EL GOBIERNO BUSCA BAJARLE EL TONO AL TEMA DEL DERRIBO DE AVIONES
El Gobierno nacional no quiere ni oír hablar del asunto del probable derribo de aviones, como parte de las medidas de seguridad de la Cumbre de las Américas que se hará en un mes en Mar del Plata.
“Hablar de un extremo de esas características es poner en zozobra a toda la gente que vive en la zona cercana”, dijo ayer el ministro del Interior, Aníbal Fernández, y minimizó el tema al decir que “tenemos que ocuparnos de temas más importantes”.
Sin embargo, dejó abierta la posibilidad de que el presidente Néstor Kirchner pudiera tomar por sí solo la decisión de un derribo, por razones de seguridad: “Me da la sensación de que el Presidente tiene esas posibilidades en cualquier momento en que se ponga en riesgo cualquier ámbito del país y no solo por una cumbre determinada”, sostuvo.
El canciller Rafael Bielsa, por su parte, rebobinó algunas declaraciones que había hecho el fin de semana: “Argentina no va a derribar ningún avión porque carece de una legislación específica y es más, tampoco hay convenios internacionales al respecto”. Cancillería dijo que con esas palabras se daba el tema por cerrado.
La polémica se disparó luego de que Clarín publicara el domingo un artículo que daba cuenta de que el Gobierno habría informado a Estados Unidos que estaba dispuesto a derribar aviones sospechosos. Interesado en la seguridad de George W. Bush, Estados Unidos habría ofrecido entre 6 y 8 misiles “inteligentes” para equipar los cazabombarderos A-4 argentinos para esa misión.
Frente al vacío legal, ya que en la Argentina no hay una ley de derribos, Bielsa había dicho que “los cielos de las cumbres” tienen “un status especial vinculado con la seguridad que alcanza la posibilidad de derribar”. Bielsa agregó que “este es un protocolo habitual en las cumbres, y que se está discutiendo”. Pero ayer tomó distancia de estos dichos.
Como lo reflejaron las palabras de Fernández, el Gobierno quiso enfriar este asunto espinoso. En esta línea, voceros del Ministerio de Defensa dijeron que no tenían nada para aclarar.
Sin embargo, Clarín pudo confirmar en esa cartera que sigue adelante un plan —que este diario anticipó el 16 de julio—, para garantizar la seguridad aérea de la Cumbre. Este consistirá en el despliegue de los aviones A-4 de la V Brigada Aérea de Villa Reynolds, San Luis, en la VI Brigada de Tandil, próxima a Mar del Plata, que es la base de los interceptores Mirage. Además, se desplegará en la zona un radar móvil para vigilar el espacio aéreo.
¿Qué ocurriría si el radar detectara una aeronave que se dirigiera a la ciudad, fuera del plan de vuelo previsto y sin responder a la radio, aun siendo rodeada por los cazas que salieran a su encuentro? Este es el interrogante que el Gobierno no responde acabadamente.
En el Congreso se han presentado varios proyectos de ley de derribos. La Cumbre ha actualizado el debate pero lo cierto es que ese instrumento apunta al combate contra el contrabando y el narcotráfico y a la actividad —sobre todo en el norte del país— de las avionetas ilegales.
El problema de la Argentina es que está muy atrasada en el control del espacio aéreo, al no contar con radares 3D (de tres dimensiones), llamados “de guerra” ya que permiten detectar aeronaves aun sin su colaboración. La Argentina apenas controla un 6% de su espacio aéreo, mientras países como Brasil, casi la totalidad.
En Defensa consideran que primero hay que radarizar, para no correr riesgos de terminar derribando un avión con víctimas inocentes como le ocurrió a Perú años atrás, en su sector amazónico, con una avioneta donde viajaba una familia de misioneros.
Este contenido no está abierto a comentarios

