EL DESAFÍO DEL CUARTO CERRADO, O CÓMO BUSCAR EMPLEO
Se presentó el sábado en el Festival de Cine de Mar del Plata con buenas críticas, y el jueves se estrena en los cines argentinos. El método, de Marcelo Piñeyro, genera, al menos, curiosidad, porque ¿cómo será eso de adaptar para cine El método Grönholm, una obra donde un grupo de gente lo único que hace es hablar durante casi dos horas en un mismo cuarto cerrado?
La trama gira en torno a un grupo de siete postulantes a un puesto en una multinacional, que debe pasar por una serie de pruebas cada vez más humillantes. Transcurre en un ambiente de Gran Hermano, en el encierro de una oficina, mientras afuera (y esa es una de las novedades del filme) hay una manifestación contra el FMI. A un mes de su estreno en España, en octubre de 2005, se convirtió en éxito de taquilla, con 450.000 espectadores.
Tarde de jueves. Una suite en el noventoso y fashion hotel Faena, en Puerto Madero. Día de entrevistas que prometen extenderse hasta la trasnoche. El español Eduardo Noriega llegó a la mañana de un vuelo procedente de Madrid, y con retraso. Pablo Echarri estuvo grabando Montecristo, la telenovela que Telefé tiene en gateras. Cansados y todo, los dos actores, con papeles clave en el filme, estuvieron dispuestos a hablar largo y tendido con Clarín sobre la película y otros proyectos.
Actuaron juntos en “Plata quemada”, también con dirección de Piñeyro. ¿Cómo les resulta esto de “reincidir”?
Noriega: Yo, además, es la tercera vez que trabajo con Natalia Verbeke (Carretera y manta, Nadie conoce a nadie), la segunda con Najwa Nimri (Abre los ojos).
Echarri: Es una orquesta de reincidentes (risas).
El también se cruzó, en Apasionados, con Natalia Verbeke, la actriz argentina radicada en España desde los 11 años, que hizo su regreso triunfal en El hijo de la novia, y que en El método hace de secretaria. El tercer argentino (también residente en España) es Ernesto Alterio (hijo de Héctor Alterio, actuó en Tango feroz, de Piñeyro). Los españoles son Eduard Fernández, Adriana Ozores y Carmelo Gómez, que obtuvo un premio Goya como mejor actor de reparto. El otro se lo llevó el mejor guión adaptado, de Piñeyro y Mateo Gil. Echarri estuvo nominado como revelación y Fernández, como mejor actor. La película, filmada en Madrid, es una coproducción argentino-española.
“A cada actor Marcelo lo dirige de una manera distinta, le presta atención, le habla al oído. Además es un tipo muy calmo, no pierde nunca la paciencia en rodaje, y eso lo transmite —dice Noriega, Carlos en el filme—. Y con Pablito (Ricardo en El método), las cosas van muy fáciles, no sólo a nivel profesional sino a nivel personal, te ayuda, es un actor talentoso. Con Pablito… las veces que haga falta.”
Echarri: Somos buenos amigos, nos llevamos bien, nos ocupamos de cosas diferentes. Eduardo está atento a todo lo que sucede. Eso hace que uno se sienta cómodo. Debe ser que ya no hay más preámbulos, entonces es fácil.
A pesar de las “facilidades” que les dio conocerse entre ellos, con el director y con otros actores, lo más difícil fue, coinciden, el hecho de rodar con cámaras digitales y en un mismo lugar, donde “siempre estás en plano”.
Superaron el desafío del cuarto cerrado.
Noriega: Sí, que sea una película basada en una obra de teatro, con ocho actores, es un reto. Primero tiene que haber un guión maravilloso para mantener la tensión durante dos horas sin tiros, ni coches ni persecuciones. El espectador, como los personajes, no sabe lo que está pasando ni lo que va a pasar. Hay comedia y suspenso.
Echarri: Casi no hay traslados, todo sucede en el mismo lugar y casi en la misma postura, los actores tuvimos que estar todo el tiempo frente a frente. Lo que ves es lo que nos pasó. No había manera de ponerse para un plano y después relajarse. Teníamos que estar actuando teatralmente.
Noriega: Ensayábamos cada día la secuencia completa, y en orden cronológico. Ha sido una experiencia nueva, también para Marcelo, en cuanto a formato, instrumentos, todo.
Echarri: Si pensamos en el Marcelo de Caballos salvajes o Tango feroz, y una película tan intimista como ésta… Bueno, ahí está la amplia gama de él como director.
Pablo, ¿cómo te sentiste siendo el único con acento argentino?
Echarri: Creo que el mío es un personaje que le cuadra muy bien a un argentino, por el desarrollo que tiene. Incluso, cuando la película avanza y se empieza a entender qué está pasando, uno puede abstraerse.
Noriega: Es un personaje que no tiene los arquetipos del argentino. Y para la historia está muy bien, porque en España lo normal es que en un tipo de pruebas haya siempre algún argentino, como los hay en la vida cotidiana, sobre todo en Madrid. Están tan integrados que a nadie le extraña.
En un momento de la película, a Nieves, que es el personaje de Najwa Nimri que en la “vida real” ha tenido un romance con Carlos (Noriega), le preguntan cómo vive la experiencia de la selección de los postulantes. Ella dice: “intensa”. De algún modo, ese adjetivo resume la sensación del espectador, frente a una trama que, trazando un arco caprichoso, hace pensar en Festín diabólico, la película de Hitchcock que transcurre en un mismo cuarto, y en Nueve reinas, de Fabián Bielinsky, por el giro imprevisto que toma.
“Es una película que invita a la reflexión —dice Noriega—, y con la cual todos podemos identificarnos, porque de alguna manera u otra todos jugamos al juego que nos proponen: porque queremos tener un puesto de trabajo, porque queremos ascender. Lo que pasa es que la peli lo lleva al extremo y habla de la capacidad de devorarnos los unos a los otros para conseguir la zanahoria”.
La película juega con la incertidumbre.
Echarri: Con lo que parece que es. Nada es verdadero.
Noriega: Juega con la ambigüedad también. Todo está manipulado por la empresa. Y consiguen que finalmente juegues y hagas lo que te propongan, sin que te importe nada el otro. Sacan lo mejor y lo peor.
Hablando de competencia, entre los actores, cuando hay varias nominaciones, y uno gana el premio, como Carmelo. ¿Qué se siente, alegría por el equipo o envidia por no haber ganado?
Echarri: Creo que son borbotones de sensaciones. Según la relación que uno tenga con el compañero. Si no tengo afinidad, me pongo menos feliz. Si se lo gana Eduardo, me pongo contento. Pero me pondría mucho más contento si la estatuilla me la llevara a mi casa. Creo que algún dolor queda.
Noriega: No sé si dolor, pero al menos decepción. Fernando Fernán Gómez es muy claro con esto. Actor español mítico con no sé cuántos Goyas, dice: “Yo no voy a una ceremonia si no sé si me van a premiar o no. ¿Para qué, para poner cara de tonto cuando no te lo dan?” Yo creo que los premios son maravillosos, todos los estamos deseando porque son un reconocimiento, pero no tienen demasiada importancia. Y en el caso de Pablo, una nominación no solo es un premio para él, sino que demás significa que hay una buena actuación general. De alguna manera es un premio para todos
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