El día que me encanes
¿Estuvo Carlos Gardel preso en el penal de Ushuaia? ¿Es este uno de los tantos mitos en torno al mito más grande de la canción de los suburbios argentina? ¿Por qué no se conoce a fondo su estadía en la siberia del sur si es que esta aconteció? Caminando por los pabellones de lo que fuera la Cárcel de Reincidentes, hoy el Museo Marítimo y del Penal, todo parece conducir a corroborar que, efectivamente, el Zorzal Criollo fue otro de los famosos presos de esta penitenciaría.
En una de las que fueran celdas del museo, hay revelada parte de la historia. Una fotografía del Mudo, además, está sonriente desde la barra del bar de la prisión y puede vérsela… detrás de las rejas. En la celda han dibujado una copia del famoso dibujo de Sábat que muestra a Carlitos con alas y hay una foto más grande y conocida de Gardel. Para uno de sus biógrafos, Blas Matamoros, no hay duda.
Ahí mismo cuenta que Gardel pudo haber caído en Uruguay y da por sentado que antes de ser el Zorzal Criollo, Carlitos delinquía muchas veces utilizando el apellido Escayola (acaso el de su padre) y estaba rodeado de amigos que no eran precisamente integrantes de la juventud parroquial. El testimonio de Matamoros da por sentada la estancia de Gardel allí y la certifica con un documento.
Aparentemente Gardel salió del penal junto a un grupo de presos políticos que habían tomado parte de un intento de revolución radical, en tiempos tan lejanos que los radicales intentaban hacer revoluciones. Los indultados regresaron a Buenos Aires en un buque y en el mismo, un tal Villanova cantaba para animar las veladas. Dicen que Villanova no lo hacía solo, que un muchacho que cantaba mucho mejor que él lo acompañaba a menudo.
Cuando llegaron a Buenos Aires, los presos indultados le regalaron a Villanova, en agradecimiento por haberlos entretenido, una postal que tenía dibujada la Bajada Grande, justamente una foto del río Paraná a la altura de la capital entrerriana. La firmaron varios, entre ellos, el acompañante de Villanova a la hora del canto, que no era otro que Carlos Gardel.
Aunque nosotros no tuvimos acceso a la postal, dicen que en el Museo hay una copia de la misma. Además, se puede conseguir en la biblioteca el libro con la historia del presidio que escribió el director del mismo, Lic. Carlos Vairo. Vairo dice que “Gardel pudo haber hecho de campana en un atraco y terminó en Ushuaia”. Y va más lejos, apelando a la tradición oral. Cuenta que el hijo de un guardiacárcel que se quedó a vivir en Ushuaia, Manuel Buezas, narra que su padre le contaba que conoció a Gardel en la prisión.
Lo cierto es que parece que algún ultra gardeliano se quedó con la documentación correspondiente para no empañar la imagen del ídolo y el caso es poco conocido. Pero lo que en principio aparecía como un tibio interrogante, es hoy una respuesta clara como las aguas del mar que bañan a la bella Ushuaia: en efecto, el más famoso de los presos de la siberia nacional no fue el Petiso Orejudo, ni los políticos, ni los anarquistas, sino el queridísimo Carlitos Gardel.
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