EL HACKER ESPAÑOL DETENIDO EN CARCARAÑÁ PIDIÓ SU EXTRADICIÓN
José Manuel García Rodríguez, el hacker español detenido en Carcarañá en julio de 2005, cambió de ánimo y de parecer. Ahora es él quien pide ser extraditado a su país. Así se lo hizo saber al juez Federal Carlos Vera Barros, quien debía definir los tres pedidos girados por el gobierno ibérico para devolver al cibernauta a Europa. El muchacho fue apresado a pedido de un juez español que lo investiga entendiendo que es el cabecilla de una banda que realizó delitos informáticos contra bancos del Viejo Continente por varios millones de euros. A partir de la solicitud del imputado, el trámite que estaba trabado parece encontrar vía libre. “La solicitud del muchacho estuvo fundamentada en la presión de sus padres para que regresara a España”, explicó una fuente tribunalicia. Y agregó: “El pibe está con tratamiento psicológico desde diciembre. Acá no tiene visitas y eso lo demolió mentalmente”.
Dicen que en la cara de José Manuel García Rodríguez hay otro semblante al que tenía a mediados del año pasado. Si bien sabe que lo que deberá afrontar será durísimo, estará en su tierra y allí podrá, por lo menos, recibir la visita de José y Ana Concepción, sus padres. En Carcarañá, donde fue capturado el 28 de julio pasado por los federales y donde residía desde hacía dos años, lo conocen como el Gordo España. Pero entre los ciber habitantes de la patria del hacker, todos lo conocen como Tasmania.
García Rodríguez ya tomó la decisión y será extraditado a España en los próximos días. Ahora, los mates en su celda tienen otro gusto, las partidas de truco son más atractivas y hasta quizás les dejé a sus compañeros de celda la Play Station con la que mata el tiempo tras las rejas.
Esperando el viaje
Durante la feria judicial, Tasmania presentó ante el juez Federal Vera Barros un pedido para ser extraditado, poniendo así punto final al proceso trabado desde que lo atraparan en la humilde vivienda que ocupaba en Carcarañá. “El pedido llamó la atención. Pero el muchacho habló con su abogado y siguió adelante con el requerimiento”, explicó el vocero judicial. Sobre él pesaban nueve pedidos de captura internacional y tres pedidos de extradición del gobierno español: por delitos informáticos -no codificados por la Justicia argentina-, por estafa simple y por daños.
Tras una audiencia en la que ya no hubo trabas procesales, ahora sólo faltan detalles técnicos para que Tasmania vuelva a Algeciras, su ciudad natal frente a Marruecos, y espere su juicio en alguna prisión que quede cerca de la casa de sus padres.
A Tasmania se lo acusa, en España, de realizar fraudes online contra bancos españoles. Su detención, pedida desde el juzgado de la 3ª Nominación de la localidad de Alcalá, trajo aparejado en un principio un debate sobre si la aprehensión del hacker violaba o no la seguridad argentina. Es que para atrapar al muchacho que vivía en Carcarañá desde 2003, un organismo extranjero -la Guardia Civil española- irrumpió sin autorización en territorio santafesino para realizar escuchas ilegales e interceptar la correspondencia de García Rodríguez.
Así, desde los primeros días de agosto de 2005, comenzó un debate entre el gobierno español y los defensores de García Rodríguez por la extradición del muchacho. La traba siempre estuvo en que, según el tratado vigente entre Argentina y España, el delito por el cual se reclama a un detenido debe ser contemplado en la legislación de ambos países. Y los delitos informáticos aún no están reglamentados en las leyes nacionales.
El joven español, que cumplió 24 años el pasado 6 de diciembre, rodeado de cuatro presos en la sede de la Policía Federal de calle 9 de Julio, fue detenido en el marco de la operación que el gobierno español denominó “Pampa-Tasmania”. La causa se abrió cuando la Guardia Civil detuvo en España a quince personas, entre ellos Adrián Alexander Picú, un rumano técnico superior en informática que incriminó a Tasmania como cabecilla de la banda. Los buscaban por hacer phishing, una técnica informática que permite, mediante engaños, apoderarse de claves de cuentas bancarias de víctimas elegidas al azar y luego transferir su dinero a otra cuenta ficticia. Así, según los investigadores españoles, ganaron millones de euros.
“El muchacho está muy deprimido y por eso iba a una psicóloga en el hospital Español”, comentó una fuente allegada al caso. “La presión de la familia fue determinante para que García Rodríguez hiciera el pedido de extradición”, explicó. Según aquellos que conocen la causa, el proceso de judicial para que Tasmania fuera enviado a España podría haber durado un año más. Y eso prolongaría la estadía del hacker por un tiempo indefinido en una cárcel rosarina.
“Me persiguen para dar un ejemplo”, dijo a La Capital García Rodríguez en una entrevista concedida en agosto pasado. “Dicen que me dedicaba a duplicar páginas web (phishing) para despistar a los usuarios, obtener sus cuentas bancarias y estafarlos. Es asombroso. No hacemos daño al patrimonio o a la seguridad de nadie. Cuando descubríamos un error sugeríamos formas de subsanarlo. Eso es lo que molesta. No sólo porque uno descubre errores sino porque los comparte con un montón de gente. A la gente le marcan un camino y van como borreguitos por allí. Nosotros tenemos un conocimiento más amplio y no nos gusta que nos digan por donde ir. Si hacemos un estudio y encontramos un fallo lo publicamos”, dijo en aquella oportunidad.
Ahora la extradición está en marcha y sólo resta que las cancillerías de los dos países ajusten fecha y hora de la partida del hacker rumbo a la península Ibérica, donde Tasmania enfrentará cargos por los que, según su primer abogado, podría pasar hasta 40 años en prisión.
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