EL E-MAIL DIO UNA NUEVA VIDA AL HÁBITO DE ESCRIBIR CARTAS
El correo electrónico le salvó la vida al género epistolar. La correspondencia entre personas languidecía. Hacia mediados del siglo XX la masificación de la telefonía fija atravesó el papel, debilitándolo. En los 80 el fax intentó acabar con los sobres lacrados. Pero el e-mail, creado en 1972 en los atrios académicos, irrumpió en los hogares en 1995. Hoy, a diez años, el correo electrónico se transformó en un medio de comunicación completamente renovado entre amigos, parientes, parejas y amantes.
Movió al género epistolar de su anquilosamiento con una estructura que introdujo una retórica y la producción de palabras y significados nuevos.
Los números son fieles a este fenómeno. En 2004 se mandaron unos 182 millones de cartas simples, un 70% menos que todas las que se enviaron en 1995, según proyecciones de la Comisión Nacional de Comunicaciones. Mientras tanto, hoy, unos 6.825.000 argentinos son emisores y destinatarios de correos electrónicos. Estos son el 91% de los usuarios que navegan por Internet desde hogares y locutorios públicos.
Las últimas cifras disponibles revelan que la carta simple ocupa sólo el 18,58% del volumen que despacha el correo, contra un 33,09% de la “carta factura”, es decir, el tipo de correspondencia principalmente representada por contenidos de carácter comercial.
“Cuando irrumpe el correo electrónico la correspondencia epistolar estaba, realmente, casi muerta. El teléfono y el fax ya habían hecho lo suyo. Con matices, el correo electrónico es una forma del discurso epistolar. Es la renovación de la correspondencia entre particulares”, analizó Julio Schvartzman, profesor de literatura argentina de la UBA.
La correspondencia de papel nació cuando los medios de transporte eran precarios y los medios de comunicación escasos y lentos. Delia Beltrán nació en Córdoba en 1925 y puede dar testimonio fehaciente del lugar que las cartas tradicionales ocupaban en la vida privada de aquellos tiempos. “Yo le escribía casi todos los días a mi prima de Buenos Aires. El teléfono era carísimo y no lo usábamos para llamadas de larga distancia. Como ella era única hija, usábamos un código que tomamos de la enciclopedia “El Tesoro de la Juventud”, para que su mamá no pescara los chismes sobre los muchachitos que nos gustaban, entonces de pantalones cortos”.
Que el e-mail haya renovado al género no significa que la carta tradicional haya desaparecido de escena. En tal sentido, Eduardo Di Cola, interventor del Correo Argentino, opina, “el correo sigue cumpliendo un rol importante aún en el envío de cartas como con las que se supone compite el mail. El correo tradicional es más masivo que el mail. Solamente es posible mandar algo físico a través del correo.”
En la actualidad, parte de las personas que antes escribía cartas en papel, lo sigue haciendo. Otros, que solían escribir cartas tradicionales, con la aparición del e-mail dejaron de hacerlo. Y aparte creció toda una generación que sólo conoció el correo electrónico como medio para escribir cartas. “Ellos no viven al e-mail como un cambio”, detalló Martín Denari, director de la carrera de ingeniería y tecnología informática de la Universidad de Belgrano.
La diseñadora de indumentaria Sol Suide está entre quienes abandonaron el hábito de las cartas manuscritas. “Cuando mi amiga Soledad se fue a Italia, nos enviábamos dibujos o collages hechos por nosotras, tamaño postal, con algunas palabras en el reverso. Eso desapareció por completo con la aparición del e-mail”, se lamenta.
Es que para ella, aquellas postales permitían un espacio de expresión artística. “Prefiriría una carta escrita de puño y letra aunque entiendo que son otros tiempos”, describe esta joven, un poco desalentada porque el mail “limitó” su correspondencia “al envío de fotos”.
Laura Siri, investigadora de la UBA y ensayista en sociedad y tecnología, piensa que “ni Internet ni el correo electrónico es un alejamiento entre las personas”. Ella opina que, por el contrario, “hoy en día mucha más gente escribe cartas y toma contacto con otros. Hoy podés encontrar casi todos los días un e-mail de un pariente. No sucedía eso con las cartas tradicionales”.
Es curioso, pero Siri, como muchos otros que nacieron en los 60, cuando aún no existía el lenguaje digital, llegaron a la joven madurez con la PC en la oficina y luego en el hogar y hoy ven en el correo electrónico un simplificador de la comunicación.
“A mi me resulta más fácil escribir un correo electrónico que una carta en papel. Además como hoy los proveedores de Internet ofrecen gran espacio, el mail se puede acompañar de material digital como videos, fotos o música. Eso es más complicado de enviar por el correo tradicional y más caro”, asegura Carlos Horowicz, socio director de Argentina Punto Com.
Así la historia, el e-mail reemplazó al correo tradicional, un sistema de comunicación milenario, en apenas diez años.
Y hoy ya se habla de un sustituto del e-mail. “El nuevo reemplazante del mail es el sms (el envío de mensajes cortos por celular)”, adelanta Pablo Tedesco, director asociado de la consultora Prince & Cooke.
Con más o menos fanatismo por el correo electrónico, lo cierto es que muchas personas que habían abandonado el hábito de escribir, hoy lo hacen a menudo. Aunque no todo son rosas. La velocidad a la que se realiza esa escritura puede contener en su seno —por ejemplo—, algún tipo de peligro para la salud del lenguaje.
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