EL EQUIPO DE BIANCHI NO GENERÓ JUGADAS PELIGROSAS Y EMPATÓ SIN GOLES CONTRA GIMNASIA
Era la vuelta de Boca a la Bombonera después de la gran conquista de Yokohama, ante el Milan, dos meses atrás. Se parecía a un simbolismo. A la oportunidad de la reivindicación después de un verano gris. Claro, sobraban argumentos para creerlo. Porque no se le puso atención extrema a esos juegos de pretemporada. Y porque otra cosa es este equipo, sin grandes brillos pero poblado de éxitos y de oficio cuando juega por los puntos, en serio. Sin embargo, la intrascendencia de esos partidos —con formaciones variadas— había dejado una luz de alarma. Las cuatro derrotas consecutivas fueron el espejo de una peligrosa anemia ofensiva. Pero se esperaba que la vuelta a la plenitud —física y mental— de Carlos Tevez consiguiera revertir la tendencia.
No pasó. Boca no pudo contra el esquema ultraconservador que diseñó Carlos Griguol para Gimnasia en el comienzo del Clausura. Todo terminó en cero. Y el pecado mayor del equipo de Carlos Bianchi no fue que no haya conseguido goles sino que no generó jugadas nítidas para lograrlos. Sólo una ocurrió en el segundo tiempo, el encare individual del mellizo Guillermo que terminó con el penal de Olveira. El propio Barros Schelotto lo ejecutó, al medio del arco, y Olave salvó la igualdad con su atajada. Pero tampoco habían mostrado los locales ni ingenio ni potencia ofensiva durante gran parte de la primera etapa. Sólo después de los 20 minutos, cuando se despertó la habilidad furiosa de Carlos Tevez se produjo el contagio, y el equipo se acercó al arco adversario. Un cabezazo fallido del colombiano Vargas, un remate de Donnet que se desvió en Licht y una entrada de Iarley que salvó Olave. Sólo tres chances para un equipo que había mantenido la posesión total de la pelota.
Gimnasia salió y cumplió con un plan estricto. Orden defensivo, una línea de cinco, en realidad, disfrazada de tres defensores (Olveira, Herner, Goux) pero con Solana y Licht complementando por los costados. Más Esteban González e Yllana como tapones. Lobos, algo más suelto con la asistencia de Choy González y Rueda como punta neto. La idea estaba clara: mantener el cero en el arco propio y apostar al acertijo de alguna contra o algún centro afortunado. El proyecto no contemplaba audacias. Claro, siempre ocurre que un equipo que se defiende a ultranza dispone de algunas oportunidades para marcar. Gimnasia tuvo tres. Casi calcadas y con un mismo protagonista: Choy González, Fueron tres cabezazos solitarios y frontales. El primero, al comienzo, tras un centro de Licht, rebotó en el travesaño; el segundo, a los 20 (centro de Solano) se fue rozando el palo derecho. El tercero, a los 6 del segundo (otro centro de Solano), provocó una gran intervención de Abbondanzieri.
Entonces, a pesar de la abismal diferencia en las intenciones y en las actitudes, las situaciones de gol fueron parecidas. Y esto grafica las dificultades para concretar que padeció el equipo local. Y, además, alerta sobre la falta de sincronización de los marcadores centrales para controlar a un cabeceador solitario.
Boca no cuenta con un armador clásico en sus formaciones. Podrá decirse, por supuesto, que con este esquema le fue más que bien en el segundo semestre del año pasado. Pero cuando los accesos ofensivos se complican se nota la ausencia de un pensador, un estratega. El chico Neri Cardozo tuvo un debut auspicioso como volante por izquierda. Buscó simplificar en sus intervenciones pero mostró atrevimiento para jugar cuando se le dio la oportunidad. Y es un mérito doble a los 17 años. La mayor presencia ofensiva deberá elaborarla con el rodaje. Fabián Vargas no hizo olvidar, por ahora, la ubicuidad de Battaglia. Y si Cascini volvió a privilegiar las discusiones por encima de las precisiones, y si Tevez se desinfla en el segundo tiempo y Donnet no pasa la medianía y Pedro Iarley no trasciende, y no alcanzó el ingreso de Guillermo por un volante (Cardozo), ni la entrada no gravitante de Barijho, ni la heroica de mandar a Schiavi como centrodelantero, se comprenderá la decepción de la gente de Boca, que arrancó saludando al campeón y se fue en desconfiado silencio.
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