EL COLÓN YA TIENE SU PROPIO REALITY SHOW
El Centro de Experimentación del Teatro Colón (CETC) decidió hacer honor a su nombre con “Instantáneas”, una propuesta que le permitirá al publico asistir no sólo a las funciones “tradicionales”, sino a la gestación de este espectáculo coreográfico-musical.
Como una rara mezcla entre “Estudio Abierto”, la propuesta a través de la cual los artistas plásticos abren sus talleres de trabajo a la gente y un reality show televisivo, “Instantáneas” permite observar de cerca el proceso de construcción de cuatro obras a cargo de otras tantas duplas de compositores y coreógrafos.
El camino se inició hace tres semanas, cuando se constituyeron las parejas -por elección de los propios participantes-: Gabriel Paiuk y Gerardo Litvak; Lucas Fajin y Rodrigo Pardo; Martín Ferres y Ana Garat y Cecilia Candia y Soledad Pérez Tranmar. Los ocho todavía trabajan en la composición de sus respectivas partes, hasta llegar a obras de aproximadamente quince minutos de duración cada una.
Para lograrlo, las cuatro duplas creativas se reparten el tiempo de ensayo, en doble turno, de un grupo de seis instrumentistas y ocho bailarines creado para llevar a cabo la performance. Además, claro está, de las horas que se pasan escribiendo partituras o planificando movimientos.
Desde la semana pasada se puede acceder a la sala del CETC para curiosear cómo se las ingenian para desarrollar sus respectivos trabajos y congeniarlos a su vez con el de sus respectivos partenaires.
LA NACION asistió al “ensayo abierto” del dúo integrado por el más joven del grupo, el compositor Lucas Fajin y el coreógrafo Rodrigo Pardo. El primer dato interesante es que el armado de ésta y las demás obras es que se realizan ya en el espacio donde se las estrenará. Todavía sin luces ni la escenografía, que realizará la artista plástica Silvina Lacarra, también encargada del vestuario, se trabaja sin descanso de martes a sábado.
El escenario para los bailarines está dispuesto a la italiana, pero se continúa, a través de las arcadas, con un espacio posterior, semioculto para el público. Rodrigo Pardo abrió una ventana a esa parte de atrás y colocó una videocámara cuya proyección da a un espacio sobre el escenario. Así, mientras transcurre la acción principal, se puede ver a los demás bailarines que simulan mirarse en el espejo, cambiándose o, simplemente, descansando.
La orquesta de cámara se encuentra en un costado del escenario, pero durante esta parte del ensayo trabaja en forma autónoma. La escena es curiosa: bailarines y músicos repiten una y otra vez algún pasaje en particular, pero no están conectados entre sí, produciendo una versión aleatoria.
Mientras Pardo les indica algunos detalles a las bailarinas, Fagin conversa con el pianista y con Santero sobre el solo que acaba de tocar.
Finalmente, llega el momento de la verdad: unir los dos mundos. La dupla parece estar trabajando sobre discursos paralelos. Así, mientras los bailarines recorren trotando circularmente el espacio una lánguida secuencia se escucha desde el piano. Luego pasan un fragmento musical bautizado el “loop”, que una polirrítmica superposición de ostinatos junto con la coreografía propuesta por Pardo. Tratándose de dos artes temporales, el primer problema a resolver es el de la duración: el “loop” de Fagin funciona bien con la coreografía, pero se queda corto. Habrá que escribir un poco más, prolongar el ostinato. O “tal vez, empezar más tarde”, como sugiere el joven compositor que acaba de obtener el ingresó en el Conservatorio Superior de París.
El clima de trabajo es amistoso pero intenso. De hecho, Santero ha tenido que hasta suspender un ensayo para no fatigar a los intérpretes que se están aprendiendo, a medida que se crea, cuatro obras con estéticas muy diversas.
Hacer un espectáculo de este tipo en un mes puede parecer una tarea excesivamente vertiginosa, pero como señala Santiago Santero, director musical y artístico del proyecto, nadie pretende que se llegue al próximo jueves con una “versión definitiva, sino con un muy buen boceto”.
De este modo, las restantes cinco funciones, también funcionarán como un mecanismo de ajuste de las obras creadas. Además del próximo jueves, “Instantáneas”, estará el viernes 11, sábado 12, martes 15, miércoles 16 y viernes 17 del actual, a las 20.30. Una vez terminado toda la experiencia se verá si alguna de los trabajos seguirá desarrollándose para formar parte de la temporada próxima del CETC.
Santero define a “Instantáneas” como una primera experiencia que siente, en principio, el precedente de contar con “artistas en residencia”. Y cuyo objetivo de “descomprimir” la presión por el “estreno mundial” haciendo hincapié en la importancia de experimentar, probar, corregir y ensayar, más que en mostrar alguna verdad artística revelada.
Por su triple carácter de director artístico y musical y también “mediador” entre los compositores y los coreógrafos, es la persona ideal para comentar los diferentes perfiles que están adquiriendo los trabajos. “Son planetas totalmente diferentes entre sí”, asegura.
Diferentes ámbitos
En el caso de Lucas Fagin y Rodrigo Pardo, señala: “Se está poniendo muy interesante, es el dúo menos trabajado desde el apriori. Cada uno trae su propio material y confía en lo que proponga el otro. Aquí tengo un rol de mediador estético bastante complicado, pero ya logramos cerrar la obra”.
Por el contrario, en el caso de Gabriel Paiuk y Gerardo Litvak, se revelaron como meticulosos a la hora de trazar una estrategia: “Tienen un plan a priori consensuado muy fuerte. Los dos lo siguen con mucha disciplina y van para adelante todos los ensayos. Paiuk escribe con mucho detalle materiales sonoros que tienen mucho componente de ruido, en vez del sonido tradicional de los instrumentos. Lo que hace Litvak en su coreografía es repetitivo, en algún sentido minimalista. Me encanta la contradicción entre lo pulsado de Gerardo y lo no pulsado de la música de Gabriel”.
Saltando de “planeta”, Santero cuenta que Martín Ferrés y Ana Garat se definieron de entrada por el concepto de “heterogeneidad. Ferrés es el compositor más abierto, incluye música popular y trabaja con tocadiscos además de los instrumentos. El no usa partitura, todo lo que hacen los músicos es improvisación, aunque muy pautada. Hay un espíritu común con la danza que tiene que ver con lo que viene de afuera. Incluso espacialmente: los bailarines rodean al publico entran y salen de sus respectivos espacios”.
Por último, Cecilia Candia y Soledad Pérez Tranmar han demostrado en hechos que tienen tras de sí una vasta experiencia. “Candia hizo música para teatro y se nota. Ambas Parten de un a priori, claro, pero trabajan con mucha libertad. Cecilia está haciendo una música muy expresiva, una especie de Berio muy cambiante. Soledad hace danza-teatro y parte de una historia en común”.
Con estudiantes de música y danza como principales interesados, cuatro obras están naciendo en el CETC. Las puertas están abiertas.
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