EL GOBIERNO DIO MARCHA ATRÁS EN LA REBAJA DEL IVA
La rebaja generalizada del impuesto al valor agregado (IVA) finalmente quedó sólo en proyecto. A menos de 24 horas de admitir públicamente que estaban analizando la propuesta, el Gobierno decidió archivar la rebaja después de que los empresarios advirtieron que la medida no iba a provocar una recuperación importante en el consumo.
La decisión de no tocar el IVA se terminó de tomar ayer por la mañana en una reunión en la que participaron el presidente Néstor Kirchner; el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y el ministro de Economía, Roberto Lavagna.
En el encuentro, Kirchner y sus dos ministros sopesaron los beneficios y costos de la propuesta y finalmente habrían definido que no valía la pena sacrificar parte del superávit fiscal en un proyecto que tenía resultados inciertos.
Unas horas después Lavagna fue el encargado de comunicar la decisión durante la presentación del proyecto de ley de presupuesto 2005 en la Cámara de Diputados.
“Hoy se tomó la decisión de desactivar la rebaja del IVA que estaba en estudio en el Gobierno porque los sectores empresarios advirtieron que no iba a provocar una reducción de precios”, señaló el ministro al hacerse eco de las repercusiones que había tenido la iniciativa entre los empresarios.
El plan que el Gobierno estuvo analizando hasta hace unas pocas horas incluía una rebaja generalizada, pero transitoria, de entre 1 y 3 puntos en la alícuota del IVA, que de esta manera iba a pasar del actual 21% a 18 o 20 por ciento.
El costo fiscal de esta medida estaba calculado en cerca de 1500 millones de pesos anuales por cada punto de reducción del impuesto. Es decir, que si la rebaja hubiera sido alcanzado a los 3 puntos y se hubiera aplicado desde el 1° de octubre próximo hasta el 31 de diciembre de este año, para las arcas del fisco hubiera significado una pérdida de ingresos de unos 1125 millones de pesos.
Baja insignificante
Apenas unas horas después de que trascendió el proyecto oficial de rebaja parcial, la propuesta empezó a recibir las críticas de los supermercadistas y los fabricantes de alimentos.
Básicamente lo que criticaban los empresarios era que la medida iba a tener un impacto casi insignificante en el bolsillo del consumidor por más que toda la cadena comercial decidiera trasladar la rebaja íntegramente sin mejorar sus márgenes de operación.
Los empresarios, tanto los supermercados como los fabricantes de alimentos, impulsaban un proyecto propio de rebaja impositiva que incluía a un grupo mucho más pequeño de artículos de primera necesidad, aunque con una reducción mucho más pronunciada.
De hecho, la propuesta que habían consensuado las diferentes empresas incluía la fijación de una alícuota del 10,5 por ciento para un grupo de productos de la canasta básica, como pastas, galletitas, aceite mezcla y yerbas. El costo fiscal de esta medida rondaría entre 250 y 270 millones de pesos anuales.
“Si bien una baja de 3 puntos es buena, sería mucho mejor tener una rebaja en una canasta más reducida y básica del 50 por ciento. Esto la gente lo podría sentir perfectamente”, afirmó el presidente de la Cámara Argentina de Supermercados (CAS), Fabio Fabri, antes de que se conociera la decisión final del Gobierno de no concretar ninguna reducción.
Los supermercados y los fabricantes de alimentos, además, defendían su propuesta de rebaja más pronunciada con el argumento de que, al concentrarse en los productos de la canasta básica, beneficiaría a los sectores de menores recursos, que destinan la mayor parte de sus ingresos a la compra de alimentos y otros artículos de primera necesidad.
En forma casi paralela con el anuncio para rebajar la alícuota del IVA, anteayer se había conocido un relevamiento de precios realizado por la Subsecretaría de Defensa de la Competencia y el Consumidor que mostraba un alza del 1,4 por ciento en los precios de la canasta básica.
En un primer momento se había especulado con una eventual relación entre ambos hechos. Es decir, que ante una inminente rebaja impositiva algunas empresas habrían decidido tocar sus precios hacia arriba, de manera de quedarse con el beneficio de una reducción del IVA.
Sin embargo, en el mismo Gobierno aclararon que no se podía establecer una relación de causa-efecto entre ambos sucesos. De hecho, los aumentos de la últimas dos semanas se explican casi exclusivamente por los incrementos en los precios de algunas hortalizas como el tomate, la cebolla y el zapallo, que están afectados por factores estacionales y por la falta de lluvias (con importantes zonas de sequía). Si en la canasta que mide Defensa de la Competencia se excluyen los productos frescos, el aumento en lo que va de septiembre fue de sólo 0,4 por ciento.
“Con la excepción del aceite mezcla, que tuvo una suba del 2,7 por ciento, en el resto de los alimentos sólo hubo un aumento por razones estacionales, que incluso podría revertirse en la próxima semana según los últimos datos que nos adelantó el Mercado Central y que muestran bajas en los precios del tomate y la cebolla”, explicó Patricia Vaca Narvaja, subsecretaria de Defensa de la Competencia.
Para desestimar la teoría del complot empresario también hay que tener en cuenta que las hortalizas hoy están gravadas con una alícuota del IVA del 10,5 por ciento, así que no iban a verse beneficiadas por una eventual rebaja del 21 al 20 o al 18 por ciento en ese tributo.
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