EL GNC SUBE HOY UN 10% Y SEGUIRÁN LOS AUMENTOS
El gas natural comprimido (GNC), el combustible más cuestionado, por su bajo precio, desde que comenzó la crisis energética, podría tener, en los próximos días, un aumento tarifario cercano al 25%.
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Eso ocurrirá si se concreta una idea que el Gobierno calla, pero que discutirá hoy con los empresarios de ese sector: aplicar una tasa de 5 centavos por cada metro cúbico vendido, que será destinada a un fideicomiso para financiar obras en el gasoducto San Martín, que atraviesa la Patagonia. Este aporte, que sería de 165 millones de pesos por año, se trasladará al precio en surtidor y se sumará al alza de entre el 8 y el 10% que desde hoy tendrá el GNC como consecuencia de los incrementos dispuestos por el Gobierno en las tarifas del gas en boca de pozo.
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Así, el precio del metro cúbico de este combustible subiría de los 50 centavos actuales promedio a 62 centavos.
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La cuestión se discutirá en silencio. Los empresarios no quisieron ayer referirse al tema y en el Gobierno lo negaron de manera rotunda: “No hay ni siquiera una hipótesis de trabajo sobre eso”, dijeron.
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En la Casa Rosada afirman que el único incremento será del 8 al 10% anunciado. Y que tampoco está definido de qué modo se financiarán los fideicomisos para obras de infraestructura. “No hay un plazo para eso”, dijeron. Si bien los cuadros tarifarios en boca de pozo podrían quedar definidos mañana o pasado por el Enargas, en las estaciones de servicio comenzarán ya a aplicarlos desde hoy, y afirman que el metro cúbico aumentará 4 centavos.
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Centro de las controversias
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El GNC ha quedado en el centro de los tironeos de la crisis energética por la enorme cantidad de gas que insume: casi un 10% de la demanda diaria de todo el país. Los empresarios petroleros dicen desde hace tiempo que, ante la crisis, el principal recorte debería caer sobre esa industria, que abastece a unos 1,3 millones de autos. El argumento tiene motivos de racionalidad económica y de interés sectorial:
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l Por un lado, afirman que el combustible tiene un precio “regalado” porque su principal insumo, el gas natural, está pesificado y cuesta tres veces menos que en el resto del mundo. Como es barato, crece más la demanda, es el razonamiento. Hace un año, previendo esta crisis, un director de una petrolera dijo a La Nacion: “El año que viene vamos a tener GNC solamente por 11 meses”.
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l Pero también existe un interés sectorial. El GNC les ha quitado en los últimos dos años un aluvión de consumidores a la nafta y al gasoil que fabrican los mismos productores de gas, las petroleras. Estas compañías han quedado de ambos lados del mostrador: son quienes deben suministrar el insumo a un competidor que, hasta que comenzó la crisis, juzgaban invencible.
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Pero la escasez y la inminencia de aumentos en el GNC cambiaron el escenario, y el solo anuncio de que el metro cúbico podría costar casi un peso en el futuro detuvo las conversiones de automóviles de nafta a gas, que cayeron un 50%. Si en febrero pasado unos 30.000 usuarios decidían cada mes convertir sus vehículos en unidades con GNC, hoy lo hacen unos 15.000.
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Con todo, quienes se dedican al negocio del GNC no están tan alarmados por la magnitud de una caída que espantaría a cualquier otro sector: consideran que mientras el precio internacional del barril de petróleo esté en los niveles actuales (cerca de los 40 dólares) no hay por qué temer un viraje de los consumidores hacia la nafta o el gasoil. Puede hacerse un acuerdo para congelar el precio por un tiempo, pero tarde o temprano habrá subas, es el pensamiento.
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La situación incentiva discusiones tales como, por ejemplo, si el precio del GNC está o no regulado. Una resolución de 1996 fijó el valor en 35 centavos y el promedio en todo el país es hoy de 50 centavos. En lugares de alta demanda, como estaciones de servicio lindantes con la ruta 2, tienen incluso valores mucho más altos.
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Los empresarios del GNC, en cambio, dicen que el precio es libre, y su argumento es una nota que recibieron durante el gobierno de Fernando de la Rúa que así lo indicaba. Sin embargo, hay sectores en la industria que siguen invocando aquella resolución de Domingo Cavallo e insisten: deben controlarse los precios.
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