EL GOBIERNO NO CREE QUE LA VIOLENCIA AFECTE LA CUMBRE
Con más de 7500 agentes de las fuerzas de seguridad desplegados por la ciudad desde la semana pasada, el Gobierno cree que le alcanzará para prevenir cualquier eventual acción de violencia extrema durante la Cumbre de las Américas, que empieza mañana aquí.
El presidente Néstor Kirchner imaginó esta reunión de máximo nivel político como una vidriera para mostrar al mundo la “normalización” de la Argentina. Pero en 48 horas, la revuelta en la estación de Haedo y el enfrentamiento sindical en Avellaneda redoblaron el celo por extremar los controles.
“El operativo es óptimo; todo funciona a la perfección”, dijo ayer el ministro del Interior, Aníbal Fernández, desdoblado entre la revisión del blindaje policial de Mar del Plata y la investigación de las grescas en el conurbano. Fernández salió ayer a caminar al sol por la renovada rambla de la ciudad. Insistió ante cada micrófono que le acercaron en desligar los casos de violencia con la cumbre.
Corre el reloj para la prueba de fuego: esta noche (después de que lo haga Kirchner) aterrizará en el aeropuerto local el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush. Las protestas contra su presencia en el país están programadas para mañana.
En el Gobierno deslizan que el incendio de un tren y de la estación de Haedo, anteayer, fue un sabotaje; una operación preparada para abrir un flanco de violencia horas antes del desafío que significa para el Presidente recibir a Bush y a otros 32 jefes de Estado.
En cambio, rechazan cualquier relación entre los sucesos de Haedo y los de Avellaneda. “Eso es mezclar chanchos con Fiat 600”, sintetizó el ministro del Interior.
Explicó que el conflicto gremial de ayer es un caso complicado y de larga data.
“No tiene nada que ver una cosa con la otra. Como tampoco eso tiene por qué ser relacionado con la cumbre”, dijo el ministro Fernández a LA NACIÓN.
Abundó en la explicación: “En Haedo había bombas molotov para prender los vagones, porque nadie quema un vagón con un fósforo Ranchera. También hubo tumberas (armas de fuego de fabricación casera). Fue un acto planificado para causar daño.”
Despuntaba la tarde de ayer y el ministro acababa de aprobar los detalles de la denuncia penal que el Gobierno anunció que presentaría luego contra dos sindicalistas y contra los líderes del grupo de ultraizquierda Quebracho, acusados de promover la revuelta de la estación. No obstante, los escritos denuncian los desmanes, pero no se los imputan a nadie en particular.
Por el boulevard Marítimo de Mar del Plata pasaban camiones de la Gendarmería, uno tras otro; se divisaban a lo lejos barcos de la Prefectura y de la Marina.
OPTIMISMO
El ministro Fernández, que habló más de una vez con Kirchner durante el día, se reunió con los responsables del comando unificado de seguridad de la cumbre, a cargo del comisario general Carlos Pardal.
Ante todo se mostró optimista respecto del objetivo primordial del esquema montado en la cuidad: prevenir atentados contra las delegaciones extranjeras.
Luego, repasó las órdenes presidenciales para las fuerzas cuando enfrenten las protestas.
La principal, impedir el paso de manifestantes dentro del anillo de seguridad definido en los alrededores de los hoteles donde estarán los presidentes. Pero también, agilizar la prevención de posibles desmanes en el centro de la ciudad.
Esperan que mañana algunos grupos piqueteros intenten chocar contra el vallado de la avenida Luro, lo más cerca que podrían llegar del hotel Hermitage, donde se encerrarán Bush, Kirchner y los demás presidentes para comenzar la ronda de debates de la cumbre, que finaliza el sábado.
La instrucción de la Casa Rosada es que en ese caso se actúe como en las últimas marchas piqueteras a la Plaza de Mayo: bloquear el avance de los manifestantes y evitar todo lo que se pueda la respuesta a agresiones.
Un primer cordón de seguridad está en manos de la Policía Federal. En segundo plano, Gendarmería. El control de las calles de la ciudad, fuera del área restringida, corresponde a la policía bonaerense.
Algunas fuentes del Gobierno sospechaban anoche que Quebracho podría intentar desdoblarse, para incitar a la violencia en Mar del Plata. Eso extrema la preocupación para distinguir a tiempo entre activistas violentos y manifestantes.
Las alarmas que se encendieron anteayer hicieron reforzar la atención en la Capital y en el conurbano.
Es por eso que se decidió que el jefe de la Policía Federal, comisario general Néstor Vallecca, suspendiera su viaje a Mar del Plata y se quedara en Buenos Aires para garantizar el funcionamiento de los servicios en la ciudad.
La empresa Metrovías garantizó ayer el servicio de subtes ante la amenaza de delegados gremiales que advirtieron que harán “retención de tareas” durante los días que durará la IV Cumbre de las Américas por temor a un atentado. “El servicio está garantizado y, por supuesto, también está garantizada la seguridad”, informaron los voceros de la empresa. En tanto, el delegado Oscar Arturo dijo que se realizarán paros desde las 5 de hoy.
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