EL CREADOR SOLITARIO
Carlos Roqué Alsina nació en Buenos Aires en 1941 y vive en Francia desde hace más de treinta años. Compositor e instrumentista excepcional, durante nueve años fue profesor de piano en el Conservatorio de Lyon y su repertorio va de Beethoven a Stockhausen. En la presentación del concierto en Recoleta, Francisco Kröpfl contó una anécdota de la época en que ambos intercambiaban ideas en el seno de la Agrupación Nueva Música. Alsina, que tendría unos 18 años, había escrito una pieza para piano con un acelerando en la mano izquierda y un ritardando simultáneo en la derecha. Comprensiblemente, Kröpfl la juzgó imposible, entonces Alsina se sentó al piano y desarmó olímpicamente la objeción del colega.
Si el músico se hubiese consagrado exclusivamente a la interpretación, tal vez su nombre habría figurado entre los primeros de la lista, no lejos de Argerich o Barenboim. El nombre de Alsina tiene peso propio pero al mismo tiempo es un poco marginal, como si el músico se hubiese mantenido por fuera de todo sistema.
Sus visitas conmueven el ambiente musical local. El miércoles presentó tres obras propias, dos de ellas con el Ensamble Dédalus: Klavierstück VI (Hommage à Bach) para piano y cinta, Passages para cinco instrumentos y soprano, y el Concertino para piano y doce instrumentos, y además sostuvo un interesante diálogo con Eduardo Moguillansky (director del Ensamble), en el que Alsina fijó posiciones y aclaró genealogías e influencias (la Escuela de Viena y Luciano Berio).
La música de Roqué Alsina está profundamente autocentrada y determinada por la intensa gestualidad del piano. La Klavierstück VI toma de Bach la figuración en semicorcheas y las armonía proporcionadas por esas cuatro letras del alfabeto musical, en una progresiva integración de los materiales del piano y de la cinta. Hay una división en secciones y, a la vez, una evolución muy clara hacia la apoteosis final. Las representaciones formales no son esquemas vacíos sino hechos plásticos y sensibles en Alsina. Passages es una sola transición del principio al fin, y la melodía de timbres juega un papel fundamental. El cuarto movimiento del Concertino es, según el autor, como un sueño que va sobrevolando distintas “fiestas”, núcleos de música andaluza o italiana. Se oyen como vuelos a distancia, visiones remotas e inquietantes. Toda la música de Alsina está recorrida por un profundo sentimiento de inquietud, y esa cualidad fue admirablemente transmitida por el Dédalus.
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