El conductor de Latinoamérica giró a la derecha
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La Justicia jugó y Brasil termina “eligiendo” a Bolsonaro como tercera opción luego del impeachment a Dilma y la proscripción de Lula.
Un graffitti que se mantuvo indemne en una descascarada pared santafesina –más precisamente en Balcarce y Las Heras- rezaba “Tu voto elige, vos no”. Lo firmaban “Los de la Nada” con una “A” del símbolo anarquista. Corrían los primeros años de los 90 que proclamó el neoliberalismo como modelo económico y fenómeno sociológico del “fin de las ideologías y la historia”.
La leyenda respondía, sin hacer mención, a la histórica frase del ex presidente Carlos Menem al cumplirse un año de gestión; “Si decía lo que iba a hacer no me votaba nadie”. No obstante, seis años después, y Reforma Constitucional de por medio, Menem fue reelegido como presidente por cuatro años más en un mandato, total, de una década.
La confesión de parte aseguraba que ese presidente había mentido. El votante eligió algo que realizaría “alguien”, pero ocurrió exactamente lo contrario. “Salariazo”, “Revolución Productiva” fueron frases de campaña que se pulverizaron ante la “Imposición de Washington”, mal conocida como “Consenso”.

De la democracia a la “demos gracia”
La democracia como sistema de elección de autoridades del Estado, ha perdido hasta su aspecto formal. El poder real decide la política mediante el ejercicio de su poder en el mercado y en unos meses, sin mediar elecciones, ni paritarias, o marchas, determina el modelo de distribución de la riqueza.
Cierta izquierda moderada o extrema zurda trasnochada, analizan con “preocupación” que la voluntad popular en Brasil, casi en un 60 %, se ha inclinado por un xenófobo, homofóbico y violento (¿ex?) militar. Como si los golpes segasen la realidad y la historia recién vivida.
El golpe institucional a una presidenta elegida por el 56 % de los votos existió y fue tan pornográficamente antidemocrático como el voto del propio Bolsonaro, quien le dedicó la destitución de Dilma a quien la torturó como presa política: el Coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra. Ustra, falleció en 2015 y fue condenado por secuestro y tortura.
Luego vino la condena y prisión de Lula, quien lideraba ampliamente las encuestas para estas elecciones por 6 votos a 5. La Corte Suprema de Brasil decidió la prisión del ex presidente y con ello su proscripción como candidato. La acusación versa sobre un departamento que habría recibido Lula como dádiva luego de ser jefe de Estado de una Nación con el quinto PBI del mundo.
Casi un 60 % de la población votó por un hombre de discurso violento. Sí, es cierto, pero no menos cierto es que sería un insulto a la inteligencia amputar del análisis el camino previo institucional por el que las alternativas moderadas fueron barridas como opción.
Bolsonaro
Siendo uno de los congresistas que promovió la destitución de Dilma Rousseff, Jair Bolsonaro, dedicó su voto a favor, no sólo al Coronel que torturó a la expresidenta. Lo hizo, también, por “… la familia, la inocencia de los niños en las aulas, que el PT nunca tuvo, contra el comunismo, por nuestra libertad en contra del Foro de Sao Paulo, por el pavor de Rousseff, el ejército de Caxias, las Fuerzas Armadas, por Brasil encima de todo y por Dios por encima de todo, mi voto es sí”.
Siendo uno de los congresistas que promovió la destitución de Dilma Rousseff, Jair Bolsonaro, dedicó su voto a favor, no sólo al Coronel que torturó a la expresidenta.
Públicamente, Bolsonaro, tuvo frases tan antidemocráticas e intolerantes como lo es el proceso por el cual llegará al Palacio de Planalto. Siquiera Bolsanaro, como lo hizo Menem en su momento, o como -claramente- lo hizo también Macri durante la campaña presidencial de 2015, recurrió a morigerar su discurso de exabruptos reaccionarios. Se puede decir que aquella herida recibida en plena campaña, plena calle y plano primero, operó para identificar al ex militar como frágil, víctima de la violencia y no victimario. Se puede, o no, pensar en conspiraciones, lo que no es posible negar es como operó en la opinión pública aquel navajazo, para nada letal, que incluso justificó el silencio del candidato durante las últimas semanas evitando el debate presidencial contra el candidato, Hadad, que era el “peor es nada” de Lula y Dilma.
Bolsonaro Dixit
Jair Messias Bolsonaro es abiertamente homófobo, misógino y racista.
El nuevo presidente electo de Brasil tampoco reprime su lenguaje para defender a la dictadura, aunque ha sido participe de distintos comicios electorales en las últimas décadas.
Así habla el presidente electo brasileño que dirigirá la nación más importante de la región.
Sobre los homosexuales
“Los homosexuales lo son por consumo de drogas, solo una pequeña parte lo es por defecto de fábrica”.
“No voy a combatir ni a discriminar, pero si veo a dos hombres besándose en la calle, les voy a pegar”.
“Sería incapaz de amar a un hijo homosexual. No voy a responder como un hipócrita, ante eso, prefiero que un hijo mío muera en un accidente”.
Sobre las mujeres
“Ella no merece ser violada, porque ella es muy mala, porque ella es muy fea, no es de mi gusto, jamás la violaría”.
“No es una cuestión de colocar cuotas de mujeres porque sí. Tenemos que colocar gente capacitada. Si colocan mujeres porque sí, voy a tener que contratar negros también”.
“Tengo cinco hijos: fueron cuatro hombres, ahí en el quinto me dio una debilidad y vino una mujer”.
Sobre la violencia estatal
“El error de la dictadura fue torturar y no matar”.
“Hay que dar seis horas para que los delincuentes se entreguen. Si no, se ametralla el barrio pobre desde el aire”.
Racismo
“No corro el riesgo de que uno de mis hijos se enamore de una mujer negra porque fueron muy bien educados”.
“No hacen nada (las comunidades negras). Más de mil millones de dólares al año estamos gastando en ellos. No sirven ni para procrear”.
En Europa también se consigue
Cuando repasamos los resultados electorales de la extrema derecha europea en la última década, con un discurso elitista y violento, ha capitalizado un voto de protesta gracias a la inseguridad social, laboral y económica. Un éxito que no solo no parece frenarse, sino todo lo contrario, parece que las diferentes manifestaciones de extrema derecha en Europa quieren convertir la próxima convocatoria de las elecciones europeas en un referéndum sobre el apoyo popular a su modelo autoritario y xenófobo.
El éxito de los ultras también radica en la generación de un discurso vertebrado y unificador de un “sentido común” basado en la anti política como manifestación, precisamente, política.
El éxito de los ultras no es sólo en el campo electoral, sino también en el terreno de la generación de un discurso vertebrado y unificador de un “sentido común” basado en la anti política como manifestación, precisamente, política.
Es lo que en Francia se conoce desde hace años como “lepenización de los espíritus”, fenómeno que hoy recorre casi toda Europa: la capacidad de la extrema derecha para marcar agenda política sin necesidad de acceder a puestos de gobierno para ello.
Trump el “influencer”
Trump, como influencer de la antipolítica, allanó el terreno (en dichos y hechos) para que un líder como Bolsonaro, mucho más conservador, de derecha y políticamente incorrecto que el presidente republicano, haya conseguido presentarse con éxito en unas elecciones ‘democráticas’. Un fenómeno que, vistos otros liderazgos europeos, donde la ultraderecha está ganando posiciones, incluso en el Gobierno (caso de Matteo Salvini en Italia), trasciende lo hemisférico y tiene carácter global.
El Trump influencer sería sólo el síntoma de un malestar mucho más profundo que nos llevaría a preguntarnos sobre la posible obsolescencia del orden mundial emanado de la Segunda Guerra Mundial.
En ese sentido, el Trump influencer sería sólo el síntoma de un malestar mucho más profundo que nos llevaría a preguntarnos sobre la posible obsolescencia del orden mundial emanado de la Segunda Guerra Mundial, y su evolución posterior hacia una avasallante hegemonía estadounidense, de delicados equilibrios al interior de los Estados para mantener una paz social que nunca ha sido tal, mucho menos en América Latina.
Trump, Bolsonaro o Macri tienen en común ser, cada cual, a su manera, los representantes de un establishment desesperado por sofocar la subversión a su dominio. Puede que cambien los medios y las formas, pero el discurso es tan viejo como el eterno retorno de una ultraderecha que nunca desapareció, tan sólo se travistió.
No todo es lo mismo
Sí es menester diferenciar los tipos de derechas que estas cabezas de Estado representan. En el caso de la Argentina, la ideología no es percibida en el discurso social, cultural ni económico, sino en el financiero. Nuestro país fue el velódromo principal de la bicicleta financiera mundial en los últimos años, como escenario montado para la especulación.
Macri tiene un estilo liberal que parece, y aparece, enfrentado al discurso conservador que en nuestro país siempre representaron dos instituciones primordiales para el control social: El ejército y la Iglesia Católica. La única religión y fuerza armada nacional hegemónica es la especulación financiera a la que no le mella las libertades individuales tanto como las conquistas colectivas de derechos.
En el caso de Trump, mucho menos Bolsonaro -aunque está todo por verse- el chauvinismo nacionalista tiene espalda suficiente para campear la crisis cerrándose al mundo y poniendo condiciones en sus relaciones internacionales.
Por casa andamos
La derecha, como discurso reactivo, ha vuelto y de manera violenta. No tiene que ver con lo que se percibe en la superficie. Las conductas fascistas y perversas no se reflejan tanto en allá arriba como “aquí” abajo. La intolerancia, en forma de muerte y violencia, prende como forma en los barrios, en las rejas, en armas bajo el colchón y en la cintura.
“Te matan por un celular” es el más duro reflejo del triunfo de la ultra derecha doméstica.
Desde los círculos áulicos esto es invisible y pueden sorprenderse con un tal Bolsonaro por lo que dice, lo cierto es que hace rato el discurso de la intolerancia convive cotidianamente con nosotros y, muchas veces, bajo el mismo techo.
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