EL DÍA DE FURIA DE UN EX POLICÍA
El conflicto de una pareja recientemente separada por milagro no se convirtió en una masacre. Ayer al mediodía un policía retirado encontró a su ex mujer en la puerta del colegio donde asiste su hija junto a un garrafero de 29 años. Envuelto en ira, discutió con la mujer y terminó baleando en la pierna al hombre que la acompañaba. Después, buscó refugio en la escuela a donde ingresó arma en mano. El desestabilizado ex policía entró en un aula y disparando varias veces al aire logró reducir a un curso de 40 alumnos. Una de las balas rozó la pierna de una nena de 7 años. Luego intentó huir, pero fue atrapado por la policía en Maipú y Pellegrini. Pese a que el agresor ya estaba preso, el pánico no cesaba en la puerta de la escuela donde padres y alumnos no podían salir del espanto.
El hecho se desencadenó alrededor de las 13.15 cuando Benjamín Romero encontró a su ex esposa en las puertas del Centro Maternal Nº 1 –que depende del Instituto Nuestra Señora de la Misericordia–, ubicado en Maipú al 1700, adonde había arribado para dejar un recado a su hija, de nueve años, y que ya había ingresado a la escuela.
La mujer, indentificada como Miriam Liliana Castillo, de 37 años, se encontraba junto a un repartidor de Surgas, Máximo Tomás Caballero, de 29 años, quien según informó la policía la habría acompañado hasta el lugar. De acuerdo a la misma versión, “al verlos juntos, el ex policía montó en cólera y comenzó a discutir y a forcejear con su ex esposa”, situación que determinó la intervención de Caballero.
El gesto ofuscó aún más al ex policía, quien desenfundó su pistola Bersa nueve milímetros –arma reglamentaria policial– y le disparó a Caballero en la pierna derecha. En medio de una persecución, el herido cruzó hasta la escuela particular media Nº 2.063, emplazada en Maipú 1758, adonde ingresó para refugiarse. “La portera se dio cuenta y en seguida le cerró el paso, pero el que venía armado empezó a patear el vidrio y lo rompió”, explicó la rectora del establecimiento, Aurora Casella, mientras mostraba el reguero púrpura que dejó la herida de la víctima por el pasillo.
Sin darse por vencido, Romero cruzó una vez más y allí logró ingresar a puntapiés en la escuela (lugar en el que su ex mujer ya había alcanzado a protegerse), luego corrió hasta un salón ubicado en el primer piso. “Empezó a disparar el aire, tiro como tres tiros”, dijo una nena de doce años que fue protagonista junto a sus 43 compañeras de momentos de suma tensión. La información fue corroborada por personal de la Sección Balística que luego de una inspección ocular descubrió tres vainas y restos de plomo.
Las mismas alumnas reconocieron que Romero redujo a la profesora de Lengua y se encaminó hacia el pasillo, pero luego desistió de esa actitud y prefirió salir corriendo para ganar la calle. En ese momento, la escuela era un verdadero caos, las niñas lloraban y corrían mientras los docentes se esforzaban por contenerlas. Pero un allegado a la escuela –según trascendió, es un empleado–, identificado como Osvaldo Piotto, de 62 años, les siguió los pasos al agresor y se los señaló a los agentes del Comando Radioeléctrico y la Patrulla Urbana, que ya habían llegado al lugar alertados por las autoridades. Gracias a su intervención, Romero fue apresado en Pellegrini y Maipú cuando intentaba escapar y luego derivado a la comisaría 4ª.
Los acontecimientos que sobrevinieron más tarde tuvieron que ver con la contención de las alumnas y los padres que habían arribado a la escuela ante las primeras noticias del tiroteo. “Realmente fueron escenas desoladoras y donde se vio un verdadero pánico colectivo”, señaló una fuente policial que intervino en el operativo. Pasadas las 14, las niñas se retiraban y ambulancias del Sies socorrían al herido que fue trasladado al Heca con una herida que no revistió de gravedad. Una niña de siete años fue apenas rasguñada por un proyectil y se fue a su domicilio.
“Es un violento que se cree capaz de todo porque es policía”, decía Castillo refiriéndose a su ex esposo, mientras abrazaba a la hija. A esa hora, un comando policial la traslada del lugar en medio de una crisis de llanto. Según explicó, el jueves había abandonado a Romero definitivamente por “sus malos tratos”, aunque según informó la policía, un juez de familia le había exigido la “exclusión del hogar desde enero”. Romero también se vio envuelto en un confuso episodio policial hace dos años, cuando se desempeñaba como remisero y fue acusado por un pasajero de haberle propinado un puntazo en Villa Diego.
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