EL DIFÍCIL MOMENTO DE DECIDIR LA DONACIÓN DE ÓRGANOS DE UN FAMILIAR
Cerca de dos de cada tres posibles ablaciones se frustran por decisión de familiares. “Más allá del acto solidario, hace bien al grupo familiar que dona”, argumenta el Cudaio.
El 64 por ciento de los operativos de ablación o implante de órganos del Cudaio que se vieron frustrados, se debieron a la negativa de familiares de los posibles donantes, de acuerdo a una estadística de septiembre de 2004 que marca niveles muy altos respecto a otros países. Pueden señalarse varias causas que llevan a que la familia del potencial donante decida conservar sus órganos. La más frecuentes son la desconfianza respecto a la legalidad del proceso, la imposibilidad de aceptar la muerte del ser querido, el enojo con la institución que atendió al paciente -lo que deriva en una imposibilidad de escuchar a toda persona cercana a la institución-, y el tener que tomar una decisión por alguien que ya no está.
Rosario/12 consultó al director del Centro Unico de Ablación e Implante de Organos (Cudaio) Armando Mario Perichón y a una de las psicólogas de la institución, Alejandra Rigalli, quienes detallaron todo el proceso de donación, para entender los motivos de las negativas: “Este tipo de fallecimientos, generalmente son muertes sorpresivas y violentas, entonces siempre tienen un componente traumático para la familia. Por lo que la notificación del fallecimiento es un momento muy importante de la entrevista familiar, en donde se trabaja con el médico que lo asistió, con el coordinador intrahospitalario, y se lo notifica de una manera muy particular en donde se incluye todo un espacio de desactivación emocional” explicó Rigalli, para apuntar: “La notificación, sobre todo en el diagnóstico de muerte cerebral, tiene que tener muchísima claridad. Es el momento donde el registro de la pérdida tiene que impactar a la familia. Si esto no sucede, no hay posibilidad de pedir órganos”.
Perichón detalló las formas de constatar la muerte cerebral para que un paciente se transforme en potencial donante: “En la habitualidad, tenemos coordinadores hospitalarios que van buscando potenciales donantes en la Unidad de Terapia Intensiva, la posibilidad de alguno de los pacientes que haya ingresado, generalmente por un traumatismo craneoencefálico severísimo, por disparo de armas de fuego en el cráneo, o por un accidente cerebrovascular, las causas más importantes de donde salen los donantes. Una vez que se detecta este potencial, se hacen ‑por ley‑ una serie de pruebas neurológicas, tanto clínicas como de estudios complementarios, para demostrar que este individuo que está vivo, ya puede ser considerado muerto. Una vez que se hace eso ‑considerado muerto por la ley, por la religión, y por la ciencia‑, estamos frente a un individuo que ya no puede respirar en forma espontánea, necesita siempre de un aparato; tiene silencio eléctrico, o sea que no hay actividad cerebral; y no tiene ningún tipo de reflejos de los habituales en las personas vivas. Eso es un muerto, más allá de que el corazón siga latiendo porque está siendo mantenido artificialmente con el respirador y con un montón de otras cosas. Una vez que se definió la muerte ‑hay una ley que dice cómo definirla‑, ahí llegamos al final, entonces el médico llama al coordinador operativo, que es un psicólogo”.
En este sentido, Rigalli resaltó que “esto del proceso de notificación es muy importante, porque si un médico le dice a los familiares: `pueden esperar un milagro, vamos a hacer lo imposible’, y no le está diciendo la gravedad real con la cual ingresa el paciente, después se va complicando más”. El director del Cudaio agregó: “Los médicos tenemos que tener claro cuándo se mueren las personas para poder transmitirle como corresponde a la familia, la que está en un momento crítico y no puede escuchar todo. Entonces, las personas están muertas cuando uno puede ver y detectar la parada cardiorrespiratoria ‑el óbito tradicional y la muerte clásica‑ o cuando podemos hacer todos los estudios que mencioné, la muerte encefálica. Ahora, si el médico cree que la muerte es solamente la parada cardíaca, estamos en un problema”.
Rigalli afirmó que “es fundamental que el médico sea claro. Es sencillísimo, lo único que tiene que decir es: está muerto. Esto suena mal, violento y agresivo, pero es lo mejor que le puede pasar a la familia psicológicamente, la claridad y la simpleza”. Porque este reconocimiento de la pérdida, lo que comúnmente se dice `cayó la ficha’, es condición necesaria para que los familiares puedan comenzar a pensar en la donación”.
Una duda que surge es si la donación es un acto solidario, como históricamente se pensó. “Más allá del acto solidario, es algo que le hace bien al grupo familiar que dona. Es una especie de reparación, o de darle un sentido a esa pérdida que encuentran sin sentido”, explicó Rigalli y agregó: “El problema es que tenemos una valoración social del egoísmo que no es muy buena. Y a nivel de estrategias comunicacionales, si vos decís `sea solidario, done órganos’, uno dice: si yo no dono órganos, soy malo. Pero el ser humano tampoco puede pensar `yo soy malo’. Entonces se piensa: `no soy yo el malo, son los otros que hacen las cosas mal’. De ahí que las fantasías de ilícitos y de cosas mal hechas sea más fácil”.
Otro factor que aumenta el mito de la falta de seriedad y de legalidad del proceso es el enojo que causa a los familiares de los pacientes la mala atención por parte de los centros de salud públicos o privados. “Conjuntamente con la notificación del fallecimiento, se trabaja todo lo que es la contención institucional de esta familia. Es decir ‑pensamos esto a nivel nacional‑ mientras más cómoda, en la medida de las posibilidades de nuestro país, se encuentre esta familia y mejor atendido sientan que estuvo este paciente, obviamente que más predisposición va a tener para poder pensar en la donación de órganos. Si están enojados porque piensan que se hizo todo mal, es prácticamente inabordable”, disparó Rigalli.
“Otra causa de negativa es cuando hay que decidir por otro ‑apuntó Perichón‑. Entonces la gente se plantea si quien falleció, alguna vez dijo algo de la donación. Tienen que buscar una referencia, y cuando no la encuentran, frente a la duda dicen que no”. Por eso “es fundamental que la gente tome una decisión en vida y la comente con sus familiares directos, porque ahora lo estamos hablando con la familia que decide”, agregó antes de aclarar que esto se hace “independientemente de lo que esté escrito en su documento. Siempre se le consulta a la familia”.
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