EL CHICO ACUSADO DEL DOBLE CRIMEN EN FUNES DECLARA HOY POR PRIMERA VEZ
A partir de las 16 el señalado como protagonista principal de la tragedia en el chalé de la familia Adorna pronunciará su versión de lo ocurrido allí el sábado a la noche. El esperado testimonio de Tulio Adorna podrá servir para orientar la investigación. Se intentará explorar sobre sus motivaciones, su estado físico y emocional de ese momento, la conducta desplegada, la historia familiar, la posibilidad de un detonante, el manejo de las armas, el comportamiento de los otros durante aquellos instantes infernales. Que se encuentren respuestas para aclarar parte de este complejo enigma es apenas una posibilidad.
Solamente cinco personas escucharán a Tulio cuando empiece a hablar esta tarde en los Tribunales: el juez de Menores Nº 2, Juan Leandro Artigas; la fiscal Alicia Donni de Donatti; el secretario penal del juzgado, Daniel Papalardo; el asesor de menores, Leandro Corvalán y el abogado defensor del chico, Jorge Bedouret.
Alrededor de las 22 del sábado pasado, Alberto Adorna, de 50 años, y su hijo Germán, de 16, murieron tras recibir dos disparos en la cabeza de un arma calibre 22. Fue en la casa de Funes de San José 2432, donde también resultaron heridas Catalina Dártoli, de 80 años y Alicia Travagliante, de 49, madre y esposa de Alberto, respectivamente. Nadia, la hija mayor, resultó ilesa. Leandro, hermano mellizo de Tulio, estaba en un cibercafé. Tulio fue detenido doce horas después por la Brigada de Homicidios, a cuyos hombres se les encargó llevar el sumario preventivo.
Emocionalmente estable
El lunes pasado Tulio, de 17 años, se abstuvo de declarar por consejo de su abogado, quien le sugirió que lo hiciera cuando se sintiera con deseos. Ese día el chico tuvo un encuentro con el psiquiatra forense Carlos Elías, quien comenzó una indagación sobre el estado psíquico del chico, que todavía es absolutamente preliminar.
“Es absolutamente falso que se diga que el chico es imputable en este momento inicial de la pericia psicológica”, dijo anoche Elías a La Capital. La declaración de imputabilidad no depende del cuerpo de psiquiatría forense sino del juez. Los médicos son auxiliares que a partir de sus estudios simplemente aconsejan sobre la situación clínica de las personas a las que se les abre una causa.
“El chico está emocionalmente estable, porque de otro modo estaría internado y no en un lugar de detención. Pero ni siquiera empezó la secuencia de análisis que demanda el proceso”, sostuvo Elías. “No llegaron las pruebas de laboratorio ni la rinoscopía, aún no se realizaron las entrevistas previstas. En el futuro pueden incluso ordenarse prácticas complementarias -como tomografías, exámenes neuroquímicos o resonancias magnéticas- pero eso ni siquiera está planteado. “La definición de un juicio de imputabilidad no puede salir ligeramente”, agregó el forense.
Los resultados de la autopsia destacan que las balas que mataron a Alberto y Germán Adorna no generaron ahumamiento en el cuerpo. El ahumamiento es una aureola que queda tatuada en la zona en la que penetra el proyectil solamente cuando el disparo se hace a muy corta distancia.
Significativa eficacia
Esto propicia varias inferencias lógicas. La primera es que Tulio gatilló no a mínima distancia y que lo hizo con manejo de puntería. Que la puntería fue muy afinada se refuerza en el hecho de que no se hayan recogido indicios de más de dos disparos en la dirección en que se encontraban su padre y su hermano menor. Como la pistola Bersa 22 con silenciador es pesada y tiene alta reacción, efectuar dos tiros certeros y mortales exige del tirador una gran capacidad de coordinación psicomotriz: primero para sostenerla y después para manejar el efecto de retroceso del arma.
Lograr todo ese manejo, medido por la eficacia de la acción, requiere una gran habilidad y dominio corporal que alguien obnubilado por la ingesta de estupefacientes es casi imposible que pueda alcanzar. Aunque hay que esperar el resultado de las pericias, toda la secuencia desafía la idea de un accionar bajo el uso de drogas. Efectuar dos tiros letales a la cabeza sugiere también que el chico sabía usar esa pistola, ya que no cualquiera puede utilizar con tanta eficacia ese tipo de arma -que no es de manipulación sencilla- si no la conoce.
Si se conjetura que Tulio estaba bajo efecto de drogas, una investigación que busca establecer la verdad del hecho no debe descartar que las víctimas también lo estuvieran. En ese sentido, la investigación puede ordenar análisis bioquímicos de las víctimas que murieron. La sangre y las vísceras están preservadas en el Instituto Médico Legal. Para ordenar exámenes semejantes de los demás familiares que estaban en la casa debió intervenir la fiscal. El juez de Menores no puede pedir exámenes sobre personas que no están imputadas. La fiscal no pidió medidas hasta ahora.
El destino de Tulio luego de que preste declaración es otra cuestión a despejar. Hasta que declare permanecerá en la Brigada de Homicidios, un lugar no idóneo para alojar menores, que ni siquiera tiene penal. La intención de la defensa es transferirlo a un instituto de rehabilitación de adictos o a alguna clínica psiquiátrica. Pero para eso necesitaría custodia personal que el juzgado debería autorizar. De otro modo, su destino debería ser el de cualquier menor de la zona de Rosario que está acusado de un delito: el Instituto de Recuperación del Adolescente (Irar) o el Centro de Atención en Tránsito (CAT) de Dorrego al 900.
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