EL GOBIERNO RELAJÓ SU AUSTERIDAD FISCAL Y VUELVE A DISCUTIRSE SOBRE EL INDOMABLE GASTO PÚBLICO
De que el gasto público está subiendo no queda ninguna duda, y así estaba dispuesto en el presupuesto 2005, pero ahora los economistas de diversas corrientes discuten si su crecimiento es apropiado o está desbocado, si puede afectar la sustentabilidad fiscal en el largo plazo, cuando adelgacen las vacas gordas de estos tiempos, o si está incidiendo en el elevado índice de inflación. Como es habitual, los analistas no se ponen de acuerdo siquiera al calcular cuánto está gastándose de más, aunque coinciden en que el ritmo actual de incremento resultará insostenible en el futuro.
El banco de inversión JP Morgan calcula que el primer semestre del año finalizó con un aumento del gasto primario nacional (antes del pago de la deuda) del 21%. La recaudación tributaria, en cambio, subió el 18 por ciento.
El Estado nacional está obligado por la coparticipación y otras leyes especiales a transferir automáticamente un tercio de sus ingresos. Es decir, parte del aumento de las erogaciones fue inevitable y ascendería al 16%, según JP Morgan.
La discusión radica en cuánto se elevó el resto del gasto, el que depende de la decisión del Ejecutivo. JP Morgan advierte que los egresos, excluidas las transferencias automáticas a provincias, subieron el 26 por ciento.
“Para el corto plazo, el dato de que el gasto crece por encima de la recaudación genera una reducción, que era previsible, en el ahorro público y por ende una contribución al crecimiento, que contrasta con la política restrictiva que practicó la administración hasta fines de 2004”, opina el economista jefe de JP Morgan para América latina, Vladimir Werning. Desde Nueva York, este analista lamenta el cambio de conducta, desde el plan Feliz Navidad de aumento de remuneraciones, porque contribuye a la inflación.
Por el contrario, el presidente de la consultora Economía & Regiones, Rogelio Frigerio (nieto), opinó: “En términos generales, el gasto avanza en forma prudente”. El secretario de Programación Económica del gobierno de Carlos Menem estima que el gasto primario sin las transferencias automáticas a provincias creció el 21%, cinco puntos porcentuales menos que lo observado por JP Morgan.
En referencia al reciente aumento de sueldos para empleados públicos y miembros de las fuerzas de seguridad, Frigerio explicó que sólo impacta en el 10% del presupuesto nacional, aunque advierte que somete a las provincias a la presión de subirlos también, cuando para ellas más de la mitad de los egresos corresponde a los salarios. El economista principal del Centro de Investigación y Medición Económica (CIME) de la Universidad de San Martín, Enrique Dentice, coincide con que el gasto nacional está bajo control: “Sigue en línea con lo que se recauda y con el actual crecimiento, que es sostenible y sustentable. Podría subirse, pero está sosteniéndose por los próximos pagos de deuda”.
En agosto próximo, la Argentina deberá desembolsar US$ 2600 millones para abonar intereses y capital de su pasivo. Dado a que aún no se acordó un programa de refinanciación con el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Secretaría de Finanzas colocó en el mercado local deuda que duplica en costos a la contraída con aquel organismo.
En el último informe del CIME, se admite que los gastos corrientes (los que sostienen las funciones gubernamentales y excluyen las inversiones) aumentaron el 30% en el primer cuatrimestre del año. Son erogaciones más difíciles de ajustar que las de capital, como la obra pública, que es lo primero que se recorta en tiempos de crisis.
El Estudio Broda advierte que los ingresos totales (que abarcan no sólo la recaudación tributaria sino también ventas de bienes y servicios, rentas de propiedades, transferencias corrientes y recursos de capital) se elevaron en la primera mitad del año el 15,9%, a $ 61.270 millones. “El gasto primario está creciendo a un ritmo mayor”, advierte Broda. Subió un 21,1%, a $ 49.680 millones. Si se excluyen las transferencias automáticas a provincias, el incremento ascendió el 22,1%, a $ 35.798 millones. Los giros obligatorios por la coparticipación y otras leyes especiales se elevaron el 18,5%, a $ 13.882 millones.
A partir del análisis del gasto primario y el ingreso reales, es decir, los ajustados por la inflación, Broda concluye que “desde noviembre [último], el gasto real viene creciendo más que los ingresos reales”. Medidos así, entre noviembre y el mes pasado, los ingresos totales subieron sólo el 6,6% y los egresos, el 14,3%, por lo que Broda detecta una propensión a gastar el 175,2% de lo que aumentan las entradas. El año pasado, era el 65,8% porque los ingresos totales crecían el 30,3% y las erogaciones primarias, el 22,5 por ciento.
La consultora MVA se pregunta en un reciente informe si está gastándose de más y responde que hasta los primeros seis meses “no hay nada que haga pensar en un aumento del gasto que ponga en riesgo la sólida posición fiscal”. Su director, Manuel Sánchez Gómez, admite que se registra “un poco más de gasto, pero no un descontrol”.
El gasto primario nominal (no ajustado por la inflación) se elevó, según MVA, el 21,1%. Las transferencias automáticas aumentaron el 17,9% y el resto, el 22,6%, según la consultora dirigida por Sánchez Gómez. De todos modos, el analista concluye: “El track record (historial) de este gobierno muestra una política cautelosa en materia fiscal, decidiendo aumentos de gasto luego de que de los ingresos haya crecido”.
El 20% del aumento del gasto se explica, según MVA, por las transferencias no automáticas a las provincias. Eso incluye fondos para la construcción de viviendas, el Fondo de Incentivo Docente y planes sociales. El 12,7% se atribuye a transferencias al sector privado, sobre todo, la compra de fuel oil venezolano y los subsidios a las empresas de transporte.
El 12,2% del aumento del gasto se debe al pago de bienes y servicios, aunque en este caso influyó el desembolso por única vez de las comisiones para los bancos asesores en la reestructuración de la deuda. El 11,9% fue por el incremento de las jubilaciones y el 8,6%, por el de los salarios de empleados públicos. Por último, el 7,4% del alza responde a la inversión real directa, sobre todo de las obras de vialidad.
El Estudio Broda analiza el mimo fenómeno desde otro punto de vista: se pregunta cuánto aumentó cada partida y no en qué medida contribuyó al incremento general. Así es que las transferencias a provincias para obra pública fueron las que más subieron (67,9%), seguidas por las compras de bienes y servicios (61,5%). La inversión pública nacional ascendió el 53,8%: incluye rutas, viviendas y los fondos para la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (Cammesa).
Las transferencias a provincias para gasto social aumentaron el 29,4%. Las dirigidas al sector privado, el 18,1%. Se gastó un 14,7% más en salarios y un 11% más en jubilaciones.
Pero más allá de miradas coyunturales, Werning, de JP Morgan, señala que el aumento de las erogaciones tendrá un impacto en el futuro. “Para el mediano plazo, lo relevante es el dato de que el gasto crece a un ritmo mayor que el PBI”, observa Werning, que estima que el producto bruto interno nominal creció el 16% en el primer semestre..
De sostenerse el crecimiento de las erogaciones, el analista prevé una creciente carga de financiamiento para el Estado. Para enfrentarla, deberá mejorarse la lucha contra la evasión, aumentar las tasas impositivas, reducirse las reservas o elevarse del endeudamiento, según el economista de JP Morgan. Por eso, centra su atención en el comportamiento del gasto poselecciones para concluir si este aumento se sostendrá o si luego del ciclo electoral se volverá a una política más conservadora, como fue la que rigió hasta 2004.
Werning admite: “Hablar de contención del gasto en momentos de bonanza económica del país y del mundo, cuando no hay una crisis fiscal inminente y los mercados financieros compran cantidades crecientes de bonos de la Argentina, parece antipático, de mal gusto, una expresión de exagerado pesimismo”. Sin embargo, opina: “Existen varias razones para sumarse al llamado de prudencia fiscal que ha hecho el ministro de Economía, Roberto Lavagna”, en alusión implícita al rechazo del jefe del Palacio de Hacienda a inmediatos incrementos de todas las jubilaciones, como querían otros sectores del Gobierno.
Entre esos motivos, el economista de JP Morgan enumera los siguientes: 1) la prudencia provee un medio para después poder gastar, en vez de seguir la tradición argentina de ajustar, el día en que haya recesión; 2) la prioridad gubernamental de preservar un tipo de cambio competitivo enfrenta uno de sus desafíos en la política fiscal expansiva, como ya lo demostró la convertibilidad; 3) la reestructuración de la deuda mejoró, pero no aseguró la solvencia del país, y es necesario continuar con el desendeudamiento; 4) el colapso de la convertibilidad demostró que no se puede juzgar la holgura fiscal estrictamente a partir del superávit de caja del Tesoro porque éste no evita que el Gobierno siga acumulando deuda por la capitalización de intereses y la continua consolidación de pasivos actuales; y 5) la lucha contra la evasión impositiva parece haberse estancado.
Por Alejandro Rebossio
De la Redacción de LA NACION
Disenso de expertos
Manuel Sánchez Gómez
“Se nota un aumento del gasto, pero el historial de este gobierno muestra una política cautelosa en materia fiscal”
Vladimir Werning
“Lo relevante es analizar el comportamiento del gasto pos-elecciones para concluir si este aumento se sostendrá”
Rogelio Frigerio (nieto)
“En términos generales, el gasto avanza en forma prudente. El gasto primario, excluidas las transferencias automáticas a provincias, aumentó el 21%”
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