EL CICLÓN PEIRONE ARRASÓ SIN PIEDAD
Quién iba a imaginarse un cierre de campaña como el que se dio en el agobiante mediodía de ayer en el Gasómetro? ¿Quién iba a imaginarse que el goleador tan buscado no estaba afuera sino en Boedo? ¿Quién iba a imaginarse a un San Lorenzo tre-men-do, despojado totalmente de sus prejuicios y de sus temores, bien distinto al que deambuló en las últimas fechas? ¿Y quién iba a imaginarse a un Racing tan demacrado después de encadenar cinco triunfos en cadena y de la confirmación de Guillermo Rivarola como director técnico?
Muy pocos imaginaban que el clásico iba a desarrollarse de la manera en que se dio. Pero el fútbol, afortunadamente, suele desactivar cualquier preconcepto. Por eso no debería extrañar que San Lorenzo haya arrasado a Racing. Fue 4 a 1, pero la diferencia bien pudo ser mucho más amplia.
Ninguno se pareció al de los últimos tiempos. San Lorenzo salió envalentonado desde el vamos, con ganas de cerrar el año con una alegría clásica. Poco pareció afectarlo el intenso calor. Porque los chiquilines, Pablo Barrientos, Adrián González, Romagnoli, Lavezzi y Hernán Peirone no pararon de escurrirse, de asociarse.
Racing tampoco fue el que supo ser tras el alejamiento de Fillol. La defensa no defendía, los mediocampistas estaban desorientados y los de arriba desconectados. Para destacar, apenas, la dinámica de Sebastián Romero y algunas gotitas del talento de Angel Morales.
A los 21 fue la primera de las tres apariciones mortales de Peirone: asistencia larga de Lavezzi para el cordobés y definición de zurda ante la inútil marca de Grabinski y la salida ampulosa de Lucchetti. Pero casi no hubo tiempo para nada. Porque contestó enseguida Racing: saque lateral rápido, Matute Morales tocó corto para Romero, quien con un derechazo delicioso clavó en el ángulo la igualdad. Y otra vez a empezar…
Pese al empate era el local el que se mostraba más lúcido, más agresivo. Un claro ejemplo: la jugada personal de Lavezzi: dejó parado a Cabral, con caño incluido, y definió cruzado. Golazo de quien fuera el mejor jugador de San Lorenzo en todo el torneo. Y en los pies del ex Estudiantes de Caseros estuvo el tercero —después de una buena combinación entre él, Peirone y González— pero su remate se fue desviado.
En los primeros minutos de la segunda parte Racing pareció despertarse. El goleador López intentó, buscó, pero no concretó. Tuvo dos, las únicas del partido. A los 4 y a los 5 minutos. La primera se fue por muy poco y la otra quedó en las seguras manos del Negro Ramírez. Pudo empatarlo el uruguayo Guerrero si no fuese porque su tiro cruzó todo el arco.
Como dice el dicho: los goles que no se hacen en el arco de enfrente, se pagan en el propio… Y fue así nomás. Porque el equipo del Bambino se replegó para salir rápidamente de contra y así lo mató. El Pipi habilitó a Peirone y el juvenil definió como un viejo. Y el mismo Peirone culminó de cabeza una réplica electrizante que armaron González y Romagnoli.
El final encontró a Racing entregado y a San Lorenzo floreándose como no lo había hecho antes. Por momentos fue baile. A tal punto que su gente, después de mucho tiempo, volvió a animarse: “Ese es el Bambino Veira que vino a Boedo para ser campeón…”
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