EL GOBIERNO ANALIZA LA RESPUESTA A UNA NUEVA CARTA DEL FONDO
El Gobierno, con Néstor Kirchner a la cabeza, evalúa esta tarde la respuesta que el Fondo Monetario Internacional formuló hoy a una nota enviada por el Ministerio de Economía durante el fin de semana. Una fuente del ministerio aseguró a la agencia estatal Télam que “subsisten las diferencias”.
En estos momentos, el Presidente está reunido con el ministro de Economía, Roberto Lavagna y otros altos funcionarios del Gobierno. Analizan la carta enviada hoy por el FMI, que sería la tercera versión desde el viernes pasado, según precisaron en el Palacio de Hacienda.
De la reunión que se realiza en la Quinta de Olivos, también participan el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, el secretario Legal y Técnico, Carlos Zanini, y la senadora y primera dama, Cristina Fernández de Kirchner.
A su vez, el vocero del Palacio de Hacienda informó que hoy Lavagna se reunió con el representante residente del FMI en Buenos Aires, John Dodsworth.
Más temprano, a menos de un día para el vencimiento de 3.100 millones de dólares con el Fondo, el presidente Néstor Kirchner ratificó la postura argentina de no pagar a menos que haya una señal clara del organismo de que se aprobará la segunda revisión de las metas del acuerdo. “Ya está todo dicho. Está todo muy claro”, dijo el mandatario.
Mientras tanto, los directores que representan a los países del G-7 en el organismo continúan analizando hoy el caso argentino. El Ejecutivo espera una señal clara de que el acuerdo será aprobado para pagar el vencimiento.
Además, en Basilea, el presidente del Banco Central, Alfonso Prat Gay, explica a sus pares de los países del G-7 el cumplimiento de las metas fiscales, monetarias y bancarias. La rueda de encuentros se desarrolla en el Banco Internacional de Ajustes (BIS).
La situación sigue siendo muy tensa. Las gestiones del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos parecen hasta ahora no haber rendido frutos, frente a la intransigencia del Fondo y la dureza que, al menos públicamente, muestra hasta ahora el Gobierno argentino.
En medio de este clima, el Presidente podría cumplir hoy una de las exigencias del organismo, con vistas a allanar el camino para un acuerdo. Kirchner firmaría esta tarde el decreto por el cual designa a Merrill Lynch, Barclays y UBS como los integrantes del sindicato de bancos que asesorará al Gobierno en la negociación con los acreedores privados que están en el exterior.
De cualquier manera, el Presidente hace ya una semana que dio la orden al Banco Central de bloquear la cuenta corriente que Argentina tiene en el FMI. De esa manera evita que el organismo retire los fondos en forma automática.
El subsecretario del Tesoro de EE.UU., John Taylor, trabajó todo el fin de semana para tratar de reflotar la negociación, que quedó casi interrumpida el último viernes. Ocurrió después del nuevo fracaso que tuvieron las conversaciones y el intercambio de documentos secretos entre Anne Krueger, jefa interina del organismo a partir de la renuncia de Horst Köhler, y el ministro Roberto Lavagna.
Las condiciones que viene exigiendo el FMI, como anticipó Clarín el viernes, son las siguientes: aprobación definitiva de los bancos asesores de la deuda, aceptación de la Argentina del Comité Global de Acreedores como representante de los bonistas -y, por lo tanto, iniciación de las negociaciones con el grupo que lidera Nicola Stock- y un acuerdo acerca de que la propuesta argentina tiene que ser aceptada por un 80 por ciento de los acreedores, para que tenga consenso internacional.
Precisamente, Taylor buscó una fórmula para satisfacer a ambos bandos con la siguiente base: que Argentina cumpla ya con la designación de los bancos y que el FMI acepte compromisos no tan precisos en relación a los acreedores privados.
La propuesta no convenció en principio a la titular interina del FMI, Anne Krueger, ni a la Casa Rosada. El ministro Lavagna tendría de todas maneras una postura más flexible y estaría dispuesto a abonar -aun sin señales precisas- el vencimiento de mañana. Pero la posición que prevalece hasta ahora en el Gobierno es la de no pagar si no llega el gesto esperado desde Washington.
Una de las razones por las cuales se le daba poca chance a la gestión de Taylor fue porque otra parte de la administración Bush -como el Consejo de Seguridad- adhiere a la posición dura del Fondo y a la intransigencia de los socios del Grupo de los 7.
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