EL COSTO LABORAL ES UN 17% INFERIOR AL DE 2001
El costo laboral real de las empresas industriales, medido como el gasto que le significa a una empresa mantener su personal en relación con los precios que recibe por sus bienes, es un 42,1% inferior al de dos años atrás, aunque esa brecha se redujo en los últimos meses, ya que en el tercer trimestre de 2002 la baja con respecto al período previo a la devaluación había llegado a un 48,8 por ciento.
Para las firmas prestadoras de servicios, en cambio, la caída de ese costo no resulta tan evidente: algunas actividades, como el comercio y el transporte, registran bajas del 23% y del 5% respectivamente, pero en empresas como las dedicadas a la actividad inmobiliaria, la enseñanza o la sanidad el costo de las contrataciones ya es levemente superior al de 2001.
Las conclusiones surgen de un informe elaborado por la Sociedad de Estudios Laborales (SEL), que dirige Ernesto Kritz. Allí se señala que, mientras para los sectores transables (que comercian con el exterior) el costo laboral bajó un 45%, para los no transables, donde se concentra el 72% del empleo privado formal, esa reducción sólo fue del 7 por ciento.
Los cálculos indican que, en promedio, el costo laboral para todo el sector privado cayó un 17,3% entre el último trimestre de 2001 e igual período de 2003. Pero en comparación con los últimos tres meses de 2002, en el trimestre último se registró un alza del 7,8%. Respecto del momento en que más se abarató el costo -el tercer trimestre de 2002-, la recuperación fue del 10,4%.
Esta última evolución se debió, según el informe, a la estabilidad de precios y a las sucesivas mejoras salariales decretadas por el Gobierno para el sector privado. La última de estas medidas es la que ordenó el pago de $ 50 no remunerativos desde enero último, que se sumó a los $ 200 que ya debieron incorporarse a los sueldos.
Productividad
Según advierte el informe de la SEL, el incremento del costo laboral en 2003 “sugiere que, para seguir recuperando el empleo formal y los salarios, es necesario promover una mejora de la productividad”, algo que, según se señala, es válido para los sectores no transables, pero también para los transables. Como ejemplo, cita que en la industria los salarios aumentaron cuatro veces más que la productividad horaria, por lo que la mejora del costo laboral, si bien es importante aún, no parece sostenible en el mediano plazo.
“La política de aumentos salariales de suma fija parece haber llegado a un límite. De aquí en más, los salarios estarán mucho más ligados a la evolución de la productividad, entre y dentro de cada sector”, se advierte.
Lo cierto es que las subas decretadas, y otros aumentos dados por las empresas u obtenidos por convenios en sectores beneficiados por la devaluación, se reflejan en los salarios declarados en el sistema de jubilaciones, que fue la fuente utilizada por la SEL (se usaron los promedios trimestrales, incluidos los devengamientos por aguinaldo). Según datos obtenidos por LA NACION del Ministerio de Economía, en noviembre pasado los ingresos reportados fueron un 23,4% superiores a los de ese mes de 2002.
En este caso, la evolución también es desigual. Los sectores productores de bienes (se incluyen la industria, actividades primarias y la construcción) registraron una mejora de alrededor del 31%, en tanto que en los servicios la evolución fue más modesta: de casi el 20 por ciento.
Pese a que los aumentos fueron mayores en la industria y el agro, la baja del costo laboral fue más notoria en esas mismas actividades, ya que las mejoras en los precios fueron altas, en contraste con lo ocurrido en los servicios, donde la inflación fue más moderada, en parte por el congelamiento de las tarifas de los servicios públicos.
Según el trabajo de Kritz, el abaratamiento de las contrataciones es lo que sostiene una elasticidad empleo-producto elevada. Mientras que, según datos de la Cepal, la relación histórica indicaba que por cada punto que crecía el producto, el empleo aumentaba un 0,46%, para 2003 se registró un índice cercano al 0,7 por ciento.
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