EL GOBIERNO DEBE INVERTIR EN EL TENDIDO DE GAS
Gerardo Andreoli, presidente de la Federación de Subdistribuidores de Gas de la República Argentina, manifestó que el panorama en materia de gas sigue siendo tan preocupante como el de años pasados, puesto que aún sigue existiendo restricción de consumo, mientras que también se percibió “una fuerte caída de las reservas”.
“Las caídas de las reservas están dirigidas netamente a un proceso de desinversión. Es decir, hoy tenemos muchas menos reservas que años atrás y dejamos de ser un país gasífero para ser un país con gas. No tenemos una panorámica de largo plazo muy tranquilizadora, porque no se invierte en exploración, en producción y mucho menos en transporte. Entonces, básicamente la crisis que tenemos hoy por hoy es de transporte de gas por falta de gasoductos”, manifestó Gerardo Andreoli.
– ¿Cómo se encuentra la situación de la distribución de gas en la Argentina?
– Hoy por hoy no tenemos ninguna variante de la situación del año 2005 e incluso del año 2004. Es decir, las condiciones de provisión son similares, ya que aún tenemos una situación restrictiva de consumo de gas y hubo una fuerte caída de las reservas. En general, hay una negativa a nuevos consumidores de gas, sobre todo lo concerniente al área industrial. En este sentido, terminan produciéndose restricciones, sobre todo en la etapa invernal, con un manejo de mercado a nuestro entender muy poco claro, ya que aparece un gas mucho más caro en invierno para el área industrial. Entonces, la falta de disponibilidad de gas lleva que el área industrial tenga que comprar fuera de mercado un gas que normalmente cuesta 0,25 centavos a 0,65 centavos.
– Usted mencionó que se registró una fuerte caída de las reservas, ¿cuáles son las consecuencias de esto?
– Las caídas de las reservas están dirigidas netamente a un proceso de desinversión. Es decir, hoy tenemos muchas menos reservas que años atrás y dejamos de ser un país gasífero para ser un país con gas. No tenemos una panorámica de largo plazo muy tranquilizadora, porque no se invierte en exploración, en producción y mucho menos en transporte. Entonces, básicamente la crisis que tenemos hoy por hoy es de transporte de gas por falta de gasoductos. Pero también es cierto que a esto debe agregarse una crisis a mediano plazo de falta de disponibilidad de gas por falta de reservas.
– ¿Esta situación habla de una falta de políticas y de proyectos oficiales para atender correctamente este problema?
– Seguro. Hay una pata floja en este Gobierno. Llama mucho la atención, porque donde otras variables macroeconómicas se manejaron relativamente bien, ésta que es el sustento del crecimiento todavía está sin resolver. Entonces, hoy existe la posibilidad de disponer gas de Bolivia y esto me parece razonable, aunque cueste más caro.
– ¿Porqué motivo le parece razonable disponer gas de Bolivia?
– Porque hoy la industria en invierno no dispone de gas ni siquiera más caro. En realidad lo que se hace es un hermoso negocio para algunos señores que tienen reservas de gas en esa época. Por eso, si tenemos que pagar el gas un poco más caro en Bolivia, en función de la necesidad que existe hoy por hoy, no es nada raro. Y este gas más caro se lo debemos, en gran medida, a que el país no pudo programar su propio desarrollo. Estamos comprando gas afuera, ya que no podemos hacerlo localmente y esto es una verdadera vergüenza, puesto que la Argentina tiene posibilidad de contar con más disponibilidad de gas en boca de pozo y tiene posibilidades de contar con mejores sistemas de transportes. No obstante, acá hay una cuestión que es muy simple: la renta petrolera desde el año 2001 a la fecha se incrementó más del doble. Sin embargo estos mayores negocios que obtuvieron las petroleras no se vieron reflejadas en mayores inversiones en materia de gas natural, el que pasó a ser el patito feo del negocio. Entonces, hoy el negocio es vender afuera y no en el país.
– ¿Cree que el panorama del sector en un futuro cercano no es para nada promisorio?
– No. Y a nosotros nos llama poderosamente la atención la tranquilidad con que el Gobierno y, por lo menos, determinados sectores del Gobierno, expresan que está solucionado el problema energético. Esto es lamentable, puesto que todos sabemos que no es así teniendo en cuenta que no hay disponibilidad de gas para la mayoría de las industrias.
Y ni hablemos de un sector como es el de la producción de la energía eléctrica que tampoco cuenta con gas, entonces terminamos consumiendo combustible líquido o dando el espacio a estos negocios especiales de la gente que cuenta con reservas para vender en la época invernal.
– Para colmo de males tampoco se avizora un plan de inversión para este sector…
– No, el Gobierno fue y es totalmente complaciente y no hablo solamente del actual, sino de todos, que dejaron que la situación se complique y que lleguemos a un estado de escasez sin haber exigido la contraprestación de gente que está haciendo muy buenos negocios en el país. Esto está claro y nosotros lo manifestamos a la Secretaría de Energía, a muchos legisladores nacionales, pero parece que nadie le presta atención a este problema o que viven en un mundo que no es real. Todos los días se ve que hay nuevas industrias que quieren instalarse en el país y no puede hacerlo, ya que no cuentan con gas.
– ¿Puede agravarse este panorama?
– Si no se hacen las inversiones necesarias el panorama va a ir complicándose. Acá la realidad es simple: la oferta de gas es similar todos los años, mientras que la demanda va creciendo, ya que todos sabemos que el país tuvo un fuerte crecimiento en los últimos años. Entonces, esa diferencia que se origina de consumo todos los años no es satisfecha.
La única manera de satisfacerla es a través de las limitaciones o de los sustitutos, que cada día son más frecuentes. Por ejemplo, acabo de darle gas a dos industrias en la ciudad de Esperanza y ya tienen el tanque de combustible al costado y una planta de GLP junto. Entonces, no entendemos cómo en un país donde el gas natural era realmente un recurso económico tienen que llevarlo a que las industrias consuman algo mucho más caro. Esto, lógicamente insume en el costo del producto y es un elemento claro de inflación, por supuesto.
Un problema histórico
Recordemos que la escasez de gas comenzó hace tiempo en la Argentina, cuando en el año 2004 el Poder Ejecutivo nacional dictó los decretos Nº 180 y 181, donde planteó un nuevo formato del marco regulatorio, cambiando las reglas de juego.
Hasta ese momento la ley 24076, que es la que definía el marco regulatorio del gas, planteaba que cualquier usuario podía elegir el tipo de servicio que quería, de acuerdo a sus condiciones, etc. Es decir, un residencial no podía elegir un servicio industrial, pero sí el industrial tenía varias opciones. Frente a este cambio, a partir de que comienzan las dificultades con la provisión de gas, el panorama cambia y se le plantea a la mayoría de los grandes clientes la compra a boca de pozo.
Asimismo, también comenzó a existir la posibilidad de la interrumpibilidad como mecanismo de manejo. Esto llevó a que, por ejemplo, durante los dos años anteriores a todas aquellas empresas que tenían contratos susceptibles de ser interrumpidos se le interrumpa el servicio. Además, a las industrias que mantenían contratos con servicios en firme no se les interrumpió el servicio hasta finalizado el contrato, después de esto los mismos no se renovaron más en las mismas condiciones.
Este mecanismo llevó a que en la mayoría de los casos, las empresas dispusieran de un servicio que, en el fondo, fue mucho más caro, porque el año pasado se registró un aumento importante, y totalmente inestable, ya que nadie tiene definido ni resuelto cuándo va a tener gas y cuándo no. Lo que es peor, al llevarlo a comprar a boca de pozo monopolizaron ofertas, puesto que con un mercado regulado los precios estaban medianamente fijos y la tarifa regulada. En cambio en boca de pozo esa tarifa es libre. Entonces, la gente que tiene que ir hoy a comprar a boca de pozo paga precios mucho más altos que los valores de referencia.
En definitiva, los efectos de la crisis llevaron a un gas más caro, con una oferta discontinua y con una situación de todo el arco industrial y de la producción de energía eléctrica absolutamente arrodillada, porque deben pedir por favor que le vendan un servicio que antes lo tenían asegurado.
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