EL ELEGIDO
“Pensé que iban a elegir a otro.” Carlos Espínola es mezcla de sorpresa y alegría. Allá en su Corrientes natal, mientras se toma unos días de descanso, se acaba de enterar, vía telefónica, que fue elegido para llevar la bandera argentina en la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Atenas, el 13 de agosto próximo. Un premio a los innegables logros de Espínola en Atlanta 96 y Sydney 2000, pero que sorprende (incluso a él) porque será la primera vez en la historia que el abanderado de nuestro país se repetirá en dos Juegos consecutivos.
La designación del correntino se decidió ayer, en la sede del Comité Olímpico Argentino. Los jefes de equipo de los deportes clasificados se reunieron y llevaron sus propuestas. Y así se armaron seis candidaturas: Emanuel Ginóbili (basquetbol), Javier Correa (canoaje), Luciana Aymar (hockey sobre césped), Guillermo Coria (tenis), Juan Curuchet (ciclismo) y Espínola. De los 20 delegados, sólo 16 estuvieron presentes; votaron ellos más la oficial de los atletas, María Julia Garisoain. Para ganar, había que obtener la mitad más uno de los sufragios.
En la primera rueda de votación quedaron eliminados Manu, Correa y Aymar, con dos cada uno; Espínola sumó cinco y Coria y Curuchet, tres cada uno. La segunda rueda dejó en el camino al finalista de Roland Garros, con los mismos tres votos, frente a los ocho de Espínola y los cinco del ciclista.
Ahora era uno contra uno. Y todo fue tan parejo como hasta ese momento: el doble medallista olímpico se impuso a Curuchet por nueve votos contra ocho. Hubiera sido, también, un premio para Juan, que en Atenas 2004 competirá en los quintos Juegos Olímpicos.
El halago, empero, fue para Espínola, 32 años, que conquistó en los últimos dos Juegos Olímpicos la medalla plateada en la Clase Mistral de yachting. Después del último logro, comenzó una nueva etapa en la Clase Tornado, junto con su amigo Santiago Lange. Con la seriedad de siempre. Y demostró que está en el buen camino, ya que hace pocos meses se consagraron campeones mundiales.
Lo único que resta definir es la fecha en la que se hará la entrega de la insignia al abanderado. Tendrán que coincidir las agendas de Espínola y del presidente Néstor Kirchner o, en su defecto, el secretario de Deporte, Roberto Perfumo. Lo seguro es que el 1º de julio se hará una cena de despedida para la delegación argentina, en el Buenos Aires News.
Entonces, en su Corrientes natal, recibe la llamada de LA NACION. “Sí, siento una alegría enorme, un orgullo único. Y la alegría no es sólo por llevar la bandera. Siento que es un reconocimiento para mi trayectoria.”
-¿Esperabas que te eligieran otra vez?
-Sabía que estaba entre los candidatos, pero como te dije antes, pensé que iban a elegir a otro. Todos los que estaban ahí hicieron los méritos para llevar la bandera, por esfuerzo, por dedicación, por pasión.
-¿Y qué recordás de la experiencia en Sydney?
-La emoción que sentí, toda la gente que había… Todo. Por suerte es un procedimiento bastante sencillo: te dan unas pocas explicaciones antes de la ceremonia y nada más. Todo está muy bien organizado en los Juegos.
-Quizá ser abanderado otra vez te dé la suerte de Sydney, donde pudiste ganar otra medalla…
-Ojalá, pero espero que sea la dorada y no la plateada otra vez. Quiero seguir disfrutando todo esto y repetir la medalla, pero que sea de otro color.
Con esa esperanza irá Carlos Espínola al frente de la delegación argentina el 13 de agosto próximo, con la bandera argentina, como ya lo hizo en Sydney. Las otras ilusiones argentinas estarán representadas muy bien en el correntino, un hombre que ya sabe de medallas y banderas.
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