EL EPISCOPADO ANALIZA LA POSIBILIDAD DE PEDIRLE UNA REUNIÓN A KIRCHNER
Hasta el viernes existía la impresión generalizada en la Iglesia y las segundas líneas del Gobierno de que el año se acabaría sin un encuentro entre el presidente Néstor Kirchner y la conducción del Episcopado. El Presidente estaba abrazado a su anuncio de cancelación de la deuda y los obispos se encaminaban a la celebración navideña. Pero las señales que envió este fin de semana Kirchner hicieron resurgir las expectativas de corto plazo: “Cuando quieran me reúno con los obispos. Es cuestión de que me pidan una audiencia. Nunca fui invitado por el Episcopado”, le dijo el Presidente a Clarín.
Fuentes eclesiásticas no descartaron anoche que —ante la señal presidencial— la cúpula eclesiástica considere la posibilidad de solicitarle una reunión. “Hasta el viernes no estaba previsto, pero quizás ahora los obispos decidan evaluarlo”, le señaló a Clarín un calificado vocero episcopal.
En tal caso, la decisión quedaría en manos del presidente del Episcopado, cardenal Jorge Bergoglio, los vicepresidentes primero, monseñor Luis Villalba, y segundo, monseñor Agustín Radrizzani, y el secretario general, monseñor Sergio Fenoy, o sea, de la mesa chica.
En rigor, la semana pasada, los obispos dejaron trascender que hace un mes, luego de que renovaron sus autoridades, invitaron a Kirchner a la sede del Episcopado “ante el deseo que hace un año nos había expresado el Presidente durante un encuentro en Casa de Gobierno de hacernos una visita”.
La difusión del convite cayó como una bomba en el Gobierno, ya que se la tomó como una operación de las autoridades eclesiásticas para, según su lectura, hacer aparecer a Kirchner como el responsable de la falta de diálogo con la Iglesia.
Hace rato que los roces y desconfianzas atraviesan la relación. El diálogo entre el Presidente y la conducción de la Iglesia es inexistente desde hace un año y medio, lapso durante el cual el vínculo se deterioró a raíz de una serie de episodios como la decisión de Kirchner de echar unilateralmente al obispo castrense, Antonio Baseotto, por sus duras críticas al ministro de salud, Ginés González García.
El último episodio sucedió hace un mes, cuando Kirchner criticó duramente a los obispos por su último documento.
Desde que se inició el deterioro, se comenzó a considerar conveniente que el Presidente y los obispos se reunieran para acortar distancias y recrear la confianza mutua.
Sobre todo, se juzgó muy apropiado que Kirchner —que en definitiva protagonizó casi todos los gestos que disgustaron a los obispos— conversara con el indiscutible número uno de la Iglesia: Bergoglio.
Pero todo indica que ni el Presidente parecía interesado en pedir una reunión ni el cardenal se moría de ganas por solicitarle una audiencia.
En ese contexto, hay quienes piensan que el nuevo presidente de la Pastoral Social, monseñor Jorge Casaretto, de buena llegada a la Casa Rosada, podría convertirse en una figura clave en la reconstrucción del canal de diálogo. El problema ahora es que los obispos están en tiempo de descuento para celebrar la Navidad y en enero Bergoglio viajará a España para dirigir un retiro espiritual para los obispos españoles. Cualquier movida debe ser rápida. O todo pasará a febrero.
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