EL GOBIERNO NO CONTEMPLA CAMBIOS IMPOSITIVOS EN 2006
Pese al creciente reclamo de los empresarios y a las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) y de los economistas, el Gobierno no introdujo modificaciones en el régimen impositivo en el proyecto de ley de presupuesto 2006, que ingresará en las próximas semanas al Congreso para su tratamiento. Ayer, el director de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), Alberto Abad, confirmó que hasta el momento “no se prevé ningún cambio en la estructura impositiva” del país.
Si bien Abad indicó, en declaraciones radiales, que “se trata de un anteproyecto del presupuesto para 2006 que deberá ser discutido por el Congreso”, los hombres de negocios parecen resignados a que el Gobierno no avanzará en la eliminación de los impuestos distorsivos, como el tributo a los créditos y débitos bancarios (conocido como impuesto al cheque) o las retenciones a las exportaciones. Tampoco se les permitirá a las empresas ajustar sus balances por inflación porque reduciría la recaudación de Ganancias, ni a los particulares ajustar por inflación el valor de sus bienes personales. Abad estimó que la recaudación crecerá el año próximo un 10%, hasta alcanzar los $ 116.000 millones.
La noticia de que se seguirá demorando la esperada reforma impositiva no fue bien recibida ni por el sector empresarial, que reclama desde hace tiempo estas medidas, ni por los tributaristas.
“Están cómodos [el Gobierno] con la recaudación actual, que es muy abundante, y no tienen ganas de sacar impuestos distorsivos, algo que se está pidiendo a gritos”, opinó el tributarista César Litvin, de Lisicki, Litvin & Asociados. Según señaló, la imposibilidad de que las compañías ajusten sus balances convierte al impuesto a las ganancias en un tributo “confiscatorio, porque grava ganancias contaminadas por la inflación”.
Actualmente la presión impositiva -la relación entre la recaudación tributaria y el PBI- está en su nivel más alto. El fuerte crecimiento económico, sumado a los ingresos por los impuestos distorsivos y una mayor percepción del riesgo para evadir, llevaron los ingresos al 22% del producto bruto interno, contra el 16% registrado una década atrás. Si se suman los impuestos provinciales, la presión asciende al 26%. Pero por la regresividad del sistema tributario, es en realidad del 40% para algunos contribuyentes, según un reciente informe del Centro de Implementación para las Políticas Públicas y el Crecimiento (Cippec).
“Reducción deseable”
Para Josué Fernández Escudero, director ejecutivo de la Asociación de Supermercados Unidos (ASU), “sería deseable” una disminución del IVA a los productos básicos de la canasta alimentaria y del impuesto al cheque, ya que reduciría los costos de producción y los precios que pagan los consumidores. No obstante, dijo que es el Gobierno el que convierte lo deseable en posible.
“El superávit es beneficioso hasta el límite en que no se traslada el beneficio y se mantiene como una reserva. Pero ésta es una decisión propia del Gobierno, que tendrá sus fundamentos”, consideró.
En tanto, Luciano Miguens, presidente de la Sociedad Rural Argentina, dijo que dentro del sector agropecuario existían pocas esperanzas de una rebaja impositiva. “El ministro Lavagna ya nos había dicho que no iba a quitar las retenciones y en las últimas conversaciones no ha dado ninguna señal contraria. El caso del impuesto al cheque es distinto, hay algún análisis por parte del Gobierno y generalmente Lavagna lo pone como distorsivo”, dijo. Miguens agregó que la reducción de este impuesto aumentaría la bancarización de la economía y reduciría la evasión.
La Asociación de Empresarios de la Argentina (AEA) también había pedido el mes pasado menos tributos. “Ante una circunstancia que posibilite una reducción”, sugirieron que se eliminaran los “gravámenes que desalientan la producción, obstaculizan las inversiones o debilitan el crecimiento del sector formal, como el impuesto al cheque”. Además, había señalado que para que aumenten las exportaciones se debería avanzar en la remoción gradual de factores distorsivos que dificultan esas ventas.
Según Daniel Artana, economista jefe de FIEL, la única forma de reducir la presión impositiva es limitando al aumento del gasto público. “De otra manera, no se pueden hacer maravillas”, dijo. Artana consideró además que la decisión de mantener el impuesto al cheque es una mala noticia. “Creo que el Gobierno no es realista, porque va a tener que ajustarlo y no se está haciendo del espacio para hacerlo”, afirmó.
La prioridad es generar ingresos
Los empresarios sostienen que la reducción de impuestos distorsivos reduciría la evasión.
Además, dicen que aumentaría la inversión y habría menos presiones inflacionarias.
Para el Gobierno, el único tributo distorsivo es el impuesto al cheque, que recortó en 2004.
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