EL DEPORTE ESTÁ EN TERAPIA INTENSIVA Y BUSCA RAZONES
Después de tantas idas y vueltas, de críticas y reproches, los Panamericanos de Santo Domingo ya entraron en la historia de unos Juegos que, después de los Olímpicos, son los que mayor movimiento deportivo, económico y político promueven entre los de su tipo. Fueron 42 países, 36 disciplinas, 1.072 medallas y más de 5 mil atletas: apenas algunos números de unos Juegos que otra vez se convirtieron en el centro del deporte continental durante 17 días.
Para Argentina (16 medallas de oro) llega la hora del balance. El momento del análisis, de revisar errores (muchos) y profundizar aciertos (pocos). El deporte nacional experimentó un grave retroceso en el medallero producto de un proceso iniciado hace 10 años en la gestión de Livio Forneris, cuyas bases están en un Plan Estratégico que perdió vigor. Para entender este séptimo lugar argentino, que pocos pronosticaron antes de la excursión dominicana, hay que tomar distintas claves:
La Secretaría de Turismo y Deportes es dirigida por Germán Pérez, un empresario de vasta trayectoria en el sector hotelero que, con sinceridad, afirmó: “Yo apenas voy a tratar de ser un buen administrador de los recursos”. Pérez llegó a la función pública alentado por Daniel Scioli cuando el actual vicepresidente era el secretario de Deportes de Duhalde. No es hombre del deporte: ¿discutirá con los viejos dirigentes de las asociaciones deportivas, muchos de ellos atornillados a sus asientos desde hace largos años? Por eso se insiste: pese a la participación de Scioli en las reuniones de Gabinete, el deporte argentino perdió presencia en los planes del Gobierno. Y lo peor es que no tiene política deportiva por una razón: es imposible imaginarla con el paso de ocho secretarios en 20 años.
El Comité Olímpico Argentino debe cambiar. Y no se trata de pedir la cabeza de Antonio Rodríguez, su presidente desde 1977, sino de modificar su relación con el deporte de este país. Potencias de las que se pueden copiar aspectos positivos (España, Brasil) tienen Comités Olímpicos fuertes con responsabilidad fundamental en el alto rendimiento. Las secretarías (o ministerios) de Deportes de esos países tienen mayor control sobre el deporte social. Carlos Nuzman, presidente del Comité Olímpico Brasileño, le señaló a Clarín: “Nuestro Comité Olímpico tiene un presupuesto de 12 millones de dólares, que distribuye entre los atletas más importantes. Ese dinero sale de las loterías”.
La caída del presupuesto, que era de 50 millones de dólares en 1995, cuando Argentina consiguió 40 medallas de oro en los Panamericanos de Mar del Plata, y que hoy asciende a 21 millones de pesos, una suma que tiene relación directa con los 16 primeros puestos conseguidos. Esa caída provocó, por ejemplo y para dar el caso puntual del director técnico del seleccionado de pesas, que Horacio Anselmi ganara 4.500 dólares mensuales en 1996 y que hoy Gustavo Staciukewicz y Sergio Parra embolsen 500 pesos cada uno cada 30 días. “Lo ideal sería tener un presupuesto de 42 millones de pesos, pero hay que atender la realidad del país”, señaló una altísima fuente de la Secretaría de Deportes. “Para empezar, vamos a solicitar 26 millones el año próximo. Esperamos llegar al aumento del 100 por ciento en cuatro años”, agregó. Venezuela vive una situación social y económica similar a la de Argentina, pero su deporte, sexto en el medallero, maneja unos 63 millones de dólares, nueve veces más que el nuestro.
La falta de valentía para olvidar cuestiones personales y convocar a notables que puedan acercar ideas: hoy muchos de ellos están inmersos en proyectos privados, comprometidos con seleccionados exitosos o deportistas exitosos o sumergidos en las oscuridades de la burocracia pública.
La obstinación de algunas asociaciones nacionales de pensar que las ideas de los técnicos de Europa oriental, quienes llegaron al país en los 90 para entrenar pero que aleccionaron a los entrenadores argentinos que hoy, en la mayoría de los casos, los han superado, siguen vigentes. El único caso de un DT extranjero que sigue produciendo resultados es el de Miguel Sánchez, de canotaje. El cubano llegó en 1993 a la Argentina por un intercambio entre los gobiernos de Menem y de Castro. Lo hizo con otros 11 entrenadores, después de Mar del Plata 95 se quedó sólo con Sarvelio Fuentes (boxeo) y José Ramírez (básquetbol) y hoy es el único que sigue con Javier Correa y compañía.
El estado deplorable en el que se encuentran varias instalaciones del CeNARD. La misma fuente cercana a Germán Pérez le dijo a Clarín en Santo Domingo que el Centro Nacional de Alto Rendimiento necesita una inversión primera de 5 o 6 millones de pesos para empezar a pensar en su recuperación. Sólo para cambiar una pista de atletismo que ya no resiste más el paso del tiempo se necesitan entre 800 y 900 mil pesos. Un dato con signos casi tragicómicos: en la Aduana de Buenos Aires hay materiales deportivos retenidos que estaban destinados a los Panamericanos de Mar del Plata 95.
Falta menos de un año para los Juegos Olímpicos. Para algunos, el objetivo será cortar una sequía de oro que acumulará 52 años. Pero no hay que permitir que el árbol tape el bosque. Lo importante no pasará por una medalla, sino por el futuro de un deporte que está en terapia intensiva.
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