El escándalo de corrupción de Petrobras salpica al resto de la economía brasileña
Un escándalo de corrupción en Petróleo Brasileiro SA, controlada por el estado, ha provocado jaquecas políticas para la presidenta Dilma Rousseff. Ahora, además, está amenazando la economía.
Lo que comenzó como una investigación sobre lavado de dinero en una gasolinera ha alcanzado las oficinas ejecutivas de Petrobras y las constructoras más importantes del país, acusadas por los fiscales de estafar al gigante petrolero. Las repercusiones están golpeando a algunos de los principales sectores empresariales de Brasil.
Petrobras, la mayor compañía del país y una importante fuente de inversiones de capital, está en caos. La empresa, que aún tiene problemas para calcular el impacto del fraude, ha cancelado proyectos y aplazado pagos a los contratistas acusados, lo que ha provocado una reacción en cadena de cesaciones de pagos y rebajas de calificación crediticia. Miles de trabajadores han perdido sus empleos en la construcción de refinerías, buques cisterna y plataformas petroleras. Los bancos que otorgaron préstamos a las firmas acusadas por las autoridades están restringiendo el crédito y preparándose para registrar posibles pérdidas.
El escándalo representa una carga para el nuevo equipo económico de Rousseff y es un gran obstáculo para la economía, que se ve afectada por un crecimiento lento, una ampliación del déficit y una sequía histórica. Un reciente sondeo a economistas indica que el Producto Interno Bruto crecerá apenas 0,13% este año, pero incluso esa cifra podría ser optimista.
“Los problemas de contagio de Petrobras podrían no haber acabado”, dice Carlos Kawall, economista jefe de Banco Safra y ex secretario del Tesoro brasileño. “No hay que descartar una recesión en Brasil en 2015”.
Apodada por las autoridades como la “Operación Lavado de Autos”, la creciente investigación federal ha dejado a la luz el turbio mundo de los contratos públicos, históricamente una fuente de derroche y abuso en América Latina.
Las autoridades alegan que en los últimos años algunas de las mayores empresas de construcción de Brasil pagaron sobornos para obtener US$23.000 millones en contratos de Petrobras. Los fiscales dicen que las firmas coludieron para inflar los precios de las obras y pagaron una porción a altos ejecutivos de Petrobras y políticos, entre ellos miembros del Partido de los Trabajadores, al cual pertenece Rousseff.
Desde que estalló el escándalo, en marzo del año pasado, los fiscales han presentado cargos de corrupción, lavado de dinero y crimen organizado contra 39 personas. La lista incluye a dos altos ejecutivos de Petrobras y 27 de grandes constructoras como Camargo Corrêa S.A., Queiroz Galvão S.A. y OAS S.A. Quince de ellos esperan su juicio y uno está bajo arresto domiciliario.
Petrobras sostiene que es una víctima de la presunta estafa y que está cooperando con las autoridades. Rousseff no ha sido implicada y representantes del PT han desmentido su participación. Algunas de las empresas y abogados de las personas acusadas han negado que hayan cometido delitos y otros han dicho que colaboran con los investigadores.
El golpe político podría ser apenas el comienzo. Los fiscales han indicado que habrá una nueva ola de cargos pronto, esta vez contra políticos y funcionarios del gobierno.
De todos modos, la economía brasileña ya está pagando los platos rotos. El viernes, Eliane Cantanhêde, columnista del diario O Estado De S. Paulo, resumió con estas palabras el crucial rol de Petrobras en la economía del país: “Petrobras es el centro de un engranaje que mueve cientos de empresas, miles de millones de reales y millones de personas”, escribió. “Si se atasca, la máquina para”.
Los bonos de Petrobras se transan a mínimos récord y Moody’s Investors Service rebajó el jueves todas las calificaciones de la empresa, que corre el riesgo de perder su codiciado grado de inversión. Sus acciones han retrocedido más de 70% desde principios de septiembre. El colapso del petróleo es un factor, pero Petrobras ha tenido un desempeño mucho peor que sus competidores globales y ha perdido US$86.000 millones en capitalización bursátil durante ese lapso.
El miércoles, Petrobras divulgó sus resultados del tercer trimestre, que habían sido aplazados por el escándalo. El informe no auditado indicó que la ganancia cayó casi 9% interanual, pero no incluyó ninguna rebaja contable relacionada con la Operación Lavado de Autos.
La presidenta ejecutiva de la empresa, Maria das Graças Silva Foster, dijo el jueves a la prensa que la petrolera reducirá sus actividades de exploración “al mínimo necesario”.
Las penurias se han propagado al sector de la construcción.
En diciembre, Petrobras prohibió a 23 firmas implicadas en la Operación Lavado de Autos participar en nuevas obras para la petrolera mientras continúe la investigación. También ha suspendido los pagos a empresas acusadas y cancelado contratos.
Las medidas han paralizado una serie de proyectos de envergadura, cuyas secuelas se sienten en la cadena de suministro. Más de 10.000 personas han perdido trabajos en obras relacionadas con Petrobras sólo en los últimos dos meses, según sus sindicatos.
Petrobras es un gran motor del desarrollo de infraestructura en Brasil, ya que representa cerca de 10% de la inversión fija anual, indica el gobierno. Kawall proyecta que las inversiones de capital de la petrolera podrían caer 20% este año como consecuencia del escándalo y el descenso del petróleo.
De hecho, aumentan los temores de que la parálisis podría frenar no sólo el crecimiento del PIB sino también las ambiciones de Brasil de convertirse en uno de los cinco mayores productores de petróleo para 2020. La producción anual promedio de Petrobras subió 5,3% el año pasado gracias en gran parte a sus inversiones en los yacimientos en aguas profundas.
Marginar a todas las constructoras acusadas que trabajan en infraestructura vital para los proyectos de perforación marina desaceleraría considerablemente las iniciativas de Petrobras, según expertos. Una solución que se está considerando en Brasília es que el gobierno alcance acuerdos con las constructoras para permitirles continuar trabajando con Petrobras a cambio de admitir su culpa.
Fuente: La Nación Digital
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