EL FMI ELOGIA A BRASIL Y APRUEBA LA REVISIÓN DE LAS METAS DEL ACUERDO
El FMI aprobó la revisión del acuerdo con Brasil, lo que habilita al país a retirar 1.300 millones de dólares de un crédito con el organismo. Pero más que la plata, que las autoridades brasileñas no van a utilizar, lo que llenó de alegría al gobierno de Lula da Silva son los encendidos elogios vertidos por la vicedirectora del Fondo, Anne Krueger.
El cuadro que pintó sobre la economía brasileña no puede ser más colorido. Para Krueger, “la conducta fiscal y monetaria es encomiable” y la cautela demostrada “consolidó la credibilidad de las autoridades monetarias”. En su enfoque, “la prudencia fiscal” del gobierno es clave para disminuir la importancia de la deuda pública, que se mide por su peso en relación al PBI.
Krueger dice, también, que “luego de dos trimestres consecutivos de crecimiento, se afirmó la recuperación en la actividad económica. El comportamiento de las exportaciones es impresionante y la demanda doméstica ganó fuerza”. Señala que en Brasil “el salario real y el consumo privado han mejorado, con lo cual se amplía la base de la recuperación”. Para el presidente brasileño, los halagos del Fondo vienen en un momento muy apropiado ya que el martes estará en Nueva York para reunirse con unos 450 inversores y convencerlos de que inviertan en Brasil.
Sin embargo, las estimulantes consideraciones del FMI, al aprobar la revisión del acuerdo, chocan con las observaciones de conocidos analistas de mercados financieros. Los inversores creen que Brasil sigue muy vulnerable y temen que su economía sea “muy afectada” por un aumento de la tasa de interés en EE.UU., lo que se espera para fin de mes, según sugirió recientemente el presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan.
La semana pasada en Londres, Roger Scher, de la agencia de clasificación de riesgo Fitch Ratings, fue contundente. Usó la palabra “vulnerable” para describir la situación brasileña y señaló que la fragilidad se explica ni más ni menos que por el alto nivel de endeudamiento del país. Según Scher, llegaría a 80% del PBI, lo que contrasta con las estimaciones oficiales brasileñas que ubican esa proporción en 59%. Los porcentajes no son un detalle: condicionan a largo plazo la capacidad de pago del país.
Sin pelos en la lengua, el analista de Fitch advirtió: “Brasil está preso del sentimiento del mercado. Si el mercado dijera que Brasil es un perro, entonces Brasil es un perro”.
Menos brutal, en Miami, también la última semana, Arturo Porzecanski, del banco ABN-Amro, describió las mismas incertidumbres: “En Brasil hay muchos temas que no están resueltos: mucha deuda doméstica de corto plazo, con tasas muy altas, y una agenda de reformas económicas incompleta”. En un almuerzo de la Asociación de Banqueros Internacionales de Florida, Porzecanski evaluó, ante la agencia Reuters, que las autoridades brasileñas se han movido en forma responsable: “Yo creo que se están comportando razonablemente, conservadoramente”.
Pero agregó: “El gobierno ha hecho mucho para estabilizar la situación, pero lo último que queremos es la estabilidad de los cementerios”.
Esto contrasta con la evaluación de Krueger. El FMI dice que “las políticas convincentes del gobierno han contribuido a incrementar las reservas internacionales, y han ayudado a mejorar la composición de la deuda pública”. Estos logros “ayudarán a Brasil a reducir la incertidumbre y la reciente volatilidad de los mercados internacionales”.
Hay, también, datos objetivos que muestran que en Brasil no todo lo que reluce es oro. Un informe divulgado durante la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y Desarrollo en San Pablo, reveló que Brasil fue el país latinoamericano que perdió más inversiones directas extranjeras en 2003: cayeron 39% en relación a 2002, año de violenta crisis financiera por causa de las elecciones nacionales brasileñas.
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