EL FRACASO ESCOLAR RECURRENTE, UN FACTOR DE RIESGO PARA EL CONSUMO
El consumo de sustancias aumenta con la edad de los estudiantes, ya se hable de las legales, como el alcohol y el tabaco, o de sustancias psicoactivas ilegales, esto es, tranquilizantes y estimulantes sin prescripción médica, solventes e inhalables, marihuana o cocaína.
A medida que se reiteran los fracasos en el desempeño escolar, también crecen las tasas de consumo, convirtiéndose esta situación en un claro “factor de riesgo” para los jóvenes. También lo es el nivel de atención de los padres en relación con la vida de sus hijos, donde se describe una proporción inversa: menor percepción de atención de los padres, mayor prevalencia de consumo, y viceversa.
Sin embargo, y lejos de lo que podría esperarse, asistir a un colegio público o privado no supone mayores o menores tasas de consumo, dado que los índices son prácticamente los mismos (ver cuadro). Aunque esto no sería una novedad si se tienen en cuenta los niveles de tolerancia hacia las distintas sustancias.
Probar alguna vez marihuana tiene un nivel de tolerancia (consideración de bajo riesgo) cercano al 26 %; del 35 %, en el caso de los psicofármacos; del 22 %, para inhalables, o de 20 %, para la cocaína. Y, tal como sostienen desde el ente nacional, dichos porcentajes son “cantidades de jóvenes que consideran que no hay riesgo en probar o consumir estas sustancias”.
Éstos son algunos de los resultados más destacados de la segunda encuesta nacional a estudiantes de enseñanza media sobre consumo de sustancias psicoactivas, realizada por la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar), sobre la Tendencia del consumo de los adolescentes escolarizados del país.
La misma fue realizada a mediados de 2005 a 61.700 alumnos de la Argentina, de los cuales 6.716 eran de 34 localidades del territorio provincial. Los entrevistados fueron estudiantes de 13, 15 y 17 años de colegios públicos y privados, quienes respondieron 97 preguntas rastreando dos ejes temáticos: la situación escolar y familiar, y su relación con el consumo.
Los objetivos fueron aportar elementos al Observatorio Nacional de Drogas y establecer resultados epidemiológicos “para poder desarrollar una política acorde con la realidad del país”.
Escolaridad y consumo
Según explica el Sedronar, dentro de la dimensión personal, se estudiaron tasas de consumo con relación al desempeño escolar, vinculadas al rendimiento, a la disciplina, la exigencia y al ausentismo.
Se determinó que las tasas de consumo para todas las sustancias están asociadas a niveles de repitencia escolar, esto es, a mayor cantidad de fracasos escolares, mayor es la prevalencia de consumo de sustancias. Y, por el contrario, el consumo es menor cuando el estudiante no ha repetido ningún curso. En cuanto a las drogas ilícitas, el consumo oscila entre 6 % y 12 %, respectivamente.
La percepción del nivel de exigencia académica está asociada al consumo: cuanto mayor la percepción de exigencia, menor es el consumo de cualquiera de las sustancias. Por otra parte, cuanto más exigente es el colegio en relación con la disciplina (según la opinión de los estudiantes), menores son las tasas de consumo reciente: cuando el colegio es evaluado como “muy exigente”, el consumo de alguna droga ilícita es del 5.7 %, y asciende al 11.7 % cuando es evaluado como “poco exigente”.
El futuro lejos, el consumo cerca
Los estudiantes que tuvieron problemas de disciplina en el colegio son aquellos que tienen mayores porcentajes de consumo, tanto de drogas legales como ilegales. Y cuando estos problemas se han producido con mayor frecuencia, el consumo es mayor. El consumo de drogas está asociado, también, con situaciones de ausentismo escolar frecuente, cualquiera fuese el motivo.
A modo de ejemplo, cabe destacar que la prevalencia de consumo de marihuana en relación con los problemas de disciplina es del 13.3 % en aquellos que los tuvieron frecuentemente, del 6.9% en aquellos que los tuvieron pocas veces y del 3.6% los que nunca los tuvieron
Pero el consumo también aumenta a medida que las posibilidades de realizar un proyecto personal decrecen. A modo de ejemplo: los que dicen tener buenas posibilidades de concretarlo muestran un 46,8 % de prevalencia de alcohol, en tanto los que manifiestan tener bajas posibilidades, un 59.8 %; en el primer grupo, la prevalencia de marihuana es del 4,9 % y en el segundo, del 7 %.
En todas las sustancias, el consumo es significativamente superior en aquellos estudiantes cuyos padres casi nunca saben dónde están cuando salen del colegio o durante los fines de semana. Las tasas menores, por el contrario, se encuentran en aquellos que declaran que sus padres siempre o casi siempre saben dónde están.
Menos alcohol, más cocaína y marihuana
La comparación de los resultados con el primer estudio (2001) permite establecer, como tendencia, que el consumo de tabaco se mantuvo igual, (44.%), el alcohol bajó de 72.7 % a 62.3 %, la marihuana se duplicó (de 4.5 % a 9 %) y la cocaína pasó de 1.3 % a 3.5 %.
Esto significa que el consumo de sustancias en la población escolarizada del nivel medio ha disminuido en cuanto a las legales. En cambio, respecto de psicofármacos y de las ilegales, el consumo se ha incrementado: solventes e inhalables, en un 380 %; pasta base, en un 200 %; cocaína, un 120 %, y la marihuana, con un aumento del 67.6 %.
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