El gas Grisú
El grisú es un gas sumamente tóxico. En esta zona, en inmemoriales tiempos, el grisú solía ganar el aire porque se genera en las minas de carbón y éstas abundaban por el pago. Grisú, el tradicional boliche de Bariloche que funciona desde hace 36 años en un lugar con una vista inmejorable semeja con su estructura a una mina. Y, a juzgar por la llegada de estudiantes que quieren festejar el advenimiento de una nueva primavera, pronto explotará como el gas.
Los 40 empleados de la empresa propietaria del boliche están en sus puestos, aún cuando son las 11 de la noche y la estudiantina todavía no asoma. En la barra no podrá faltar nada y los técnicos tendrán que corroborar que la instalación eléctrica funcione al detalle, porque en breve habrá más de mil adolescentes. Igual, los más veteranos del personal estable no se inmutan, en virtud de que el sitio puede cobijar hasta 2.800 personas.
Cuando se anuncia el nuevo día, de a cientos, comienzan a llegar los estudiantes y a desparramarse por los seis pisos de Grisú. Todos quieren parecer únicos, aunque, se saber, no hay nada que los iguales más que un viaje organizado por una agencia que les organizará exactamente del mismo modo cada uno de los pasos que den en su estada en Bariloche. Los barman comienzan a hacer trabajo forzoso y los disc jockey de las tres pistas hacen tronar al mismísimo monstruo del lago.
Las tres pistas están bien cubiertas. Una, más pacífica, deja oír música retro, para los que tienen más años y menos movilidad. La otra es tecno y la más grande, bien moderna, bien cubierta, en medio de luces estratégicamente ubicadas que, por tenues, no resaltan tanto la belleza arquitectónica del lugar. A esta altura, Grisú ya sabe que será un día más, a pesar de que los pibes entienden que para ellos será un día único.
Es lógico. Por año circulan 80 mil estudiantes, no sólo aquí, sino en los boliches vecinos. Antes las confiterías rivalizaban para acaparar público juvenil. Ahora todos ven desfilar la misma cantidad de jóvenes porque las agencias contratadas ya han comprado el paquete para que los pibes estén en cada uno de ellos. Pagarán bastante menos que los 50 pesos que sale acceder a Grisú por motus propio, pero igualmente, el negocio cerrará para todos.
Con semejante recaudación en apenas seis meses de trabajo a full, hay que cuidar la imagen. En ese sentido, la seguridad no es con los tradicionales patovicas, sino con policías de civil vestidos como personal del boliche. Los problemas más comunes son rencillas interprovinciales o entre escuelas y comas alcohólicos. Para eso hay ambulancias y una suerte de sala de estar que a la noche se convierte en enfermería, si es que el rigor de la madrugada hace mella en la pibada.
Sobre la barra, el gas grisú se intensifica. La mayoría pide un balde de bebida con frutas y vodka para compartir entre todos. En menor medida circulan los energizantes, ahora que ya no se venden como trago combinados. Los pibes llenan los seis pisos del boliche y las tres pistas no dan abasto. Un pibe de anteojos oscuros que parece que bebió en forma lanza sobre la alfombra y un mozo mira con bronca lo que quizás él tenga que limpiar cuando acabe la jornada.
El gerente de Grisú va de a un lado a otro para que todo funcione, pero la conducta de los pibes puede irremediablemente escaparse de sus manos. El promedio de consumo de alcohol por pibe es algo menor que un trago por persona, además de la consumición incluida con la entrada. Por eso ellos entienden que los más borrachos han llegado así desde la calle. Igualmente, muchos otros, la mayoría, se divierte y se besa como en los cuentos.
Cerca de las 2 de la mañana, mucho antes que los pibes, nos vamos bajo los efectos del grisú. Es casi una huida y hay fundamentos. Es que, un grupo canta y grita una canción que dice “Somos gorilas ´fornicadores´ (el término es otro pero utilizaremos este más elegante), venimos a Bariloche para … y ahí hacen un gesto moviendo la pelvis hacia delante y las manos hacia atrás, y gruñen salvajemente “ah, ah, ah”, como entrando en éxtasis, con los pantalones bajos. Suficiente motivo para la partida. Dale gas.
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