EL GRAN DESAFÍO.
Con la emoción fresca de haber ganado el partido más difícil de su vida, con los pelotazos duros de Mariano Zabaleta todavía marcados en su raqueta y con la vocación entera de hacer historia, Guillermo Coria afrontará hoy un desafío con el que empezó a soñar casi en el momento en que descubrió el tenis. Por los cuartos de final del Abierto de Francia, se topará con el estadounidense Andre Agassi, una oportunidad que conquistó ayer al terminar de vencer a Zabaleta por 6-4, 7-6 (7-4), 5-7, 6-7 (4-7) y 6-3, en el extraordinario duelo que habían suspendido un día antes y tras tres sets por falta de luz. Tendrá el cuerpo más cansado que otras veces, tras encadenar en dos jornadas el enfrentamiento más largo de esta edición de Roland Garros. Pero también tendrá un desafío que marcha entre lo mejor de su voluntad y de sus sueños.
Para quedar de cara a Agassi, quien fue el ídolo de su infancia, Coria luchó con tensión y con tenacidad ante un rival que lo exigió como nadie en los últimos tiempos y que no exageró al sostener que se iba del campeonato “con la frente alta porque dejé todo en la cancha”. Zabaleta, que había pasado de remontada en remontada en la parte del partido que se desarrolló el domingo, no cambió de actitud. De nuevo con su derecha profunda, quebró el saque del santafesino en el primer juego y mantuvo la ventaja hasta que, cuando se imponía 5-4, no pudo aprovechar un set point y el resultado se niveló. Enseguida, en un tiebreak en el que los nervios mandaron sobre el tenis, erró menos que Coria y se apropió del cuarto set.
El final abría tantas preguntas como expectativas. Nadie en las tribunas repletas que enmarcan la cancha Suzanne Lenglen aventuraba desenlaces. Ni Gabriela Sabatini, ni el capitán argentino de Copa Davis, Gustavo Luza, ni el futbolista Néstor Fabbri (“es la primera vez que vengo a Roland Garros, vine a ver a los argentinos”), convertido en espectador de un gran partido. Extraño: Coria resolvió el destino a su favor en un juego que perdió. Fue el cuarto de ese parcial: duró 24 puntos y 16 minutos. Zabaleta lo ganó, pero la exigencia fue tal que le costó lo que siguió.
“Estoy seguro de que Coria es uno de los dos o tres mejores jugadores del mundo en este momento. Y creo —expresó Zabaleta— que puede ganar Roland Garros. Yo bajé un poco después de ese game tan peleado y él siguió corriendo como si estuviera intacto, dándole a la pelota unos ángulos increíbles. Yo tiraba y tiraba y él llegaba y llegaba”. Tal cual. A pesar de algunas equivocaciones más que las habituales, hasta lógicas en un cruce tan espectacular como emocionante, Coria hizo más que lo suficiente en los juegos finales y se llevó la victoria en cuatro horas y 41 minutos. Le resultó muy duro pero exhibió por qué es el 7° jugador del ránking mundial: esconde todos los golpes en su encordado, expone una velocidad mental y física para el asombro y demostró su garra para perseverar aún cuando no controla el partido.
Ahora, en el tercer turno (aproximadamente a las 11 de Argentina, las 16 horas en París), lo esperará Agassi, quien podrá sentirse local en la misma cancha donde fue campeón en 1999 y subcampeón en 1990 y 1991, y en un torneo en el que ya competía cuando su rival de hoy tenía cinco años. “Necesitará estar muy tranquilo. Tiene que salir a hacer su juego, tratar de atacarlo y cambiar la velocidad de saque que tuvo contra Zabaleta”, analizó Alberto Mancini, actual entrenador de Coria y vencedor de Agassi en Roma en 1989. Y añadió: “Agassi tiene 33 años pero llega fresco porque tuvo un día más de descanso y, además, pasó fácil contra Flavio Saretta. Pero si Guillermo no se conforma y se repone bien físicamente, puede ganar”.
Coria cree eso mismo: que se sacará de encima el agotamiento de su partidazo con Zabaleta, que no sucumbirá a la dimensión enorme del tenista que se le parará enfrente y que, poniendo todo y más que todo, podrá ganar. Lo mueve y lo conmueve algo que no siempre está entre las manos. En Roland Garros, que es un templo del tenis, busca un día de gloria.
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