EL GOBIERNO NACIONAL ENDURECE EL DISCURSO, PERO NO CAMBIA LA ESTRATEGIA
Pareció un cambio de estrategia. Pero no pasó de un endurecimiento en el discurso ante un conflicto sobre el que sigue sin acertar solución.
Después de una semana extenuante, el presidente Kirchner dio cuenta el viernes del alcance de la protesta piquetera, en las narices de la Casa Rosada. Cuestionó a sus principales dirigentes y apeló a jueces y fiscales para que garanticen la circulación en calles y puentes y libere la Ciudad de las presencia de piquetes. El pedido pareció desmesurado: no hay quien tenga autoridad en la Argentina sobre un tema tan sensible fuera de los límites del despacho presidencial.
El Presidente se debate entre los costos políticos de la inacción y el fantasma de un rebrote de violencia. Pero una vez más, desde allí no han salido otras instrucciones que no sea no responder a la provocación.
En declaraciones a una radio de la Ciudad, el ministro del Interior, Aníbal Fernández, sin embargo no descartó ayer la posibilidad de que se produzcan detenciones entre los líderes de las protestas alineados en partidos de la izquierda, a quienes el Gobierno responsabiliza de la última oleada de protestas.
“Nosotros pensamos que esos responsables tienen que hacerse cargo de lo que incitan o lo que provocan y no sería muy difícil poder determinar quiénes son”, dijo el ministro.
“Si no están dadas las condiciones para poder detenerlos en el ejercicio de la acción, no sería muy difícil hacerlo en el segundo o tercer días, sabiendo dónde están”, advirtió.
Las definiciones del ministro parecen responder a una demanda social más que a una decisión tomada.
La intensidad de la protesta callejera hizo distraer por un instante al Presidente de la campaña. No es casual: el empinamiento del reclamo de los piqueteros perturba los planes electorales del Gobierno en la Ciudad, un escenario que se prenuncia adverso para su candidato, el canciller Rafael Bielsa.
En esa dirección hay que leer el encuadramiento que ha hecho el Presidente el viernes y su ministro político, ayer, de la dirigencia piquetera, a quienes puso en el límite de la democracia.
El Gobierno advierte que no puede manejar el humor de la gente, pero sí al menos evitar que se traduzca en una sanción durante la elección de octubre. Y denuncia que por derecha y por izquierda están los principales beneficiados de la escalada.
“Lo del viernes —dijo Fernández— no es un grupo piquetero. Son grupos de izquierda que buscan provocar al Gobierno buscando la represión y encontrar eventualmente la víctima que justifique o le dé entidad a este tipo de discusiones por parte de la izquierda”.
Igual que Kirchner, quien dijo que los piqueteros eran “funcionales a la derecha”, Fernández criticó por “oportunistas a los grupos de derecha” que reclaman la detención de los piqueteros. Entre ellos mencionó a los candidatos Hilda Chiche Duhalde, Luis Patti y Mauricio Macri, quien en una entrevista con Clarín pidió “cárcel” para Luis D’Elía y Raúl Castells.
En este escenario, Bielsa aparece como principal perjudicado. El canciller revuelve semanas entre fórmulas para presentar una solución ante el electorado. Tampoco puede escapar de las tribulaciones de su jefe.
Ayer, ante una consulta de este diario, habló de la necesidad de “prevención”, una política que, hasta los últimos meses, parecía haberle dado respuestas al Gobierno. El canciller también se alineó con las definiciones del Presidente y pidió a los jueces y fiscales que “actúen de oficio”.
Tras una semana agotada, el debate interior de Kirchner quedó registrado en una respuesta de su ministro del Interior.
—¿El Gobierno no teme recibir en octubre una sanción de la sociedad? —le preguntó ayer un periodista a Fernández.
—Más sanción nos esperaría si hubiera represión —dijo.
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