EL CONSEJO DE LA MAGISTRATURA, TRABADO POR LAS INASISTENCIAS
Reunir a los 20 integrantes del Consejo de la Magistratura parece un objetivo imposible. Es más: cuesta trabajo que lo hagan 12 de ellos, requisito mínimo para que sesione el cuerpo que, entre otras funciones, elige a los jueces.
No es que haya graves pujas internas, falta de trabajo o escasez de presupuesto. En realidad, el problema radica en la cada vez más arraigada costumbre de algunos consejeros de faltar a las sesiones.
Según un estudio elaborado por la Fundación Poder Ciudadano sobre el primer semestre de este año, si se hiciese un ranking para buscar un patrón en las ausencias resultaría que los legisladores son los integrantes que más faltan, seguidos por los jueces. En tanto, los abogados y los académicos –son los únicos que cobran sueldo por ejercer el cargo– son los más cumplidores en materia de asistencias.
Las principales atribuciones del Consejo son la administración del Poder Judicial, la selección de magistrados y la acusación contra éstos para someterlos a juicio político. Sus miembros son 20: cuatro jueces, cuatro senadores, cuatro diputados, cuatro abogados, dos académicos, un representante del Poder Ejecutivo y el presidente de la Corte Suprema (que también encabeza el Consejo).
El cuerpo se reúne, en teoría, semana de por medio, pero de los doce plenarios convocados en los primeros seis meses, dos no pudieron realizarse por falta de quórum. De los restantes, varios empezaron con el número mínimo de presentes y debieron levantarse cuando un consejero dejó el recinto. El mes pasado debió suspenderse un tercer plenario por falta de quórum.
A los que no faltan les cuesta disimular su malestar. Durante las sesiones, que son públicas, son habituales los reproches de sus pares a los ausentes contumaces o a los que se retiran cuando quedan temas por tratar.
Las actas del cuerpo, consultadas por LA NACIÓN, dejan constancia de doce de las sesiones en lo que va del año y muestran detalles curiosos de la lista de asistencia. Por ejemplo, el presidente de la Corte, Enrique Petracchi, sólo estuvo en una de las reuniones convocadas para este año. El diputado Jorge Casanovas (PJ) fue a dos, y los senadores Miguel Angel Pichetto (PJ) y Carlos Prades (UCR) asistieron a cuatro cada uno.
“La situación es grave”, alertó a LA NACIÓN María Julia Pérez Tort, coordinadora de Poder Ciudadano. “Se atrasan los expedientes y hay muchos jueces sospechados de mal desempeño que siguen impartiendo justicia”, dijo, y reclamó: “Si los legisladores no pueden ir, que no acepten el cargo, pero no pueden tomar esta tarea como algo secundario”.
Eduardo Orio y Beinusz Szmukler, consejeros abogados, coincidieron en que las ausencias generan problemas en el funcionamiento del plenario y de algunas comisiones. Szmukler reconoció que los legisladores tienen más trabajo, pero advirtió que “a veces faltan porque no quieren votar algo o manifestar una opinión públicamente”.
Consultados por LA NACIÓN, diputados y senadores justificaron sus ausencias. Dijeron que las tareas en el Congreso muchas veces se superponen con las reuniones de la Magistratura y que a la hora de optar deben privilegiar sus funciones en las Cámaras (de lo que se informa por separado).
Pero el informe destaca que la diputada Marcela Rodríguez (ARI) tuvo asistencia perfecta y que su colega Juan Mínguez (UCR) sólo faltó una vez.
“Para ser consejero hay que desligarse de alguna función en el Congreso”, dijo Marcela Rodríguez. “Implica una sobrecarga de trabajo, pero que se puede hacer, se puede.”
LOS JUECES, MEJOR
Los legisladores no son los únicos que deben repartir su tiempo entre su tarea original y el Consejo. Lo mismo pasa con los jueces. El camarista y consejero Claudio Kiper explicó que la doble tarea genera dificultades, pero que se superan trabajando mucho fuera de las reuniones. “Es que la composición del Consejo es un poco desigual: algunos tenemos que hacer dos trabajos al mismo tiempo y otros tienen dedicación full time”, observó.
Sin embargo, los magistrados fueron a más del 75 por ciento de las reuniones del año, con excepción de Petracchi. Una fuente de la Corte explicó a LA NACIÓN que “la mayoría de las veces el plenario coincide con la tarea de la Corte” y que entre el máximo tribunal y el Consejo, “sin dudas, para él la Corte tiene prioridad”. Asimismo, advirtió que aunque el magistrado fue a un solo plenario, sí suele asistir a las reuniones de labor, donde se deciden los temas por tratar.
El reglamento del Consejo dice que la asistencia a los plenarios y a las reuniones de comisión “es obligatoria” y que la falta injustificada a tres plenarios consecutivos, o a seis alternados, en el curso de un año se considerará “mal desempeño del cargo”.
Sin embargo, en una resolución de 1999, el Consejo estableció que las inasistencias de los representantes de los poderes Legislativo, Judicial y Ejecutivo “se justifican con el solo hecho de expresar la imposibilidad de concurrencia en razón de compromisos que se desprenden de sus labores primigenias”.
Poder Ciudadano pide la derogación de esta norma. “Permitiría la ausencia permanente de 14 consejeros con la consecuencia de falta de quórum para sesionar”, advierte el informe.
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