EL FMI DICE QUE EL DEFAULT Y LA DEVALUACIÓN ERAN INEVITABLES
El Fondo Monetario Internacional sostuvo ayer que la devaluación de 2002 y el default de la Argentina en 2001 fueron “inevitables”. Y agregó que tuvieron “devastadores efectos sobre las cuentas públicas, el sector privado y la economía real”.
El comentario figura en un documento oficial redactado por la línea técnica (también llamado staff) del organismo, integrada por quienes auditan y negocian los programas del FMI con los gobiernos. Salió así a defender abiertamente la postura asumida durante las semanas críticas de diciembre de 2001. En aquel momento, el Fondo se negó a renovar un préstamo de 1.260 millones de dólares, precipitando el default anunciado por Adolfo Rodriguez Saá. Y también la posterior devaluación del peso que hizo Eduardo Duhalde.
El staff emitió este documento en respuesta a las críticas que recibió en un informe de la Oficina Independiente de Evaluación (OIE). Como anticipó Clarín, el reporte supuestamente “autocrítico” sostiene que Argentina debió haber devaluado a mediados de 2001. Y dice que eso le hubiera permitido reestructurar la deuda en forma negociada con los acreedores, sin caer en default.
Al criticar el desempeño de los técnicos del FMI, la Oficina de Evaluación afirmó que el error del FMI fue haber desembolsado al gobierno de Fernando de la Rúa, entre mayo y setiembre de 2001, unos US$ 9.000 millones para defender la convertibilidad, cuando “tanto el tipo de cambio como la deuda pública no podían considerarse sostenibles”.
La respuesta del staff no se hizo esperar. “Si, como sugiere el informe, el Fondo hubiera modificado su orientación varios meses antes y no hubiera aprobado la revisión de mayo de 2001, la estructura básica de la crisis hubiera sido la misma: la Argentina no hubiera podido evitar el abrupto default y el cambio forzado del régimen cambiario, con sus devastadores efectos sobre las cuentas públicas, el sector privado y la economía real”, señaló.
A pesar de esta polémica, los funcionarios de la Oficina Independiente de Evaluación admiten que en los críticos días de 2001 había un “fuerte debate interno dentro del FMI” y que había divergencias dentro del directorio del Fondo.
Según comentó Isabelle Mateos y Lago, representante de la OIE, “en cada reunión formal e informal había un par de directores preguntando cosas y desde enero de 2001 siempre alguien decía, veamos un Plan B. Pero el staff respondía que estaba trabajando en eso, pero no lo discutía porque el tema era muy sensible y sería un desastre si se filtrara”.
El temor que existía entonces era que la sola sospecha de que el FMI discutía una salida de la convertibilidad —por más “ordenada” que fuera— hubiera precipitado la fuga de capitales, provocando la devaluación y el default.
Durante varios meses, en el Fondo imperó una especie “de eso no se habla” porque “cualquier indicio de que se estaban desarrollando estrategias de contingencia podría haber lastimado la confianza en el programa económico”, comentó ayer en Washington el director de la OIE, David Goldsbrough.
Este funcionario sostuvo que a pesar de los errores, las culpas por lo que pasó en Argentina no se reparten en partes iguales.
“Hay una diferencia fundamental entre el Gobierno y el Fondo. El Gobierno ideó y fue el dueño del programa de convertibilidad y de las decisiones sobre cómo hacer la reforma de la Seguridad Social, los cambios en los impuestos y todas las decisiones que tomó, que en ningún momento fueron forzadas por el FMI”, dijo Goldsbrough.
Sin embargo, esta opinión omite un detalle: que los acuerdos y préstamos con el FMI están sujetos a condicionalidades que son elaboradas en forma conjunta entre el organismo y los gobiernos. Y si no se cumplen, el Fondo puede anular los acuerdos y suspender los desembolsos de los créditos.
Este contenido no está abierto a comentarios

