EL ESCENARIO QUE LE ESPERA A OBEID
“Si (Carlos) Reutemann hubiera hecho campaña una o dos semanas más, Alberto Hammerly sería hoy el próximo gobernador de Santa Fe”. La frase en boca de los allegados al mandatario santafesino o en los seguidores del actual presidente de la Cámara de Diputados trasciende al barniz autocrítico del que parece revestida. Por el contrario, permitiría entrever un dejo de satisfacción.
Aceptar esta hipótesis sería coincidir con el balance que en la Casa Gris atribuye a los comicios un sentido plebiscitario respecto de la figura Reutemann y de su futuro político. “Es cierto, estoy otra vez arriba de la vía”, admitió el gobernador a La Capital, en inequívoca alusión a un reposicionamiento en la escena nacional. ¿Qué otra cosa puede significar su dicho que, además, renueva la vigencia de su ya inveterada estrategia para ejercer el poder en la provincia?
Esta pregunta resulta esencial a la hora de intentar vislumbrar el escenario sobre el que Jorge Obeid deberá desenvolverse. El gobernador electo llega, ciertamente, más fortalecido que en 1995 pero, tal vez, más condicionado que entonces. Tampoco parece encontrar un anclaje nacional de incuestionable solidez.
Admitir este planteo, que el obeidismo está obligado a desconocer en público por razones obvias, implica aceptar un marco de confrontación en el horizonte inmediato. Las señales de ello son, al menos, elocuentes. ¿Esa confrontación será en la provincia con el reutemismo y en la Nación con el kirchnerismo?
Una primera y probable consecuencia de ello sería que las peleas internas por el predominio en los espacios de poder se impusieran a la discusión de políticas de Estado que la provincia necesita de modo perentorio, para las cuales se requerirá de efectivos consensos constructivos, imposibles en medio de una posible revulsión de mezquindades facciosas. Ya se ha señalado profusamente que Obeid deberá gobernar con una Cámara de Senadores empatada en número por miembros que le responderían a él y de quienes llegaron de la mano del sublema que apadrinó Reutemann. En Diputados, la mayoría de 28 miembros estará menguada por la presencia de un bloque de neto cuño reutemista y otros que responden a otros sectores del oficialismo.
Por otra parte, nadie ha desmentido todavía de modo público a las varias fuentes que aseguran que en la noche del domingo último el presidente Néstor Kirchner felicitó telefónicamente a Hermes Binner por haber resultado el candidato más votado. Una noticia que, de confirmarse, no haría más que afianzar los peores temores de los obeidistas, algunos de los cuales ya tienen visos de certezas.
Ayer, Obeid se entrevistó con Kirchner y, aunque logró que le aceptara la invitación para asistir a la asunción del 11 de diciembre, todavía no se aseguró su presencia. No trascendió lo hablado entre el gobernador electo y el presidente, pero a no pocos allegados de Obeid les hubiera gustado que su jefe reprochara la escasez de contundencia en los gestos de apoyo durante la campaña. Son quienes se dicen convencidos de que desde la Nación se trabajó de un modo efectivo por un triunfo de Binner.
Hasta los más discretos obeidistas han tenido que admitir que para Kirchner la elección en Santa Fe no existió, al punto de no habérsele escuchado una sola expresión pública referida al comicio que consagró a Obeid como sucesor del Lole.
Aunque comprensiblemente se busque disimular esta situación y se la procure encaminar a un futuro en el que reine mayor armonía, entre Obeid y Kirchner domina hoy una ambigüedad cuyas razones profundas sólo ellos conocen. De hecho, el gobernador electo se encargó de resaltar que se considera “amigo” de Eduardo Duhalde y que con Kirchner lo une “una relación afectuosa”. Cuando se le hizo notar que parecía formular allí un distingo, pareció enviar un críptico mensaje con destinatario desconocido, aunque presumible: “Lo dicho, dicho está”, cortó por lo sano.
La desconsideración presidencial tuvo su momento cúlmine cuando a Kirchner visitó Paraná a escasos días de la elección. Había traído en su avión a Obeid y lo tenía a su lado cuando le ratificó un apoyo que, de inmediato, menguó con un recordatorio de su respeto hacia Binner sin que nadie se lo haya preguntado.
Pese a los pedidos, el presidente no pisó Santa Fe, aunque viajó a más de una provincia para apoyar a otros candidatos a los que apadrina como dijo hacerlo con Obeid. Anoche estuvo en cierre en campaña de Felipe Solá en la provincia de Buenos Aires. Pasadas ya las elecciones, Kirchner no sólo no abrió la boca sino quienes lo hicieron desde su gobierno fue para resaltar el triunfo de Reutemann.
Cada vez que el Lole necesitó cohesionar al peronismo desempolvó siempre su potencialidad de presidenciable. Y le dio resultado. Siempre hubo muchos que no estuvieron dispuestos a sacar los pies de un plato que pudiera verse rebosante algún día. Esta vez Reutemann parece hacer lo mismo, aunque cuatro años antes. Semejante anticipación sólo permite deducir que el efecto que esta vez busca es el de preservar su influencia y poder en la provincia. De hecho, ya le han anoticiado a Obeid que si intenta conseguir la presidencia partidaria, el reutemismo estará en la vereda de enfrente dispuesto a combatirlo. Y puede ser que ésa no sea la única cuestión a confrontar a lo largo de cuatro años.
En la madrugada del lunes y mientras esperaban el momento propicio para hacer el anuncio del triunfo desde el Salón Blanco de la Casa de Gobierno, Reutemann no habría dejado de mencionarle a Obeid que él se jugó entero en apoyo a su candidato (Hammerly) y que, en cambio, el presidente no había hecho lo mismo. Casualmente hay obeidistas que también consideran que si el Lole hubiera hecho un poco más de campaña habría logrado imponer a Hammerly. En su caso, se trata de una admisión de que son conscientes del férreo tironeo que viene. Es de esperar que unos y otros no olviden que colgados a esa soga se encuentran 3 millones de santafesinos.
Este contenido no está abierto a comentarios

