EL FISCAL CREE QUE EL AMIGO DE NATALIA MINSTIÓ Y LO MANDÓ PRESO
Nicolás Gómez mintió. Eso es lo que cree el fiscal que investiga el crimen de Natalia Di Gallo, la chica de 16 años que apareció muerta el 1º de enero en el Parque Pereyra Iraola. Y por eso ayer fue detenido. Si bien todavía no está claro qué grado de participación habría tenido en el crimen, lo acusan de un delito muy grave: “privación ilegal de la libertad agravada por el resultado de muerte y falsa denuncia”.
Es decir, para los investigadores Gómez sería responsable de la privación ilegal de la libertad de la chica y como consecuencia de esa privación Natalia murió, independientemente de que él la haya matado o no.
Hasta el martes, Gómez (19 años y ex compañero de colegio de Natalia) era testigo, pero los Di Gallo siempre sospecharon de él. Ayer a la mañana la causa dio un vuelco cuando a las 6, policías de la DDI de Quilmes y un instructor judicial fueron hasta su casa de Florencio Varela. Nicolás dormía. Lo despertaron y dejaron que se diera un baño. Luego, se lo llevaron preso.
El pedido de detención de Gómez —elevado por el fiscal de Quilmes Claudio Pelayo y autorizado por el juez de Garantías Marcelo Goldberg— surgió porque los investigadores advirtieron contradicciones entre el relato que hizo de los hechos (sobre todo, la secuencia horaria) y la evidencia incorporada a la causa, en especial algunas pericias.
El 28 de diciembre a la noche Natalia salió de su casa de Bosques para ir a cenar con Gómez. Cuando subió al auto (un Renault 11) hubo cambio de planes y el paseo terminó en el parque Pereyra Iraola.
De acuerdo con la declaración testimonial de Gómez (ya en la madrugada del 29), un hombre armado rompió una ventanilla del auto y los amenazó. Después lo encerró a él en el baúl y escapó con ella. Según el joven, ese hombre quiso robarle el auto pero no pudo hacerlo arrancar y por eso se llevó a la chica.
El 1º de enero a la noche, después de una intensa búsqueda por toda la zona, la Policía encontró el cuerpo de la chica envuelto en bolsas de nailon, a un costado del Camino General Belgrano. Las pericias determinaron que había muerto el día en que desapareció.
Con respecto a las pericias, un estudio reveló que Natalia no estuvo en el asiento trasero del auto de Nicolás cuando fue rota la ventanilla, tal como había declarado Gómez como testigo, explicó a Clarín el abogado de los Di Gallo, Roberto Damboriana. La pericia —realizada por expertos de Gendarmería— indica que no había restos de vidrios en las ropas que vestían Natalia y Gómez.
Para los investigadores, Natalia fue asesinada al menos por dos personas y al menos dos escondieron el cadáver y después lo arrojaron en el zanjón. Tienen la certeza de que Gómez no actuó en esa segunda etapa, porque a esa altura estaba vigilado.
La hipótesis de una violación —todavía no está probado que se haya consumado— se instaló desde un primer momento. Creen que Natalia sufrió una dura agresión. Los forenses establecieron que, aunque tenía golpes en la cabeza y otras lesiones, la causa de la muerte fue por asfixia. Habría muerto por sofocación dentro de las bolsas en las que fue hallada.
La verdad sobre el crimen sigue estando ligada al resultado de algunas pericias. El patrón genético del semen encontrado en la bombacha de Natalia no pudo ser peritado porque está degradado. Pero Damboriana explicó que los peritos todavía están trabajando sobre unas manchas —posiblemente, también de semen— que había en el pantalón que usó Natalia la noche del crimen.
También, cuatro colillas de cigarrillos que la pareja fumó en el asiento trasero determinaron que Gómez mintió respecto al tiempo en que estuvo con Natalia dentro del auto.
Ayer a la tarde Gómez declaró ante el fiscal Pelayo y mantuvo su versión de los hechos. “Soy inocente”, dijo. El delito que se le imputa es comparable con el de homicidio calificado. El Código Penal prevé por esto penas de prisión o reclusión perpetua.
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