EL EPISCOPADO TRATA DE EVITAR UNA NUEVA POLÉMICA CON EL GOBIERNO
El centenario de obispos del país iniciaron ayer un plenario clave con el extendido ánimo de no quedar atrapados en la virulenta polémica que se originó luego de que el arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, denunciara el reparto de preservativos en una escuela a chicos de entre 11 y 13 años. Y que —cuando comenzaba a ceder— reapareció con el sorpresivo llamado a la desobediencia civil del arzobispo saliente de Resistencia, monseñor Carmelo Giaquinta, si el Estado perseveraba en esa metodología.
Los obispos tienen que tomar durante sus seis días de deliberaciones un par de resoluciones delicadas: deben elegir a sus nuevas autoridades y decidir si difunden la primera declaración sobre aspectos de la realidad nacional desde que Néstor Kirchner asumió la Presidencia. Para ello, quieren un clima sereno. No es que consideren de escasa gravedad la denuncia de Aguer, sino que muchos creen que —hecho el toque de atención público— deben privilegiarse después los caminos de diálogo.
Con esa posición ajena a las estridencias, no se está haciendo otra cosa que ratificando el estilo mesurado de la conducción del Episcopado, que preside hasta esta semana el arzobispo de Rosario, monseñor Eduardo Mirás. Estilo que seguramente continuará la nueva cúpula —que encabezaría el cardenal Jorge Bergoglio— en respuesta al propio sentir de las máximas autoridades eclesiásticas y —como se dijo— al sentir mayoritario de los miembros del Episcopado.
En un alto de la sesión de ayer, una fuente del Episcopado dijo a Clarín que la polémica por el modo en que se imparte la educación sexual en los colegios no iba a dominar las sesiones del plenario. “Esta controversia no va a modificar el temario predeterminado”, dijo. No obstante, no debe descartarse que en una eventual declaración final, se exhorte a “una educación sexual responsable”, pero ya fuera del clima agitado que englobó la controversia.
En la misa de la inauguración del plenario, Mirás no dijo palabra de la polémica. Ni siquiera incursionó directamente en la situación nacional. Recordó, en cambio, el mensaje de un reciente congreso de laicos que organizó la Iglesia, donde —y vale para el caso la cita que hace— “se destaca el anhelo por construir espacios de diálogo para rehacer una cultura que, con respeto mutuo, busque el bien común y la reconstrucción del tejido social, que acabe con las desconfianzas y recelos, para construir en unidad un estilo de compromiso cristiano en un mundo plural”.
Con todo, quedó claro que Aguer —sobre todo en el posterior cruce que tuvo con el ministro de Salud, Ginés González Garcia, cuando este lo tachó de “fanático” y aquel de “intolerante”— mostró un estilo diferente al del grueso del Episcopado. No es un dato menor que lo haya hecho en vísperas de la elección episcopal. En verdad, expresa a los sectores más duros que quisieran una Iglesia más combativa. La reacción medida de ayer del ministro ante los dichos de Giaquinta evitó fortalecer a los sectores más conservadores.
De todas formas, Mirás aprovechó su homilía para quitarle voltaje a los comicios episcopales. “Las elecciones en el Episcopado —dijo— no son comparables a ninguna otra. Los medios suelen presentarlas como el resultado de cabildeos y apetencias que expresan ideologías distintas, clasificando a sus miembros según las tendencias, como suele hacerse en el mundo político. No se tiene en cuenta la ausencia de faccciones o competencias”. Ya la semana pasada, la oficina de prensa del Episcopado difundió un texto en el mismo sentido.
Con o sin campaña, desde esta mañana, en la quinta de retiros El Cenáculo, de Pilar —que reemplaza a la sede habitual, la casa María Axuliadora, de San Miguel—, los obispos harán hablar a las urnas.
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