EL FONDO HIZO UNA FUERTE AUTOCRÍTICA DE SU GESTIÓN
El director del Fondo Monetario Internacional (FMI), Rodrigo de Rato, lanzó ayer una audaz e inusual crítica del cuestionado organismo multilateral, al afirmar que no debe actuar como el “gobierno del mundo”, ni responder sólo a los países más poderosos, sino adaptarse a los cambios de la economía mundial.
Un día antes del inicio formal de la asamblea anual de la entidad en Washington, Rato pronunció un duro discurso frente a destacados economistas, en el que pidió más transparencia y una actitud menos defensiva de sus colaboradores en el Fondo frente a las críticas.
La disertación tuvo lugar en el Instituto para la Economía Internacional que encabeza Fred Bergsten y se focalizó en las reformas del FMI, uno de los ejes centrales -junto con los desajustes de la economía global y la evolución del precio del petróleo- del encuentro que se desarrollará este fin de semana en la capital de los EE.UU. con la participación de ministros y presidentes de bancos centrales de todo el mundo.
Rato, que llegó unos minutos antes que lo previsto, habló al lado del ex subsecretario del Tesoro Ted Truman; el “fundador” del Consenso de Washington, John Williamson; y el ex presidente del Banco Central de Israel Jacob Frenkel, entre otros. Lo hizo frente a la atenta e imperturbable mirada de su número dos, Anne Krueger, que tenía un saco verde claro y sus habituales anteojos grandes.
Transparencia
Si bien tenía un discurso escrito -en el que citaba al escritor Mark Twain y al historiador Richard Neustadt-, en varios momentos Rato improvisó, mencionando incluso al ministro Lavagna. “Soy un gran defensor de la transparencia. Pero como dijo el ministro de Economía de la Argentina más de una vez: hablar con el Fondo no es como escuchar un partido de fútbol; uno no tiene que darle transparencia a cada movimiento de la pelota, y creo que eso es adecuado no sólo para el caso argentino, sino también de otros países”, expresó Rato.
El funcionario impulsa un cambio en los aportes de los países miembros del FMI y en la composición de su directorio.
El español, que fue ministro de Hacienda del premier José María Aznar, sostuvo: “No somos el gobierno del mundo”, y consideró que no se puede responder sólo a los dictados del Grupo de los 7, integrado por los países más ricos del planeta, que tienen la mayoría de los votos. “No tenemos que ser la voz de los países más importantes, sino de todos los países”, sentenció, en sintonía con el comunicado que por la tarde difundiría el Grupo de los 24, cuya vicepresidencia está a cargo de la Argentina.
Con ironía, Rato afirmó que esperaba que el Congreso de los EE.UU. escuchara sus recomendaciones, ante la risa generalizada del auditorio por las agudas críticas que provoca el Fondo en el Capitolio.
Antes de Rato, el subsecretario del Tesoro, Tim Adams, había dicho en el mismo foro académico que EE.UU. está de acuerdo con la necesidad de otorgarle más efectividad a la entidad en la ayuda a los países que sufren crisis financieras, pero aclaró que no está dispuesto a dar más dinero para aumentar las cuotas, tal como propone Rato.
En rigor, la administración de Bush prefiere una redistribución de estos aportes y también de las sillas en el directorio, de modo tal de que los países europeos ocupen un solo lugar como unión regional y que Asia tenga un lugar más preponderante.
Parafraseando a Twain, el español dijo que es exagerado afirmar que el Fondo está muerto, aunque admitió que si no hay reformas profundas, su credibilidad se perderá por completo. Sostuvo: “Si no somos parte del debate, será difícil que los gobiernos tomen en cuenta lo que decimos”. “Y hay que hacerlo no sólo con una actitud defensiva, sino positiva”, agregó, en un claro reto a sus colaboradores y a la política comunicacional. En este sentido, aclaró que, además de recomendar políticas, “es importante que sepamos escuchar”.
En particular, indicó que es importante escuchar las críticas recibidas por el apoyo a la liberalización de las cuentas de capital y a la falta de prevención de las crisis financieras.
Una hora más tarde, el presidente del Banco Central, Martín Redrado, dio otro duro mensaje en el que recordó, en sintonía con el presidente Kirchner (ver aparte), que el FMI apoyó a la Argentina cuando sabía que la convertibilidad ya no tenía sobrevida, pero que le restó su respaldo desde la crisis de 2002.
“El FMI no brindó fondos frescos y además recibió pagos netos, que limitaron las posibilidades del país de minimizar los costos de reestructurar su deuda”, sentenció.
El funcionario dijo que una alternativa para solucionar la crisis del Fondo es dividirlo en dos instituciones: una que actúe como coordinadora global de asuntos financieros y monetarios, y la otra, que financie procesos de ajuste.
Más allá de este mensaje, en la delegación argentina recibieron con escepticismo las palabras de Rato. “El FMI ha sido muy impotente frente a los desequilibrios globales, como reducir déficit en EE.UU., o aumentar el consumo en Japón. Se diagnostica pero no se resuelve. Además, todos los expertos saben que para solucionar estos dos problemas hace falta aumentar el consumo en el resto del mundo. Y eso es lo contrario de lo que pide el FMI”, expresó a LA NACION un integrante de la delegación nacional.
La Argentina acompañará en forma muy pasiva la propuesta de Rato de modificar el sistema de cuotas, porque se considera que el país no está subrepresentado y, sobre todo, porque tener más poder exigiría derivar más recursos.
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