El Ciclón empezó a desdibujarse
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El sueño de la Triple Corona invita a tomar decisiones, determinaciones que más tarde los resultados se encargarán de afirmar e imponer como una verdad absoluta o terminarán por exponer al técnico, como siempre sucede en el alocado e impaciente fútbol argentino. Fue concreto desde un comienzo el entrenador Juan Antonio Pizzi, que no ocultó cuál sería la idea para que San Lorenzo fuera protagonista en el torneo Inicial , la Copa Sudamericana y la Copa Argentina . La fórmula elegida por el santafecino es rotar los apellidos para entregarles frescura e intensidad a los intérpretes de la propuesta, ésa que para ser avasallante necesita de futbolistas con reservas físicas. El concepto que no negocia el técnico es el dibujo táctico. El 4-2-3-1 está instalado con firmeza por Pizzi , que mueve a las piezas de un partido a otro, aunque en este tramo del calendario lo que era esperanza en San Lorenzo se fue convirtiendo en decepción. Anoche, la caída 3-2 frente a Quilmes le generó la segunda derrota consecutiva en el torneo local, la tercera en serie si se contabiliza el tropiezo con River, por la Sudamericana. En este sube y baja, en donde el que ayer era el mejor ahora es el culpable, Pizzi fue perdiendo crédito.
Camina por un sendero que se angostó abruptamente Pizzi, el mismo que conquistó a los hinchas con éxitos y desde hace unos días observa que aquellos que lo aplaudían le están dando la espalda. El doble comando que forman Mercier y Ortigoza -que no está físicamente en su mejor versión- prácticamente no resiste retoques en la concepción del entrenador. Ellos sostienen a los encargados de generar juego en ataque, y también son los que deben realizar los relevos. El resto gira como un carrousel, se mueve de la cancha al banco de los suplentes.
Argentinos, River y ahora Quilmes encadenaron abruptos movimientos, algunos que causaron cierto descontento. Para jugar en el Sur, la lesión del arquero Cristian Álvarez le simplificó una decisión que se imponía, después de que el guardavalla fuera resistido por los hinchas, quienes le apuntan su responsabilidad en el gol de River en la Sudamericana. La posición de Buffarini es otra cuestión que abre un debate. Con Quilmes jugó como lateral, una función en la que se siente incómodo, como lo manifestó abiertamente cuando Caruso Lombardi dirigía al Ciclón. "Creo que tenemos que corregir las jugadas con pelota parada, es algo que nos está costando", fue la crítica que ensayó el volante. Tres de los últimos cuatro tantos que recibió San Lorenzo fueron por esa vía.
Donde más alternativas maneja Pizzi es en el ataque, ahí tiene material para elegir entre los juveniles que él mismo se encargó de promover y aquellos jugadores que con experiencia marcan el camino. Cauteruccio es el referente en la delantera, aunque detrás del goleador aparecen las variantes que ensaya el técnico. Piatti o Romagnoli para administrar, Correa y Verón para desequilibrar con habilidad y en velocidad. El sistema, sin embargo, deja al descubierto que el juego de Verón se destaca más y es más funcional al equipo cuando acompaña a Cauteruccio y no empezando las jugadas desde más atrás, con más metros por recorrer y más piernas que sortear.
Las decisiones, buenas o malas, que llevaron a Pizzi a posicionar a San Lorenzo como el único equipo grande con posibilidades de pelear por la Triple Corona, son las mismas que ahora dejaron al entrenador en un lugar incómodo, dependiendo más de los resultados que de la propuesta que desea imponer.
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