EL ENTIERRO DEL PIQUETERO REUNIÓ A SECTORES DUROS CON OFICIALISTAS
El crimen de Martín Cisneros devino en otra fuerte señal política de los piqueteros: ayer, los sectores duros y los aliados del Gobierno despidieron todos juntos el cuerpo del hombre asesinado el viernes a la noche en su casa de La Boca.
Con el mismo gesto adusto y en silencio, el líder de la Federación de Tierras y Viviendas, Luis D’Elía, y el duro del Movimiento Independiente de Desocupados y Jubilados, Raúl Castells, participaron del entierro de Cisneros, que se realizó por la mañana en el cementerio de la Chacarita.
“Repudiamos con toda indignación el asesinato del compañero Martín Cisneros, nos solidarizamos con sus amigos y familiares y, en esta situación, nos ponemos incondicionalmente del lado de la FTV”, dijo el barbado Castells en un comunicado de prensa.
“Ante la muerte, ante el asesinato, ante la represión, ante el autoritarismo, ante la judicialización, nos van a encontrar jun tos”, dijo D’Elía luego del entierro. Fue al cabo de una semana en la que sólo había tenido actitudes diferenciadoras y palabras filosas para Castells y los duros.
Aquellos reflejos de unidad piquetera tuvieron su contracara en el Gobierno: allí se mostraban confundidos por el episodio de la muerte de Cisneros. Extraoficialmente, y en línea con la tesis de D’Elía, lo definían como “un mensaje”, aunque aún no podían precisar de quién ni con qué motivos. “No parece ser casualidad que a Cisneros lo mataran justo el día del aniversario de los asesinatos de Kosteki y Santillán”, dijo a Clarín una fuente del Gobierno. De todos modos, de Néstor Kirchner para abajo nadie quiso hablar públicamente del tema.
Cisneros fue asesinado el viernes a la noche. Recibió siete disparos. El principal sospechoso, Juan Carlos Duarte, fue detenido el sábado. Y ayer, un menor de 17 años corrió la misma suerte. El juez Norberto Oyarbide los indagará hoy.
El cuerpo de Cisneros, militante de la FTV, fue despedido ayer a la mañana con un aplauso cerrado de unas mil personas —militantes, familiares, amigos, organizaciones de desocupados— que se acercaron al cementerio de la Chacarita.
Decir que fue una ceremonia sentida y dolorosa suena a obviedad. En todo caso, hay un dato que habla de la tarea de Cisneros: además de los familiares directos, los más sensibilizados parecían ser los chicos que todos los días reciben su ración de comida en el comedor “Los Pibes”, en La Boca, el lugar que él manejaba junto a Angel Borello.
El aplauso fue un gesto repetido, como cuando al bajar el féretro del auto alguien gritó “¡Oso (así le decían a Cisneros) presente!”. Luego hubo una misa en la capilla del cementerio.
Compañeros de Cisneros cargaron el cajón mientras la madre, la hermana y el cuñado del asesinado marchaban acurrucados, como si fueran uno, detrás de ellos. Estaban desconsolados.
El cortejo de más de una cuadra reunió además de D’Elía y Castells a dirigentes de los otros grupos piqueteros duros, como el Polo Obrero y el MTL.
También pudo verse al diputado hiperkirchnerista Miguel Bonasso y al diputado socialista Ariel Basteiro, y a los sindicalistas Edgador De Petris (ATE), Hugo Yaski (CTERA) y Roberto Baradel (SUTEBA), los tres de la CTA.
D’Elía dio un discurso y luego, ante la prensa, siguió cargando con duras definiciones y especialmente le apuntó a Eduardo Duhalde: “Yo les digo a las mafias de la provincia de Buenos Aires: no nos van a parar con muertes. Se lo digo a Duhalde cara a cara.”
También señaló que la muerte de Cisneros “se enmarca en la colombianización de la política argentina, donde los sicarios matan dirigentes haciéndole los mandados al poder económico”.
“Esto fue un pase de facturas por lo de Parque Norte”, dijo luego D’Elía al vincular el crimen a una supuesta represalia por el reconocimiento que le dio el Gobierno a su sector la semana pasada. Una decisión de la que varios en la Rosada ya están arrepentidos, no tanto por el apoyo a D’Elía como por haberlo hecho de una manera tan ostensible.
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