EL DEPORTE QUE VIENE
El sábado 22 de febrero dos hombres se juntaron para almorzar en un restorán de Recoleta. Allí, antes de darse el apretón de manos que le daría el sello a una fórmula presidencial, Daniel Scioli le dijo a Néstor Kirchner: “Quiero que Turismo y Deporte estén bajo mi área”. “Dalo por hecho”, fue la respuesta del por entonces gobernador santacruceño. El dato no es menor. Scioli será desde mañana no sólo el vicepresidente de la Argentina sino que seguirá bajando la línea política del área que tomó en aquellos tumultuosos días de diciembre de 2001. Claro que su reemplazante formal será Germán Pérez, el actual coordinador ejecutivo de Promoción, Desarrollo y Calidad Turística o, lo que es lo mismo, el subsecretario de Turismo. Pérez es hotelero —dueño del hotel Grand King, en Lavalle al 500—, fue asesor de Francisco Mayorga en la secretaría de Turismo (presidencia de Menem) y cuando Scioli lo convocó dejó su cargo de presidente de la Cámara Argentina de Turismo. El dato tampoco es menor. Por primera vez desde el regreso de la democracia en 1983, la máxima autoridad política del deporte argentino no vendrá con antecedentes deportivos. Repasemos: O’Reilly y Otero (gobierno de Alfonsín); Galmarini, Forneris y Porta (Menem); Garraffo (De la Rúa); y Scioli. Esto, sumado a que la próxima estructura ya no tendrá un coordinador ejecutivo sino que contará con tres directores como cabezas visibles, tiene una lectura: Deporte descenderá en la jerarquía del gobierno de Kirchner. Sin embargo, una fuente muy cercana a Scioli señaló que “desde ahora Deporte va a ser defendido por el propio vicepresidente en las reuniones de gabinete. Y ese es un plus”.
El cargo de coordinador ejecutivo de Políticas y Programas del Deporte lo tendrá Víctor Groupierre hasta mañana. Pero cuando Kirchner anuncie a los nuevos secretarios (entre lunes y martes), el presidente de la Federación Argentina de Esgrima y creador de los Torneos Juveniles Bonaerenses durante el gobierno de Duhalde en la provincia, pasará a ser uno de esos tres directores, con responsabilidad en las relaciones internacionales y en la participación de los atletas argentinos en el exterior (Juegos Panamericanos y Juegos Olímpicos, por ejemplo). A su lado trabajarán Luis Gilardi y Raúl Elizalde. El jujeño Gilardi es el director nacional de Política Deportiva y se encargará del deporte federal (la política de todo el país) mientras Elizalde, ex rugbier de Hindú y delegado administrativo del CeNARD, tendrá al deporte federado bajo su órbita.
Más allá de los nombres y de los cargos, y aún de los deseos de Scioli de “trabajar todos juntos —vicepresidente, secretario y directores— para lograr un equilibrio entre el deporte federado y el social y de darle al deporte de alto rendimiento la infraestructura que realmente se merece por el esfuerzo realizado y los resultados obtenidos”, la nueva estructura saldrá a la cancha con dos puntos en contra: la ausencia de una política deportiva y el escaso presupuesto para un país que tiene atletas de primer nivel internacional.
Lo primero, sin duda, tiene que ver con un dato ofrecido más arriba: Argentina tuvo siete secretarios de Deporte —con distintas ópticas, realidades y planes— en 20 años, lo que hace un promedio de menos de tres años para cada uno. Países como España o Francia construyeron su deporte sobre programas continuos, coherentes y racionales cuyos fundamentos llevan ya dos décadas. Lo segundo está emparentado con los 24 millones de pesos (más un porcentaje del Prode y del casino flotante ubicado en Puerto Madero) que Deporte recibió este año, en el que 1.300.000 se destinó a la preparación final de los deportistas para los Panamericanos de Santo Domingo. No suena ético hablar de semejante cantidad de dinero para el deporte en un país con casi la mitad de su población bajo la línea de la pobreza. Pero Canadá o Japón, que quedaron detrás de Argentina en el Mundial de natación de Moscú, disponen para 2003 de un presupuesto 100 veces mayor al argentino para ese deporte.
Osvaldo Arsenio, entrenador internacional y miembro de la Federación Internacional de Natación Amateur, se pregunta: “¿Será posible que alguna vez el deporte sea considerado una prioridad y un derecho y no un privilegio?”. Por ahí parece estar el camino para el deporte que se viene. El deporte de los futbolistas, los tenistas y los basquetbolistas que deslumbran en el mundo, el de José Meolans y Javier Correa, el de Los Pumas y Las Leonas, el del seleccionado de voleibol y Carlos Espínola. El deporte que gracias a un puñado de esfuerzos intentará en Atenas, el año próximo, quebrar una sequía de más de medio siglo sin oro olímpico.
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