EL ENTENDIMIENTO KIRCHNER-REUTEMANN PONE A OBEID EN OTRO LADO
Jorge Obeid no se reunió la semana pasada con el Presidente Néstor Kirchner. Para ser más precisos habría que decir que el Jefe de Estado recibió en su despacho a todo el mundo que llegó de Santa Fe -por diferentes temas- salvo al gobernador, quien en principio figuraba en la agenda presidencial, y fue reemplazado sin previo aviso por el senador nacional Carlos Reutemann, que prestamente llegó a Balcarce 50.
Antes de ese encuentro, Kirchner les concedió cerca de una hora a los empresarios damnificados por las inundaciones del año pasado, que no ahorraron críticas hacia los dirigentes del peronismo santafesino. Después -al día siguiente-, recibió a los familiares de las víctimas de la violencia, y allí Kirchner volvió a escuchar críticas hacia el gobierno de Santa Fe. La nueva relación del presidente con el senador Reutemann, cambia el escenario y en ese marco Obeid ya comenzó a bajar dramáticamente su perfil.
Sin dudas, la que pasó no fue la mejor semana de Obeid en el gobierno, pero existen fundados temores de que tampoco pueda quedar marcada como la peor. El distanciamiento con el gobierno central es indisimulable, y si la interlocución -por los temas de la provincia- ha quedado en manos de Carlos Reutemann el panorama que se abre para el gobernador es francamente preocupante. No sólo por el raléo que ha sufrido -nada indica que no lo seguirá sufriendo- sino por que todo lo que le llegue como información será de segunda mano, habiendo sido “filtrado” nada menos que por Carlos Reutemann que es incapaz de romper una lanza por nadie, y menos por Obeid.
Alrededor del gobernador intentan desdramatizar los episodios de la semana pasada, en la que el mandatario quedó “pintado” después de haber “gastado a cuenta” cuando supuso que tras la foto del mausoleo con Eduardo Duhalde, José Manuel De la Sota y varios extras, no cabía otra alternativa que la convocatoria a “charlar para solucionar los problemas”. Sostienen que “el diálogo directo con el Lole le va a dar a Kirchner la pauta de lo difícil que es para el Turco gobernar con la presión de la mayoría parlamentaria reutemista”, explica un colaborador del gobernador en un exceso de optimismo. Una visión menos comprometida del mismo episodio podría decir que Kirchner saltea la intermediación de Obeid -institucionalmente el poder en Santa Fe- para dialogar con el poder real. En la Casa Rosada -donde los gestos políticos son evaluados a partir del protagonismo del presidente y no de los actores de reparto- la reunión con Reutemann fue presentada como una muestra de conducción política, y el llamado de Presidencia al Senador Reutemann 48 horas más tarde para confirmar el envío de 45 millones de pesos al Estado provincial de la deuda que mantiene la Nación, es al algo así como el “remito” por la factura que el Lole canceló yendo a la Rosada, sin Obeid, y en donde ratificó que seguirá votando las leyes que el Poder Ejecutivo envíe al Senado.
“Fue la reunión de dos estadistas”, dijo la senadora Roxana Latorre, quien ofició de vocera de su colega de bancada. Más allá de la exageración de la legisladora -en cuanto a la estatura política de los contertulios- lo que hizo Latorre fue ubicarlos en la misma categoría, a la que no accedería Jorge Obeid, que se autodefinió como “dirigente de provincia” tiempo antes de calificar como “reserva del peronismo” a Carlos Reutemann, lo cual significó para Kirchner la gota que revalsó la copa.
Habrá que ver, de ahora en más, cómo se desenvuelve Obeid en ese nuevo escenario en el que Lole acuerda con el Presidente y lo sigue condicionando en los temas de cabotaje.
Hasta antes de la reunión cumbre, Obeid protagonizó un par de actos de “reutemismo explícito” que algunos consejeros le advirtieron que no le serían reconocidos por el ex-piloto de Fórmula Uno. Ahora que el Presidente ha delineado su relación con Santa Fe a través de la figura de Reutemann, no deberían surgir problemas en el “exitoso tándem” que contituyen Reutemann/Obeid, sobre todo en lo relacionado con los proyectos que se manden a la legislatura. Eso al menos es lo que parece insinuar el haberle puesto fecha al tratamiento de la Ley de Lemas, cuya derogación es impensable sin el concurso de los legisladores que responden a Carlos Reutemann. Obeid cree que la gobernabilidad se vería comprometida si el Lole así lo dispone. Hay que reconocer que tiene razones para pensarlo, bastaría recordar la gestión del ’95 al ’99 en la que Reutemann lo tuvo en jaque perpetuo. Precisamente después de aquel calvario, repetir la receta, parece una muestra de las limitaciomes políticas del obeidismo.
Lejos de redoblar la apuesta, Obeid ya bajó el perfil, reporta más que nadie a Eduardo Duhalde, y el ex Presidente interino es el que encabeza el repliegue en la interna peronista. La relación que se insinúa entre Kirchner y Reutemann le va a restar protagonismo pero le va a permitir tomar distancia de las reyertas palaciegas que generalmente terminan afectando mucho más a terceros que a los directamente involucrados.
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