EL GOBIERNO RATIFICA QUE LLEVARÁ EL SALARIO MÍNIMO A 510 PESOS
En cuanto se calme la polémica entre el ministro de Economía, Roberto Lavagna, y el camionero Hugo Moyano por los salarios, el Gobierno impulsará el aumento del mínimo a 510 pesos.
Una alta fuente de la Casa Rosada le aseguró ayer a Clarín que, una vez que se superen estas “turbulencias”, el Poder Ejecutivo convocará al Consejo del Salario para subir el sueldo mínimo, que hoy está en 450 pesos.
De hecho, la convocatoria ya estaba prevista para principios de abril pero tuvo que ser postergada a raíz de los fuertes cruces entre Lavagna y Moyano. De todos modos, el aumento será retroactivo al 1ø de abril.
En realidad, este aumento del salario mínimo no se debe a otra cosa que a la incorporación al sueldo de los 50 pesos no remunerativos dispuestos por Néstor Kirchner poco después de asumir. Y a 10 pesos más de los que se descontarán los aportes.
Resulta necesario aumentar el mínimo a 510 pesos para que el salario efectivo de bolsillo no baje de 600 pesos.
El Gobierno ya anunció a fines del año pasado que, a partir del 1ø de abril, los 50 pesos se convertirán en remunerativos. Esto es, que pasarán a integrar el salario para calcular el aguinaldo, las vacaciones y la jubilación. Pero como eso, paradójicamente, podría perjudicar a quienes menos ganan, se tomó la decisión de modificar el salario mínimo.
El tema es así: hoy, al menos en teoría, ningún trabajador debería ganar menos de 600 pesos. Los 450 pesos del mínimo, más 50 y 100 pesos de suma fija.
El mes que viene, si los 50 pesos no se sumaran al salario mínimo, los sueldos de algunos trabajadores podrían quedar en 550 pesos.
Sucede que hay gremios que tienen básicos de convenio de 389 pesos. Y como la ley les asegura un mínimo de 450 “por todo concepto”, perderían los 50 pesos y sólo recibirían de más los 100 pesos no remunerativos.
En cambio, si el sueldo mínimo pasa a 510, los mismos trabajadores cobrarán 610 pesos.
Es un tema complejo que parece demasiado sutil pero que puede tener incidencia en los bolsillos, sobre todo de los que menos ganan.
Lo mismo sucedería más adelante con la suma fija de 100 pesos. Si el Gobierno no consigue hacer un anuncio mejor, los convertiría en remunerativos poco antes de octubre para tratar de sacar algún rédito en las elecciones legislativas.
En el Gobierno aseguran que este tema no generará ninguna reacción negativa de Lavagna, que ya habría manifestado su consentimiento.
Al mismo tiempo, desde la Casa Rosada se continuará impulsando la discusión salarial en las convenciones colectivas.
En este caso, el ala política del Gobierno —entre ellos el ministro de Trabajo, Carlos Tomada— no coincide con la posición de Lavagna de que en las paritarias se tenga en cuenta sólo la productividad. Sostienen en cambio que la pérdida del poder adquisitivo de los salarios no puede estar ausente.
Con respecto a las negociaciones entre la CGT y la UIA, nadie cree que puedan prosperar en el corto plazo.
“En realidad, Lavagna se equivocó. Por evitar que se desate una carrera precios-salarios, salió a reinstalar un tema como la discusión entre sindicalistas e industriales que ya era un tema que estaba muerto”, le dijo a este diario un integrante del Gabinete nacional.
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