale como un apenas comprensible murmullo afónico, yace un galán de cine.
Eso. Tal cual. Un hombre por el que mueren las mujeres de todo el mundo, y especialmente las que deliraban al verlo durante el Festival de Venecia. Pese a esa descripción, Benicio del Toro merece la categoría. No pregunten cómo, pero hay algo de rufián melancólico, de tierno vagabundo, de perdedor solitario, que lo hace encantador, intrigante, hasta fascinante, en la tradición de Marlon Brando, Sean Penn y el Mickey Rourke prequirúrgico.
Como ellos, se trata de un intérprete que, cuando quiere, puede ser excepcional. Y en 21 gramos, que se estrena mañana, aporta otra de esas actuaciones indelebles que se registran en la memoria para siempre.
El actor que surgió a la fama en Los sospechosos de siempre y que luego confirmó su talento con el Oscar como mejor actor de reparto por Traffic, y con papeles en películas como Basquiat, Miedo y asco en Las Vegas y Snatch, vuelve a salir a la luz en esta película del director de Amores perros, Alejandro González Iñárritu, en la que comparte cartel con Sean Penn y Naomi Watts, quienes entregan dos actuaciones igualmente descarnadas. Aquí, él interpreta a Jack Jordan, un ex presidiario y alcohólico, reconvertido en pastor, que se ve involucrado en un accidente en el que mueren tres personas.
Del Toro —nacido en Santurce, Puerto Rico, hace 36 años, pero criado desde los 13 en Pennsylvania— es de los que hablan español con un innegable acento inglés, y utiliza un variopinto spanglish que lo hace aún más incomprensible. Así que pasar al inglés resulta una decisión mutua. Igual, entenderlo seguirá siendo difícil en cualquier idioma.
21 Gramos es una película particularmente intensa. ¿Fue tan intensa de hacer como lo es de ver?
Sí, lo fue. Pero todas las películas son experiencias intensas, todas son difíciles y duras. Esta lidia con emociones muy fuertes y tenés que ponerte en esa situación emocional. Hice películas más duras desde lo físico, pero ésta lo fue en lo emocional.
¿Qué fue lo más complicado?
Encontrar los momentos de cambio del personaje. Cambiar es un proceso que se logra de a poco y había que encontrar cómo mostrar su proceso. Descubrir cuál es su encrucijada. Asegurarte también que estás trabajando en la misma dirección que el director, que tus elecciones son similares a las suyas, porque si eso no funciona, no hay nada.
Tu personaje trata de reintegrarse socialmente a través de la religión. ¿Cómo es tu relación con lo religioso?
No soy una persona religiosa. Creo en la existencia de un Dios, en algo mayor que yo, que vos, que este edificio, pero no en una religión organizada. El tipo de religión de Jack es algo muy norteamericano: el cristiano renacido. Pero no creo que los Estados Unidos sean un país religioso. Allí la única religión es el trabajo.
¿Fue diferente trabajar con un director latino, mexicano en este caso?
No, nada diferente. Había visto Amores perros y me interesó mucho. Cuando me mandó el guión, me encantó. El es muy claro con lo que quiere. Un buen cineasta es un buen cineasta, no importa de donde sea o en qué idioma hable. Un buen cineasta entiende que una película es una colaboración entre mucha gente, le gusta explorar. Lo demás, es sólo una cuestión de acentos.
Pero la película no tiene el clima ni la textura del más típico cine norteamericano. ¿A qué lo atribuís?
Es una mezcla de el Método norteamericano de actuación con un estilo de película a la europea. Coincido que no es una típica película de estudios. Es otra cosa, una combinación interesante.
Estudiaste con Stella Adler, una representante del “método” de actuación. ¿Te considerás un actor del método?
Soy mi propio método. Cada uno tiene su propio método. Stella no era “método”, igualmente. Ella trabajaba de una manera personal. Te instigaba a usar tu imaginación, apoyarte en tus experiencias y crecer a partir de eso.
Tu relación con Sean Penn viene de hace tiempo. ¿Qué es lo que te gusta de trabajar con él?
Es uno de los actores mas generosos con los que trabajé. Le encanta actuar, lo viene haciendo hace muchos años.
Las experiencias de vida de Benicio (Beno es su apodo familiar) son lo suficientemente duras como para explicar buena parte de su estilo. Hijo de padres abogados y con un hermano, Gustavo, dos años mayor, vio su vida cambiar de golpe a los nueve años cuando su madre murió, víctima de una hepatitis crónica. “Fue el momento más fuerte de mi vida —dijo alguna vez—. Mi mamá era el cielo y las estrellas”.
Al poco tiempo, la familia se reubicó en Pennsylvania y allí, en plena adolescencia, tuvo que hacer frente a la soledad y extrañeza del nuevo paisaje. Fue allí que, dice, se redescubrió a sí mismo, aprendió a disfrutar de la soledad y empezó a pintar. Era miembro del equipo de básquet de la escuela (mide casi 1,90), pero sus calificaciones eran pésimas. Tampoco tuvo suerte cuando decidió mudarse a San Diego para estudiar negocios. Pero allí descubrió otra cosa: las clases de teatro. De ahí en adelante, su vida ya no iba a ser la misma.
Sus contemporáneos dicen que, de los alumnos del Conservatorio de Stella Adler, era el que más se destacaba. Pero, sin embargo, le costó encontrar buenos trabajos. El hecho de ser latino, admite, no lo ayudaba. “Estás más limitado —dice—. A veces sentía que si me cambiaba el apellido podría tener más suerte, pero entonces no sería yo mismo”.
Varios de sus proyectos, ahora, están ligados a lo latino. Uno de ellos es dirigir una adaptación al cine de la novela del extravagante periodista Hunter S. Thompson, The Rum Diary (Diarios de ron), que transcurre en Puerto Rico. “Quedamos muy buenos amigos con Hunter después de Miedo y asco… —dice—. Hablamos hace mucho tiempo de esto como un proyecto para dirigirlo yo, pero temía hacerlo porque nunca dirigí una película. Tiempo después, me llama y me dice (imita el peculiar tono del escritor): ‘Tengo una buena noticia. Quiero que dirijas Rum Diary. ¿Sabés por qué? ¡Porque nunca dirigiste una película! ¡Ja, ja!’ El libro me encanta. Lo que es seguro es que si la dirijo no voy a actuar”.
¿Por qué?
Porque hacer una película toma dos años de tu vida. Implica un compromiso fuerte, y no quiero hacerlo a medias. Si lo voy a hacer, quiero hacerlo bien y no preocuparme por la actuación.
¿Pero te ves como director?
Lo haría si me dieran total control creativo. Como actor, hacés lo que hacés y lo ponés en manos de otra gente que hace lo suyo y modifica el proceso. Que un estudio te entregue el control de una película cuando nunca dirigiste es difícil. Y sin ese control, no la hago. Igual, en este momento mi prioridad es actuar. Y estoy trabajando en esto del Che…
Esto del Che no es otra cosa que su soñado proyecto de llevar al cine la vida de Ernesto “Che” Guevara, que viene desde que, en 1997, compró los derechos de A Revolutionary Life, biografía escrita por el periodista norteamericano Jon Lee Anderson. El asunto había estado en silencio por un tiempo hasta que, unos meses atrás, resurgió con el anuncio de que sería dirigido por el célebre Terrence Malick, el de La delgada línea roja.
¿En qué situación está “esto del Che”?
Estamos buscando dinero. Es lo más difícil de todo en este negocio. Es una película muy cara. Me gustaría que el cine fuese como la pintura, pero no lo es. Es una inversión: te dan dinero y lo quieren de vuelta. No te lo dan porque les gusta el arte.
¿Qué fue el Che para vos?
(Largo silencio) Un hombre.
¿Sólo un hombre?
En el significado más profundo de la palabra hombre. Es difícil decir qué significa para mí el Che. He pensado en esto desde hace mucho tiempo, pero siempre llego a la misma conclusión: el Che fue un héroe humano.
¿En qué sentido?
No sé cuánta gente entiende lo que quiero decir, pero Terry (por Malick) lo hará. El Che es un producto de la cultura de los 60. Si sacás esa década, todo sería muy diferente. Es el producto de una generación. Pero también era un ser humano y es importante mostrarlo en todas sus dimensiones. Podés hacerlo como héroe o como villano, pero no tengo dudas de que siento un gran respeto por él y por lo que peleó. Fue un defensor de la gente común.
¿Tan caro es financiarlo?
No tanto, pero las cámaras no crecen de los árboles, el tiempo de la gente cuesta. Es una película con muchas armas, uno quiere que sea fiel a la época. Queremos hacerla bien y que nos ayuden. Ojalá se pudiera hacer gratis.
Apurate porque no te quedan muchos años para interpretarlo…
Todavía me quedan algunos, todavía me quedan…
Este contenido no está abierto a comentarios

