EL DRAGADO DEL RÍO YA SE COMIÓ LAS PLAYAS Y AHORA AMENAZA A LOS ISLEÑOS
“Mire, este era el patio de mi casa. Y se hundió. En menos de un mes, se hundió todo”, dice Luis Musco mientras señala una barranca de casi dos metros y un par de sauces que apenas si asoman sus copas del río. Hace casi dos meses -cuando comenzó literalmente a desaparecer el jardín de su vivienda- a Musco le tocó vivir muy de cerca un fenómeno que desde hace unos años ataca al sector norte de la Isla La Invernada (frente a La Florida): la acelerada erosión de sus costas causada, según denuncian los isleños, por el dragado del cauce principal del Paraná.
En noviembre del año pasado la Defensoría del Pueblo de la provincia ya había intervenido en el tema. Mediante una resolución había solicitado la realización de un estudio de impacto ambiental sobre el dragado y la implementación de medidas urgentes para paliar sus efectos negativos. Sin embargo, muy poco se avanzó y actualmente unas 20 familias temen que la erosión del agua termine llevándose sus casas.
Uno de ellos es Luis Musco, quien lleva unos 40 años viviendo en La Invernada. Pasó varias inundaciones y sequías. “Pero nunca vi algo como esto. Si nadie lo para, en poco tiempo nos quedamos sin nada”, dice mientras recorre la costa norte de la isla.
En esos terrenos viven unas 20 familias de pescadores. Y cada una tiene una pérdida para contar. Muelles rotos, ranchos llevados por el agua y hasta un par de canoas que quedaron partidas en dos después de que un árbol o un trozo de barranca se les viniera encima.
“No sé cuánto tiempo más vamos a aguantar así -señala Musco- por acá debe haber como 40 pibes y realmente está cada vez más peligroso; no quiero pensar lo que pasaría si uno se cae al agua”. Algunas familias ya comenzaron a dejar la isla. “Los que tienen familia o amigos en Rosario se están mudando”, se resigna el pescador.
Una vecina, Rosa Ríos, comparte su inquietud. El fin de semana pasado, un sector de terreno se desmoronó sobre su embarcación y quedó irrecuperable. “A mí me cortaron las piernas. Ahora ya no me puedo mover de acá”, se queja con la vista clavada en la costa rosarina. Ese lugar donde necesita llegar cuando tiene que ir al médico, hacer un trámite o visitar a sus hijos.
Pero, más allá de las vivencias de cada uno, una cosa es clara: la costa de la isla está cambiando. “Donde podíamos caminar más de 200 metros con el agua a la cintura, ahora hay barrancas de 3 o 4 metros”, aseguran los isleños.
Desde el agua, el panorama ilustra a las claras esta nueva situación. Hay decenas de muelles destruidos, viviendas apuntaladas cuyas defensas comienzan a ceder y casas derruidas junto a bares y complejos de camping abandonados.
Los pescadores ya no tienen lugar donde varar las canoas, ahora las dejan atadas a algún árbol que todavía resiste el embate del agua. De allí trepan a tierra firme mediante algunas escaleras que colgaron de las barrancas.
“Sólo falta una firma”
Quienes viven en la isla respetan sólo un mandamiento. “El río te da y el río te quita”, dicen resignados pero rápidamente agregan: “Esto no es culpa del río, esto es culpa de la draga”. Con este reclamo los isleños ya golpearon varias veces la puerta de la Dirección Nacional de Vías Navegables y se presentaron en los despachos de funcionarios y legisladores nacionales.
Su propuesta es sencilla, por un lado piden que se estudien minuciosamente las consecuencias del dragado, pero además quieren que se intente volcar la tierra que se obtiene del dragado del cauce del río sobre la costa de la isla. En un intento por frenar el desmoronamiento del terreno.
“La última vez que nos reunimos con la empresa encargada de hacer el dragado (Hidrovía SA) nos dijeron que podían hacerlo pero que para eso necesitaban la firma del director nacional de Vías Navegables que, según parece, nunca llegó”, afirman los pescadores.
Ya en noviembre del año pasado, el tema había merecido la intervención de la Defensoría del Pueblo de la provincia que mediante una resolución pidió la intervención del defensor del Pueblo de la Nación, Eduardo Mondino, para que se realicen estudios de impacto ambiental de la obra de dragado, al mismo tiempo que se pedían las medidas necesarias para neutralizar los efectos sobre la costa isleña.
La resolución se acompañaba de un informe técnico elaborado por profesionales contratados por la Defensoría santafesina. Allí se constató que la erosión acelerada de la barranca y costa de La Invernada estaba relacionada con el dragado del río.
En ese momento los sectores más afectados eran los comprendidos entre el kilómetro 400 al norte y 424 al sur de la isla. Pero ya se pronosticaba que “de continuar el procedimiento de dragado con idéntica metodología” se afectarían “los restantes inmuebles, recreos y playas existentes”.
Para los isleños esto es ya casi una certeza: “Si no paran esto en poco tiempo, nosotros nos quedamos sin casas. Pero además el río se queda sin isla”, advierten.
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